Lección 5 | Jueves 31 de julio
EL JUICIO DIVINO
Lee Éxodo 12:29 y 30 acerca de cómo hirió Dios a los primogénitos
en Egipto. ¿Por qué se centró Dios en los primogénitos? (Ver también Heb.
11:28).
Éxo 12:29 A media noche,
Yahvé hirió a todos los primogénitos del país de Egipto, desde el primogénito
del faraón, que se sienta en el trono, hasta el primogénito del preso, que está
en la cárcel, y todos los primogénitos de los animales.
Éxo 12:30 Aquella noche se
levantó el faraón, sus servidores y todos los egipcios, y hubo grandes alaridos
en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto.
La última plaga en Egipto cayó sobre los primogénitos. Fue un juicio
divino sobre todos los dioses de Egipto y sobre todas las familias que adoraban
a estos dioses falsos, ídolos sin valor que reflejaban las propias pasiones,
deseos y temores de la gente.
Como habían demostrado las plagas anteriores, estos ídolos eran incapaces
de salvar al pueblo. Su inutilidad era aún más evidente ahora, durante la
décima plaga, la que produjo las mayores consecuencias para los egipcios.
“A través del vasto reino de Egipto, el orgullo de toda casa había sido
humillado. Los gritos y los gemidos de los dolientes llenaban los aires. El rey
y los cortesanos, con rostros pálidos y miembros trémulos, estaban aterrados
por el horror prevaleciente” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 285).
El faraón representaba el poder supremo y el dios de Egipto, y su hijo
primogénito era considerado hijo de un dios. Isis era una diosa protectora de
los niños; Heket era una diosa que asistía a las mujeres durante el parto, y
Min era un dios de la reproducción. Además de estos, había varios dioses
egipcios de la fertilidad. Todas estas deidades eran impotentes en comparación
con el Señor vivo. Moisés dice: “¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en prodigios, autor de
maravillas?” (Éxo. 15:11).
Jetro dio luego el siguiente testimonio: “Ahora reconozco que el Señor es
grande más que todos los dioses, porque prevaleció contra los que se
ensoberbecieron contra ellos” (Éxo. 18:11).
Según Éxodo 1, los egipcios habían matado a los hijos recién nacidos de Israel
por orden del faraón para debilitar a los israelitas, someterlos y humillarlos.
Ahora, el castigo de Dios golpea a los primogénitos de Egipto. Lo que se siembra,
se cosecha.
Nuestras decisiones y acciones equivocadas tienen consecuencias que no solo
nosotros padecemos, sino que también afectan a otros, a veces muchos e inocentes.
Tal es la naturaleza del pecado.
¿En qué formas has sufrido a causa de los pecados ajenos?
¿De qué maneras otros han sufrido a causa de tus faltas? ¿Cuál es nuestra única
esperanza?

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