Lección 1: OPRESIÓN: EL TRASFONDO Y EL NACIMIENTO DE MOISÉS | El Éxodo: Viaje a la tierra prometida | Libro complementario
OPRESIÓN: EL TRASFONDO Y EL NACIMIENTO DE MOISÉS
Texto bíblico para el estudio: Éxodo 1:1 - 22 Éxodo 2:1 - 25
El Dios vivo de la Biblia es el de la historia y se nos revela dentro de las coordenadas humanas del tiempo y el espacio. Él está por encima de todas nuestras categorías, pero entra en la esfera de nuestra existencia para comunicarse con nosotros. Él busca a cada individuo, construye relaciones con la humanidad y establece un pacto de amor y paz con quienes desean seguirlo y se convierten así en su pueblo, en aquellos que lo aceptan como su Dios.
Dios está cerca de nosotros, aunque a menudo parezca que está lejos y que no le importan nuestros problemas (Hech. 17:27, 28). Es cierto que el momento en que nos ayuda y la forma en que interviene suelen diferir de nuestras expectativas. Dios ve el panorama completo y ofrece una solución duradera desde una perspectiva de la que a menudo carecemos.
De acuerdo con la Biblia, el tiempo transcurre de manera lineal, no cíclica, y transcurre desde un acontecimiento crucial hacia otro, desde la perfecta creación de Dios (Gén. 1 y 2) hasta la reversión de ella como consecuencia de la caída en el pecado (Gén. 3), el diluvio bíblico (Gén. 6 y 7), la restauración de la creación y la vida tras esa catástrofe global (Gén. 8 y 9) y la nueva creación final caracterizada por una existencia plena sin la presencia del mal (Apoc. 21). Entre la creación y la recreación escatológica final se encuentra el plan divino de la redención, que infunde esperanza porque él tiene el futuro en sus manos. Este plan tiene un doble propósito. En primer lugar, restaurarnos espiritualmente, y, en segundo lugar, restaurarnos también físicamente. Por eso, el clímax de la historia humana es la gloriosa segunda venida de Jesús. Entonces él establecerá su reino eterno, donde no habrá más cementerios (muerte), hospitales (enfermedad, dolor, sufrimiento) ni prisiones (violencia, explotación, opresión, maltrato) y donde solo reinarán el amor, la paz, la verdad, el trabajo creativo, las relaciones significativas, la seguridad, la justicia y la felicidad (Apoc. 21:4). El Éxodo bíblico es una nueva creación del pueblo de Dios para hacer de él un grupo especial de fieles que se encaminan a la Tierra Prometida y son una luz para el mundo.
LA XVIII DINASTÍA EGIPCIA Y EL LIBRO DE ÉXODO
La correlación entre la narración bíblica de Éxodo y la historia secular constituye un desafío, pues Moisés no menciona los nombres de los diferentes faraones protagonistas de los acontecimientos narrados ni las fechas de los eventos que describe. Un paso crucial es determinar la fecha del Éxodo. De acuerdo con las mejores evidencias disponibles, se puede concluir que el éxodo tuvo lugar en la primavera del año 1450 a. C., cuando el pueblo de Dios celebraba la Pascua.1 Si se utiliza esta fecha como punto de partida, se puede concluir que Moisés nació en el año 1530 a. C., ya que tenía ochenta años en el momento de la liberación del pueblo hebreo (Éxo. 2:1-4; 7:7; Hech. 7:23, 30). Aarón, el hermano de Moisés, habría nacido, entonces, en el año 1533 a. C. pues era tres años mayor que él (Éxo. 7:7).
