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Lección 13 | LA LEY Y LA GRACIA | Martes 25 de marzo

Lección 13 | Martes 25 de marzo

LA LEY Y LA GRACIA

Como hemos visto, la Ley y la gracia no se oponen entre sí. Por el contrario, cumplen funciones diferentes de acuerdo con el amor y la justicia de Dios. Un fuerte contraste entre la Ley y la gracia habría desconcertado a los antiguos israelitas, que veían en la entrega de la Ley por parte de Dios una gran muestra de su gracia. Mientras que los «dioses» de las naciones circundantes eran volubles, totalmente impredecibles y no comunicaban a sus adoradores qué deseaban o cómo complacerlos, el Dios de la Biblia instruye muy claramente a su pueblo acerca de lo que le agrada: lo que es para el bien de todo su pueblo, individual y colectivamente.

Sin embargo, la Ley no puede salvarnos del pecado ni transformar los corazones humanos. Como consecuencia de nuestra pecaminosidad innata, necesitamos un nuevo corazón, un trasplante espiritual.

Lee Jeremías 31: 31 al 34. ¿Qué nos enseña este texto acerca de la promesa divina de darnos un corazón nuevo? Compara esto con lo dicho por Cristo a Nicodemo en Juan 3: 1 al 21 acerca del nuevo nacimiento. Ver también Hebreos 8: 10.

Jer 31:31  He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto(D) con la casa de Israel y con la casa de Judá. 

Jer 31:32  No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. 

Jer 31:33  Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 

Jer 31:34  Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

Jua 3:1   Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. 

Jua 3:2  Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. 

Jua 3:3  Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 

Jua 3:4  Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 

Jua 3:5  Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 

Jua 3:6  Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,[a] espíritu es. 

Jua 3:7  No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 

Jua 3:8  El viento[b] sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. 

Heb 8:10  Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel 

 Después de aquellos días, dice el Señor: 

 Pondré mis leyes en la mente de ellos, 

 Y sobre su corazón las escribiré; 

 Y seré a ellos por Dios, 

 Y ellos me serán a mí por pueblo;  

Los Diez Mandamientos fueron escritos por Dios mismo en tablas de piedra (Éxo. 31: 18), pero la Ley también debía estar escrita en los corazones de su pueblo (Sal. 37: 30, 31). La Ley de amor de Dios no debería ser algo externo a nosotros, sino algo inscrito en nuestro carácter. Solo Dios podía inscribir su Ley en los corazones humanos, y prometió hacerlo en favor del pueblo de su Pacto (ver Heb. 8: 10).

No podemos salvarnos por cumplir la Ley. En cambio, nos salvamos por gracia mediante la fe, no por nosotros mismos, sino como un don de Dios (Efe. 2:8). No guardamos la Ley para ser salvos, sino porque ya lo somos. No guardamos la Ley para ser amados, sino porque somos amados, y por eso deseamos amar a Dios y a los demás (compara con Juan 14: 15).

Al mismo tiempo, la Ley nos muestra nuestro pecado (Sant. 1: 22-25; Rom. 3: 20; 7: 7) y nuestra necesidad de un Redentor (Gál. 3: 22-24); nos guía por los mejores caminos de la vida y revela el carácter de amor de Dios.

¿Dónde radica tu esperanza respecto del Juicio? ¿En tu diligente y fiel cumplimiento de la Ley o en la justicia de Cristo, que te cubre? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de la función de la Ley de Dios, acerca de lo que ella puede hacer y de lo que no es posible para ella?

 

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