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Lección 2: RAZONES PARA AGRADECER Y ORAR | Uniendo el cielo y la tierra: Cristo en Filipenses y Colosenses | Sección maestros

 

Lección 2:

RAZONES PARA AGRADECER Y ORAR

RESEÑA

Texto clave: Filipenses 1:6

Enfoque del estudio: Fil. 1:1–18; Efe. 5:18–21; Col. 1:4–8.

El autor D. A. Carson indaga acerca de cuál es actualmente la mayor necesidad de la iglesia cristiana y plantea diferentes respuestas posibles para ese interrogante. Carson enumera áreas como la pureza sexual, la integridad financiera, la generosidad, la evangelización, la creación de nuevas congregaciones, el pensamiento bíblico y la experiencia del culto corporativo. Su conclusión es la siguiente: “En cierto sentido, estas necesidades urgentes no son más que síntomas de una carencia mucho más grave. Lo que necesitamos con más urgencia en la cristiandad occidental es un conocimiento más profundo de Dios. Necesitamos conocerlo mejor. [...] Uno de los pasos fundamentales para conocer a Dios, y una de las demostraciones básicas de que lo conocemos, es la oración espiritual, persistente y bíblica” (D. A. Carson, A Call to Spiritual Reformation: Priorities from Paul and His Prayers [Baker Books, 1992], pp. 15, 16).

Pablo subrayaba constantemente prácticas y actitudes cristianas como la oración y la gratitud. La acción de gracias era también un elemento crucial de sus oraciones e incluso una sección típica de sus cartas. No solo expresaba constantemente su gratitud a Dios como parte de sus oraciones, sino también animaba a su audiencia a hacer lo mismo (Col. 3:17; 1 Tes. 5:18). Para él, la gratitud era el fruto de la obra de Dios en el corazón (Fil. 1:6, 10, 11).

La lección de esta semana subraya dos temas principales:

§  La gratitud y la oración están tan intrínsecamente relacionadas como las dos caras de una moneda.

§  La gratitud y la oración sirven, entre otras cosas, como manifestaciones tangibles de la obra de Dios en nosotros.

COMENTARIO

Ilustración

El psicólogo Robert A. Emmons cita un hermoso pensamiento de Meister Eckhart: “Si la única oración que pronunciaras en tu vida fuera ‘gracias’, sería suficiente”. En este contexto, Emmons comparte la historia de una mujer con secuelas de la poliomielitis que ilustra maravillosamente la relación entre la gratitud a Dios como parte de la oración y una vida con sentido. Ella escribió a Emmons la siguiente carta:

“Una de mis experiencias más profundas de agradecimiento llegó con el nacimiento de mi primer hijo. Durante años me había preguntado si Dios me concedería la bendición de ser madre y, en ese caso, si podría cuidarlos con un solo brazo. Cuando nació mi hija, todo el personal de enfermería mostró desconfianza en mi capacidad. Sin embargo, me di cuenta de que Dios había decidido bendecirme con una hija y me daría la capacidad para cuidarla. Como Dios no había decidido librarme de la poliomielitis, sabía que tener un bebé no era algo seguro. Por eso, cuando mi hija nació, alabé a Dios por permitirnos a mi esposo y a mí compartir la alegría de convertir a un nuevo ser humano en una bendición para Dios [...] ¿Qué mayor propósito para mi vida que acompañar a otro ser humano en su desarrollo? Esa alegría era el motivo de mi gratitud, la alegría del sentido y el propósito de mi vida”.

Más adelante, Emmons afirma: “Existen claras evidencias de que cultivar la gratitud, tanto en nuestra vida como en nuestra actitud ante ella, nos hace personas más felices y saludables” (Robert A. Emmons, *Thanks! How the New Science of Gratitude Can Make You Happier* [Houghton Mifflin, 2007], pp. 90, 110, 185).