El año del Éxodo puede establecerse a partir de las siguientes evidencias bíblicas: (1) Éxodo 12:40-42 dice que los israelitas permanecieron 430 años en Egipto (ver también Gálatas 3:16,17). (2) Hechos 7:6 habla de 400 años de opresión en Egipto (comparar con Génesis 15:13). (3) 1 Reyes 6:1 dice que Salomón comenzó a construir el templo de Jerusalén 480 años después de que los israelitas salieron de Egipto, es decir, hacia el 970 a. C., incluidos sus cuatro años de corregencia con David. (4) Jueces 11:26 afirma que Israel ocupó el territorio de Hesbón y sus alrededores durante 300 años.2
En la síntesis que aparece a continuación mencionaremos datos bíblicos clave e incluiremos referencias bíblicas que señalan a los distintos faraones de Egipto. Basándonos en nuestros mejores conocimientos disponibles, identificaremos las figuras históricas más plausibles y añadiremos una breve descripción. Recordemos que la datación de los reinados de los faraones representa un desafío debido a las discrepancias entre las distintas escuelas de interpretación. Tampoco debemos olvidar que hubo corregencias, durante las cuales dos faraones gobernaron juntos durante algún tiempo.
1. Amosis (1580-1546 a. C.), el rey "que no conocía a José" (Éxo. 1:8). Este faraón derrotó a los hicsos, que eran de origen semítico, e inició la XVIII dinastía en Egipto. Temía que los hebreos, como nación numerosa y fuerte, lucharan contra los egipcios en caso de una invasión enemiga y luego abandonaran el país (Éxo. 1:10). Los israelitas eran una mano de obra económicamente importante para los egipcios.
2. Amenhotep I (1553-1532 a. C.), el faraón de la opresión (Éxo. 1:11-14). Este es el rey que impuso trabajos pesados al pueblo de Israel, puso capataces crueles sobre ellos y los trató despiadadamente.
3. Tutmosis I (1532-1508 a. C.), el faraón del decreto de muerte (Éxo. 1:22). Este faraón ordenó que todo niño hebreo fuera ahogado en el río Nilo para limitar por la fuerza el crecimiento demográfico de los israelitas y la expansión de estos.
4. Hatshepsut (1504-1482 a. C.), la hija del faraón que encontró a Moisés, le puso nombre (Éxo. 2:5, 6) y fue su madre adoptiva. Fue hija de Tutmosis I y corregente con Tutmosis II (1508-1504 a. C.). Reinó luego junto con su sobrino Tutmosis III (1504-1450 a. C.) como faraona. Hatshepsut era tan odiada por su sucesor Tutmosis III, que éste intentó hacerla desaparecer de los registros históricos borrando el nombre de ella de muchas inscripciones y monumentos, además de desfigurar su imagen en numerosas estatuas.
La declaración: "Después de muchos días, el rey de Egipto murió" (Éxo. 2:23) se refiere probablemente a Hatshepsut, quien murió en el año 1482 a. C. mientras Moisés estaba en Madián, por lo que no se volvieron a ver después de que Moisés huyó de Egipto.
5. Tutmosis III (1504-1450 a. C.), el faraón del Éxodo (Éxo. 5-15), murió en el Mar Rojo, lo cual no se dice explícitamente en Éxodo, pero se especifica en Salmos 136:15 (c/. Sal. 106:11). Su corregente fue su hijo Amenhotep II (1453-1425 a. C.),3 quien no era su primogénito (Amenemhat, el primogénito de Tutmosis III, murió antes, a mediados de su reinado).4 Tutmosis III es considerado por los historiadores como uno de los faraones más exitosos de todos los tiempos. Hábil guerrero, hizo de Egipto un país poderoso, próspero, rico y temible. Dirigió 16 campañas militares victoriosas en Palestina, Siria y Nubia. Estableció la llamada "paz egipcia" y se lo conoce como "el Napoleón del Antiguo Egipto".
6. El hijo mayor del faraón que murió en la décima plaga (Éxo. 12:29, 30) era hijo de Amenhotep II (1453-1425 a. C.). Este hijo, cuyo nombre desconocemos, "falleció en la infancia sin que haya quedado registro de ello".5 Amenhotep II reinó con su padre durante dos años y cuatro meses,6 y no estuvo con él durante el Éxodo, sino muy probablemente en una campaña militar en la región de Siria y Palestina.7 Tutmosis IV (1425-1412 a. C.), quien sucedió a su padre en el trono, no era su primogénito, como atestigua la Estela de la Esfinge.8 Por lo tanto, la información histórica disponible está en armonía con el relato bíblico.
