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Lección 3: VIDA Y MUERTE | Uniendo el cielo y la tierra | Sección maestros

Lección 3:

VIDA Y MUERTE

RESEÑA

Texto clave: Filipenses 1:21

Enfoque del estudio: Fil. 1:19–30; 1 Tes. 4:14–16.

Martin Luther King Jr. dijo en cierta ocasión: “Si alguien no está dispuesto a morir por algo, no es apto para vivir” (citado por Mark Water, The New Encyclopedia of Christian Quotations [John Hunt Publishers, 2000], p. 404). Pablo expresó un sentimiento similar: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21). No eran solo palabras. Pablo estaba realmente dispuesto a morir por Cristo (Rom. 14:8), lo que finalmente hizo (2 Tim. 4:6-8).

En Romanos 8:36, Pablo cita Salmo 44:22: “Por causa de ti afrontamos la muerte todo el día, somos estimados como ovejas de matadero”. Por tanto, no deben sorprendernos sus palabras en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy crucificado”. Pablo estaba dispuesto a morir por Cristo porque se había comprometido a vivir por él. El apóstol continúa: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál. 2:20). Pablo vivió y murió por el evangelio.

La lección de esta semana destaca tres temas principales:

1.      Dios nos insta a tener una mentalidad misionera y a estar dispuestos incluso a morir por él.

2.      La muerte se asemeja al sueño, y la solución divina para ella es la resurrección del cuerpo, no la inmortalidad del alma.

3.      Cristo nos exhorta a la unidad mediante su Espíritu. Puesto que todos somos partícipes de una guerra espiritual, no solo debemos usar las armas adecuadas, sino también luchar unidos.

COMENTARIO

Ilustración:

Se cuenta la historia de John Bradford, quien murió en la hoguera el 1º de julio de 1555. Bradford se desempeñaba como capellán del rey Eduardo VI de Inglaterra y era uno de los predicadores más populares de su época, pero terminó convertido en un mártir de su fe. Mientras lo conducían a Newgate para ser quemado, le permitieron hablar. Él exclamó: “Cristo, Cristo, nadie más que Cristo” mientras era conducido hacia su muerte y durante todo el trayecto desde el oeste de Londres hasta Newgate (Paul Lee Tan, Encyclopedia of 7,700 Illustrations: Signs of the Times [Bible Communications, 1996], p. 787).

Al igual que Pablo, Bradford se entregó a la misión viviendo y muriendo por Cristo.

Vivir y morir por Cristo

La declaración de Pablo en Filipenses 1:21 es una de las más notables de todas sus cartas. Su disposición a vivir por Cristo —lo que implica soportar inevitables penalidades e incluso morir por él— subraya la esperanza expresada en el versículo anterior: “Con toda confianza, como siempre, ahora también Cristo será magnificado en mi cuerpo, tanto si vivo como si muero” (Fil. 1:20).

Sin embargo, resulta a simple vista desconcertante su afirmación de que morir es ganancia. ¿Qué quiso decir con eso? ¿Cómo puede la muerte ser un beneficio para alguien? Basándose en el deseo expresado por él en Filipenses 1:23 de “ser desatado y estar con Cristo”, algunos han deducido que Pablo estaba afirmando que estaría en presencia de Cristo inmediatamente después de la muerte. Sin embargo, una idea tal contradice las claras enseñanzas bíblicas acerca del estado de los muertos y de la muerte como un sueño.

Para entender lo que Pablo quiso decir al referirse a la muerte como “ganancia” (kerdos), es útil examinar el uso que él hace del término griego así traducido y del verbo afín “ganar” (griego kerdainō) en otras partes de sus escritos. En Filipenses 3:7 y 8, el apóstol dice que lo que antes consideraba ganancia (kerdos), ahora lo tenía por pérdida “por amor a Cristo” (Fil. 3:7; énfasis añadido); es decir, “por el sublime valor de conocer a Cristo Jesús” (Fil. 3:8). Pablo explica, además, que: “Por él lo perdí todo [...] para ganar (kerdainō) a Cristo” (Fil. 3:8). Así, para él, morir era ganancia en el sentido de que, en última instancia, “ganaría” a Cristo cuando lo viera en ocasión de su segunda venida (2 Tim. 4:8).

También es posible que “ganancia” (kerdos) en Filipenses 1:21 tenga un sentido misionero. En 1 Corintios 9:19 al 23, Pablo usa kerdainō con esa connotación, refiriéndose a ganar a un mayor número de personas para Cristo.

Respecto de esto, es útil el siguiente comentario acerca de Filipenses 1:21: “[Pablo] se preocupaba por ensalzar a Cristo. Si su Señor creía que lo mejor era que diera testimonio mediante su vida y ministerio, representaría debidamente a Cristo; pero la muerte de un justo también puede ser una poderosa confirmación de la eficacia del evangelio de la gracia [...]. Los corazones se conmueven y se enternecen por la tranquila seguridad y la confianza de aquel cuya esperanza radica completamente en su Dios, aun en la hora de la muerte” (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 152).

Pablo creía que su muerte marcaría la culminación de su obra misionera (Fil. 2:17; comparar con 2 Tim. 4:6, 7). El apóstol consideraba la muerte como una ganancia pues vería a Cristo cuando resucitara. Al mismo tiempo, también estaba seguro de que estaría “durmiendo” en la tumba durante el lapso que transcurriría entre su muerte y la Segunda Venida.