La gratitud y la oración están intrínsecamente unidas

Una característica habitual de las cartas de Pablo es la sección dedicada a la acción de gracias, que funciona esencialmente como una plegaria. Esto es ilustrado en el siguiente cuadro:

Del cuadro pueden extraerse tres observaciones fundamentales. En primer lugar, para Pablo dar gracias era parte de la oración; entrelaza sistemáticamente la acción de gracias con la oración. En segundo lugar, incluso cuando la sección de acción de gracias en ciertas cartas de Pablo no menciona el término “oración”, resulta evidente que su gratitud estaba dirigida a Dios (2 Tes. 1:3; 1 Tim. 1:12). En tercer lugar, la repetición del término “siempre” sugiere que tanto la oración como la acción de gracias eran componentes constantes, incluso integrales, en la vida del apóstol.

Pablo esperaba que su audiencia imitara su vida de acción de gracias y oración. Para él, una característica distintiva de los impíos es que no honran a Dios ni le dan gracias (Rom. 1:21). Por esto, animó a los miembros de la iglesia de Roma a dar gracias a Dios (Rom. 14:6). Al pedir a los corintios que oraran por él y sus colaboradores, Pablo deseaba que muchos dieran gracias en su nombre (2 Cor. 1:11).

TEXTO

GRATITUD Y ORACIÓN (énfasis añadido)

Romanos 1:8,9

“Primero doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos ustedes, [...] Porque Dios [...] es testigo de que sin cesar los recuerdo en mis oraciones”.

1 Corintios 1:4

“Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes”.

Efesios 1:15-16

“Por eso [...] no ceso de dar gracias por ustedes, recordándolos en mis oraciones”.

Filipenses 1:3-4

“Doy gracias a mi Dios [...] siempre en todas mis oraciones”.

Colosenses 1:3

“Siempre damos gracias [...] cuando oramos por ustedes”.

1 Tesalonicenses 1:2

“Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes, y los recordamos en nuestras oraciones”.

2 Tesalonicenses 1:3

“Debemos siempre dar gracias a Dios por ustedes”.

1 Timoteo 1:12

“Doy gracias [...] a Cristo Jesús nuestro Señor”.

2 Timoteo 1:3

“Doy gracias a Dios [...] de que sin cesar te recuerdo en mis oraciones, noche y día”.

Filemón 1:4

“Siempre doy gracias a mi Dios recordándote en mis oraciones”.

 

En Efesios 5:18 al 21, Pablo describe las características de las personas cuya vida está llena de la presencia del Espíritu Santo: (1) se dedican a la edificación recíproca hablando “con salmos, himnos y canciones espirituales”; (2) llenan su vida de alabanzas a Dios, “cantando y alabando” al Señor en sus corazones; (3) dan “gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”; y (4) son “sumisos unos a otros en el temor de Dios”. De este modo, da a entender que dar gracias a Dios está en el mismo nivel que cantarle alabanzas, pues es también un acto de adoración.

En Colosenses 3:17, Pablo va un poco más lejos al decir: “Y todo lo que hagan, sea de palabra o de hecho, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por él” (énfasis añadido). Del mismo modo, el apóstol dice a los tesalonicenses: “Den gracias por todo” (1 Tes. 5:18). Pablo animaba a su audiencia a incorporar la acción de gracias y la oración en su vida para reflejar el compromiso que él mismo tenía con estas prácticas.

La obra de Dios en nosotros

La carta a los Filipenses contiene una de las afirmaciones más notables de todas las epístolas de Pablo: “Estoy seguro: el que empezó en ustedes la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6). Algunos podrían sentirse tentados a interpretar la “buena obra” de forma restrictiva, como una referencia al cuidado y el amor de los filipenses para con Pablo demostrados mediante su apoyo financiero durante su encarcelamiento. Aunque su preocupación por Pablo y por el avance del evangelio era ciertamente el resultado de la obra de Dios en sus corazones, Pablo se refiere al concepto más amplio de la salvación por medio de Cristo.