El libro de Éxodo comienza con una paradoja. Dios bendijo a los israelitas y se multiplicaron enormemente. Pero su prosperidad provocó grandes celos en la nueva dinastía de faraones, por lo que poco a poco los esclavizaron. Con José, los israelitas experimentaron un éxito sobresaliente. Sin embargo, el nuevo faraón, motivado por el temor, sometió a los hebreos a trabajos forzados. Sorprendentemente, los egipcios no reconocen al Dios de Israel en los dos primeros capítulos. En estos, Dios no es mencionado en la historia de opresión, excepto por el incidente de las dos parteras que reverenciaron a Dios en medio de una inmensa presión, por lo que él las bendijo (Éxo. 1:17, 20, 21), y el clamor de los israelitas a Dios pidiéndole ayuda (Éxo. 2:23-25).
Es sumamente significativo que el libro de Éxodo no consigna el nombre de ninguno de los faraones protagonistas de la historia, quienes se creen dioses y ostentan su poder. La gente los admira, obedece y sirve, pero no son nadie a los ojos de Dios. En consecuencia, desaparecen en el anonimato y caen en el olvido. A diferencia de ello, las dos parteras que obedecieron fielmente a Dios y no destruyeron la preciosa vida, son mencionadas por su nombre: Sifra y Fúa (Éxo. 1:15). Dios las reconoce y valora su confianza en él y su valentía. Sus vidas quedan inmortalizadas y todo el mundo conocerá sus nombres para siempre.
El libro de Apocalipsis afirma que Dios conoce nuestros nombres, dónde vivimos y qué hacemos. Él lo ve todo y comprende nuestras alegrías, penas, luchas, adicciones y temores (Apoc. 2:2, 9,13, rg; 3a, 8,15). Sin embargo, él dará a los fieles un nuevo nombre que se ajustará a nuestra experiencia personal con él y nuestro carácter (Apoc. 2:17; 3:5,12). Nuestro Creador y Redentor no nos olvida. ¡Somos suyos para siempre!
Es de suma importancia observar que el libro de Éxodo concluye destacando la presencia plena de Dios. Él está con su pueblo. Su presencia es tangible. Su gloria llena el Tabernáculo. La tensión entre la primera parte del libro, donde Dios parece ausente, y la última, donde la atención se centra en la presencia de Dios en el Santuario, en medio de su pueblo, es enorme. El contraste es intencional; la oposición al pueblo de Dios es colosal, ¡pero el Señor triunfa!
EL NACIMIENTO DE MOISÉS Y SUS PRIMEROS 40 AÑOS
El relato acerca del nacimiento de Moisés está entre los más extraordinarios y milagrosos, entre los que más estimulan nuestra imaginación. En esta historia, la- providencia de Dios desempeña un papel crucial y encamina todo de manera asombrosa. Puesto que los padres de Moisés temían a Dios, desobedecieron la orden del Faraón e hicieron todo lo posible para asegurarse de que su bebé viviera, colocándolo en una cesta en el río Nilo. Mientras la hija del faraón se bañaba, encontró a este hermoso niño y lo adoptó como hijo. Durante los primeros doce años de Moisés, su madre tuvo la oportunidad de instruirlo acerca del Dios de Israel, de Abraham, de Isaac y de Jacob.9 Dios sabía que Moisés necesitaría una educación superior, por lo que también fue expuesto a la mejor formación cívica y militar.
Los primeros cuarenta años de Moisés se resumen en unos pocos versículos. Poco sabemos de estos años. Lo que se destaca es el comienzo y el final de ese primer período de cuatro décadas. Al principio, la protección milagrosa de su vida por parte de Dios; al final, su intento de ser juez y libertador de los israelitas, que acabó en un asesinato, en disputas y con su huida a Madián. El texto bíblico enfatiza que el sacerdote madianita Reuel lo aceptó en su familia y se casó con Séfora, una de sus hijas. De esa unión nació Gersón. Dios no abandonó a Moisés cuando se equivocó. Ni siquiera cuando se convirtió en un asesino en su celo por la justicia, pero el futuro líder necesitaba una transformación.