La muerte es como el sueño

Pablo comparó la muerte con el sueño (1 Tes. 4:14, 15), lo que implica un estado de inconsciencia. Esta idea concuerda con las enseñanzas de Jesús en los evangelios (Luc. 8:52, 53; Juan 11:11-13). Un ejemplo claro de esto es el relato de la resurrección de la hija de Jairo. Curiosamente, mientras que Mateo y Marcos solo mencionan que la gente ridiculizó la afirmación de Jesús de que la niña dormía (Mat. 9:24; Mar. 5:39, 40), la observación de Lucas —como médico— es más precisa: “Y se burlaron de él, sabiendo que estaba muerta” (Luc. 8:53; énfasis añadido). Además, el libro de Hechos, también escrito por Lucas, se refiere a la muerte de Esteban afirmando que “durmió” (Hech. 7:60). Lo mismo se dice de David (Hech. 13:36).

Al referirse a la muerte de “los padres”, Pedro dice que “durmieron” (2 Ped. 3:4). Los eruditos debaten si la expresión “los padres” designaba a la generación anterior de cristianos o a los patriarcas, pero —para el tema que se está abordando— esta distinción es irrelevante. Sea como fuere, la muerte es descrita como un estado de inconsciencia similar a lo que ocurre cuando dormimos. También es digno de mención que “los sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron”; es decir, volvieron a la vida cuando Jesús resucitó (Mat. 27:52, RVR 95; énfasis añadido). Este pasaje del Evangelio de Mateo es importante no solo porque compara la muerte con el sueño, sino también porque señala claramente la resurrección del cuerpo como la única solución para la muerte.

Como fue señalado anteriormente, la creencia de Pablo de que la muerte se asemeja al sueño está profundamente arraigada en las enseñanzas de Jesús y coincide con el pensamiento expresado por otros apóstoles. Por lo tanto, la Biblia no describe la muerte como un estado de consciencia, como muchos piensan.

Unidad en Cristo

Filipenses 1:27 inicia una sección de la carta (Fil. 1:27-30) en la que Pablo pasa de hablar de su propio sufrimiento al de su audiencia como resultado de su trabajo por Cristo. En Filipenses 1:27 surgen dos temas cruciales: (1) un estilo de vida como el de Cristo y (2) la unidad. Los destinatarios de la carta fueron llamados a mostrar una conducta sobresaliente y a permanecer unidos a pesar de la oposición y del sufrimiento que afrontaban por su fe en Cristo.

Pablo utiliza dos expresiones clave para resaltar el tipo de conexión que debe caracterizar la relación entre los creyentes: “Un mismo espíritu” y “unánimes” (Fil. 1:27). Este lenguaje típico del compañerismo recorre toda la carta. En este contexto, Pablo afirma que los filipenses completarían su alegría compartiendo “el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Fil. 2:2). En Filipenses 4:1 al 3, Pablo señala que la unidad es crucial para el cumplimiento de la misión.

Filipenses 4:3 presenta cuatro palabras compuestas introducidas por la partícula griega syn (‘con’ o ‘junto con’): syzygos (‘compañero de yugo’); syllambanō (literalmente: ‘tomar juntos’); [sunning to the next page in original text, which likely contains synergos - co-worker, and a fourth term]. Pablo menciona a mujeres que “trabajaron con” él en la difusión del evangelio, todas ellas comprometidas con la misión.

APLICACIÓN A LA VIDA

Medita acerca de los siguientes temas. Luego, pide a los integrantes de tu clase que respondan a las preguntas que figuran al final de esta sección.

Jesús dijo: “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor” (Mat. 10:24). Entre otras cosas, esta enseñanza incluye el rechazo, el sufrimiento e incluso el martirio. En Juan 15:20, Jesús dice: “Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes”. Como obreros en la causa de Cristo, debemos estar preparados para tiempos difíciles. La Biblia revela que Satanás está trabajando diligentemente en este mundo para impedir que el evangelio sea predicado a todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos, porque sabe que “le queda poco tiempo” (Apoc. 12:12). El pueblo de Dios también debe trabajar con diligencia.

Por eso, Cristo nos llama a vivir para la misión. Si morimos mientras estamos comprometidos en nuestra tarea misionera, tenemos la seguridad de que dormiremos en el sepulcro a la espera de la resurrección, cuando Cristo regrese. Dios no olvida a quienes mueren fieles al mensaje del tercer ángel. Se les promete: “¡Bienaventurados los que de aquí en adelante mueren en el Señor! Sí, dice el Espíritu, para que descansen de sus fatigas y sus obras les sigan” (Apoc. 14:13).

Por ahora, es necesario resistir (Apoc. 14:12). Estamos llamados a tomar nuestra cruz y seguir a Cristo (Mat. 10:38) hasta el día en el que cambiemos la cruz por la corona de la vida eterna (Apoc. 2:10). Mientras tanto, debemos trabajar juntos contra nuestro común enemigo. Pablo dice: “No tenemos lucha contra sangre y carne; sino [...] contra malos espíritus” (Efe. 6:12). Unidos en Cristo y vestidos con la armadura de Dios, ¡venceremos!

Preguntas:

1.      Piensa en alguna ocasión en la que sufriste persecución por causa de tu fe en Cristo. ¿Cómo fue fortalecida tu fe como resultado de ese sufrimiento?

2.      ¿A qué misión te ha llamado Cristo? ¿Cómo estás cumpliendo esa obra para él?

 

 



 

 

 

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