Se presenta a Dios como aquel que comenzó la buena obra de la salvación y quien la completará con el regreso de Cristo. Es notable que este pensamiento se exprese dentro de la sección de acción de gracias de la carta. En este sentido, la gratitud es vista como una poderosa evidencia de la obra de Dios en el corazón. Pablo dice algo parecido en Filipenses 2:12 y 13: “Ocúpense en su salvación con temor y temblor; porque Dios es el que obra en ustedes, tanto el querer como el hacer, para cumplir su buen propósito”.

El consejo de Pablo de que cada uno procure su propia salvación resulta intrigante. Después de todo, ¿cómo es eso posible? Una buena respuesta se encuentra en Hebreos 12:2, donde se describe a Jesús como “el autor y perfeccionador de la fe”, por lo que el apóstol exhorta: “Corramos con perseverancia la carrera que nos es propuesta, fijos los ojos en Jesús” (Heb. 12:1, 2). Pero eso no es todo. También dice: “Despojémonos de lo que estorba y del pecado que tan fácilmente nos enreda” (Heb. 12:1).

Pasajes como Filipenses 1:6 y Hebreos 12:2 nos recuerdan que la salvación es, en última instancia, obra de Dios, no nuestra. Sin embargo, estamos llamados a cooperar con Dios para nuestra salvación o, en otras palabras, a correr “con perseverancia la carrera que nos es propuesta” (Heb. 12:1) viviendo una vida de oración, buscando las virtudes cristianas que nos ha concedido el Espíritu (Fil. 1:9-11; Col. 1:4-8) y agradeciendo la obra de Dios en nosotros (Fil. 1:3-6). En resumen, debemos andar “como es digno del Señor, a fin de agradarlo en todo” para así fructificar “en toda buena obra” y crecer “en el conocimiento de Dios” (Col. 1:10).

APLICACIÓN A LA VIDA

Medita acerca de los siguientes temas y pide luego a los integrantes de tu clase que respondan las preguntas que figuran al final de esta sección:

A todos nos encanta que nos ocurran cosas buenas: adquirir un vehículo o una vivienda, concluir una carrera tras años de arduo estudio o salir indemnes de una situación peligrosa. Damos gracias a Dios por esas cosas. Son hitos significativos que llenan nuestro corazón de gozo y gratitud. Sin embargo, si prestamos atención a todo lo que nos rodea, encontraremos innumerables motivos para estar agradecidos. Nada, sin embargo, debería inspirar más gratitud que el reconocimiento de la obra realizada por Dios en nosotros. Elena de White dice:

“Nuestra mente necesita expandirse para poder comprender el significado de la provisión de Dios. Debemos reflejar los atributos más elevados del carácter de Dios. Deberíamos estar agradecidos porque no se nos ha dejado abandonados a nosotros mismos” (A fin de conocerle, p. 304; énfasis añadido).

Dios espera de nosotros una actitud de sincera gratitud como parte de nuestras oraciones. Por ejemplo, en 1 Tesalonicenses 5:18, la instrucción “den gracias en toda situación” (NVI) aparece inmediatamente después del mandato “oren sin cesar”. Esta noción no solo implica que siempre existen motivos para dar gracias, sino también que nuestras oraciones deben incluir regularmente expresiones de gratitud a Dios. Pablo no dice: “Den gracias por toda situación”, sino “en todo”. El hecho de que Dios entregara a su Hijo único para morir por nosotros es motivo suficiente para estar agradecidos todos los días y demostrar nuestra gratitud con palabras de alabanza en nuestras oraciones y buenas obras en nuestra vida diaria.

Preguntas:

1.      ¿Por qué bendiciones espirituales, físicas y materiales estás agradecido a Dios?

2.      ¿Qué significa dar gracias en todas las circunstancias, en lugar de por todas ellas? ¿Cuál es la diferencia crucial?

3.      ¿Qué significa el hecho de que no estamos “abandonados a nosotros mismos”, como afirma la cita anterior de Elena de White? ¿Por qué debemos sentirnos agradecidos por esta seguridad?

 

 

 

 

 

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