Moisés tomó la decisión correcta de quedarse con el pueblo de Dios y no codició el poder, la posición o la gloria. No deseaba (9 Elena de White, Patriarcas y profetas (Florida: ACES, 2008), p. 249.) ser faraón ni sentarse en el trono de Egipto. En cambio, eligió identificarse con los hebreos y su causa. Pablo declara que la fe decidida de Moisés lo llevó a fijar sus ojos en el Señor. El futuro líder aprendió de su familia, especialmente de su madre, acerca de su gran, amoroso y bondadoso Señor: "Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque lo vieron hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, y eligió antes ser maltratado con el pueblo de Dios que gozar de los deleites temporales del pecado; y consideró que el vituperio de Cristo es mayor riqueza que los tesoros egipcios, porque miraba al galardón. Por la fe dejó Egipto sin temerla ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible" (Heb. 11:23-27).
Puesto que Moisés respetaba a Dios, no sintió temor del faraón ni se inclinó ante él. Se mantuvo firme porque cultivó una relación con el Señor invisible. Necesitaba crecer en ella, así que Dios le concedió otros cuarenta años para que se entregara a la transformadora conducción divina y lo acogió en su escuela. Por medio de la fe, Moisés vio al Invisible. Esta paradoja de la vida fue posible porque aprendió a confiar en Dios.
Nuestro Dios puede hacer algo en nosotros, por nosotros y por medio de nosotros cuando no tomamos las cosas en nuestras manos. Cuando confiamos en Dios y nos entregamos a su cuidado, él puede transformarnos y utilizarnos según su propósito (Sal. 37:3-5). Moisés necesitó desaprender muchas cosas y aprender a caminar con su Dios para estar en condiciones de ser su siervo, lo cual es el rasgo dominante que caracteriza a Moisés en las Sagradas Escrituras y la forma como llegó a verse (por ejemplo, ver Éxo. 4:10; 14:31; Deut. 3:24; 34:5; Jos. r:i, 2,7,13, 15; 4:14; 8:31, 33). Los cristianos deben experimentar esa misma transformación para reflejar la imagen de Dios, lo cual solo es posible contemplando la gloria de Cristo (Rom. 12:1,2; 2 Cor. 3:18).
Desde el punto de vista literario, es importante observar que este relato acerca de Moisés se entrelaza con la narración de la opresión, el duro trabajo, el decreto de muerte (Éxo.1:8-22) y el clamor de los israelitas al Señor en busca de ayuda (Éxo. 2:23). "Dios oyó su gemido, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los israelitas y reconoció su condición" (vers. 24, 25). En consecuencia, el Señor llamó a Moisés para que fuera su siervo y liberara a Israel de Egipto, de la tierra de la opresión. Moisés se convertiría en el instrumento de Dios y en su mensajero para librar a los israelitas. Sería el libertador de Dios, pero antes debía aprender más acerca del Señor y desaprender muchas cosas a las que estuvo expuesto durante décadas en el palacio egipcio. Entonces estaría listo para la tarea especial de liderazgo que Dios tenía para él.
1 ' "Chile mine rescue of 2010", Britannica Encyclopedia, disponible en: britannica. com/event/Chile-mine-rescue-of-2010. ' William H. Shea, "Exodus, Date of the", The International Standard Bible Encyclopedia, ed. Geoffrey W. Bromiley et al. (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1982), t. 2, pp. 230-238.
2 Para más detalles, ver "La cronología en el registro bíblico" en Comentario bíblico adventista del séptimo día (Florida: ACES, 1992), 1.1, pp. 193-207.
3 Donald B. Redford, "The Coregency of Tuthmosis III and Amenophis II", Journal of Egyptian Archaeology 31 (1965), pp. 107-122.
4 Ver Peter Der Manuelian, "The End of the Reign and the Accession of Amenhotep II", en Thutmose III: A New Biography, ed. Eric H. Cline y David O'Connor (Ann Arbor, MI: University of Michigan Press, 2006), p. 415.
5 Redford, "Coregency of Tuthmosis III", p. 114.
6 Der Manuelian, "End of the Reign", pp. 420-422.
7 Der Manuelian, "End of the Reign", p. 422; Shea, "Exodus, Date of the", p. 235.
8 Redford, "Coregency of Tuthmosis III", p. 115.

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