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Lección 5 124 PASAR LA ANTORCHA | Miércoles 30 de julio

 

Miércoles 30 de julio | Lección 5

PASAR LA ANTORCHA

El salmista declara cómo pueden nuestros hijos conocer a Dios y su amoroso cuidado: “Una generación exaltará tus obras ante la otra y anunciará tus portentos” (Sal. 145:4). Una familia debe hablar a otra familia acerca de Dios, de sus maravillosas obras y de sus enseñanzas, todo ello con el fin de transmitir el conocimiento bíblico a otra generación.

Lee Éxodo 12:24 al 28. ¿Qué punto importante se planteó aquí?

Éxo 12:24  Observad todo esto como ley perpetua para vosotros y para vuestros hijos.

Éxo 12:25  Cuando entréis en la tierra que Yahvé os dará, como prometió, observaréis este rito.

Éxo 12:26  Y cuando vuestros hijos os pregunten: "¿Qué significa este rito para vosotros?",

Éxo 12:27  responderéis: "Es el sacrificio de la Pascua de Yahvé, que pasó de largo por las casas de los israelitas en Egipto hiriendo a los egipcios y preservando nuestras casas."" Entonces el pueblo se inclinó y se postró.

Éxo 12:28  Los israelitas fueron e hicieron como Yahvé había mandado a Moisés y a Aarón; así lo hicieron.

Los padres eran los primeros maestros en Israel y debían contar la historia del éxodo a sus hijos. No debían hacerlo como si se tratara de un mero acontecimiento histórico pasado, sino que debía presentárseles como su propia experiencia, aunque hubiera ocurrido mucho tiempo antes. Debían identificarse con sus antepasados al celebrar esta fiesta, y la historia debía ser revivida y actualizada. El padre decía: “Estuve en Egipto, vi la derrota de los dioses egipcios y las plagas sobre Egipto, y fui liberado”. El libro de Éxodo subraya dos veces cómo debían los padres responder las preguntas de sus hijos acerca de la Pascua (ver Éxo. 13:14-16; Deut. 26:5-9).

Es digno de notar que los israelitas estaban aún en Egipto cuando se les dijo que celebraran su liberación. Toda la celebración fue, pues, un acto de fe. Tras recibir las instrucciones, “el pueblo se inclinó y adoró” (Éxo. 12:27) a su Redentor, y luego siguieron las indicaciones acerca de la Pascua.

En el libro del Deuteronomio se recuerda a los israelitas que debían contar su historia de tal manera que pudieran internalizarla como si se hubiera tratado de su propio viaje. Nótese el tono colectivo de este relato, así como el énfasis en la experiencia presente: “Entonces dirás ante el Señor tu Dios: ‘Un arameo a punto de perecer fue mi padre. Descendió a Egipto con pocos hombres; habitó allí, y llegó a ser un pueblo grande y numeroso. Los egipcios nos maltrataron, nos afligieron y nos sometieron a dura servidumbre; clamamos al Señor Dios de nuestros padres, y él oyó nuestra voz, vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión, y nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con grandes portentos, señales y milagros, y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra que mana leche y miel’ ” (Deut. 26:5-9).

Además, cada vez que refirieran la historia de la Pascua (o cualquier acontecimiento de la historia sagrada) a sus hijos, los padres mismos recordarían lo que Dios había hecho por ellos y por el pueblo. Rememorar la Pascua era, pues, una bendición tanto para quien lo hacía a viva voz como para los oyentes.

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