Lección 6: CONFIANZA SOLO EN CRISTO | Uniendo el cielo y la tierra: Cristo en Filipenses y Colosenses | Sección maestros
RESEÑA
Texto clave: Filipenses 3:10,11.
Tras afirmar que los creyentes brillan en este mundo al realizar buenas obras centradas en Cristo, Pablo enfoca su atención en la necesidad de confiar únicamente en Cristo para la salvación. El apóstol expresa su preocupación por la influencia de falsos maestros que promovían un enfoque basado en la carne, lo que distorsionaba el mensaje del evangelio y ponía en peligro a toda la comunidad cristiana de Filipos. Parece que una forma de falsa enseñanza, similar a la de Galacia, estaba creando cierta confusión acerca de lo que los cristianos gentiles debían creer y hacer para ser salvos.
Pablo abordó este asunto con mucha seriedad ya que estaba en juego el mensaje del evangelio. El apóstol estaba tan preocupado por la infiltración de falsos maestros y sus enseñanzas que se refiere a ellos como "perros" y "malos obreros" (Fil. 3:2). Son términos severos utilizados para expresar menosprecio y desaprobación. Al abordar estas cuestiones en Filipos, Pablo ofrece valiosas lecciones acerca de cómo lidiar con las falsas enseñanzas. Estas lecciones son cruciales para la iglesia de hoy, que sufre por doquier, en mayor o menor grado, el ataque de los falsos maestros.
La lección de esta semana subraya tres temas principales:
1. Alegrarse en el Señor es lo contrario a confiar en las fuerzas humanas.
2. Una conversión genuina conduce a un cambio radical: de la confianza en la
carne a la confianza en Cristo.
3. Conocer a Cristo es una experiencia progresiva. A medida que nos acercamos, nuestra intimidad con él se profundiza cada vez más. La intimidad con Cristo debe seguir creciendo hasta el día en que lo veamos cara a cara.
El rey de Italia y el de Bohemia prometieron a Juan Huss una custodia para su traslado seguro. Sin embargo, faltaron a sus promesas y Huss fue martirizado. Thomas Wentworth llevaba consigo un documento firmado por el rey Carlos I de Inglaterra que decía: "Si un rey te promete protección, no perderás la vida, el honor ni la fortuna". Poco después, sin embargo, su sentencia de muerte fue firmada por el mismo monarca. Sus últimas palabras fueron: "No confíen en los príncipes. Es mejor confiar en el Señor que en cualquier otra cosa" (Tan, Encyclo-pedia of 7,700 lllustratioris, p. 1525).
Regocijo en el Señor versus confianza en la carne
En Filipenses 3:1 al 3, Pablo introduce una advertencia contra el orgullo resultante de los logros humanos. La exhortación "regocíjense en el Señor" (vers. 1) expresa un concepto que se encuentra a menudo en el Antiguo Testamento, especialmente en el libro de los Salmos. Algunos ejemplos notables son: "¡Señor, el rey se alegra en tu poder! ¡Mucho se goza en tu salvación!" (Sal. 21:1); "¡Alégrense en el Señor y gócense, justos!" (Sal. 32:11); "El justo se alegrará en el Señor" (Sal. 64:10); "Alégrense, justos, en el Señor" (Sal. 97:12); "Alegra a tu siervo [...] Señor" (Sal. 86:4); "Señor [...] tus obras me han alegrado" (Sal. 92:4); "Que mi meditación le sea agradable. En el Señor me alegraré" (Sal. 104:34); "¡Grandes cosas ha hecho el Señor por nosotros! Estamos llenos de gozo" (Sal. 126:3). Por otro lado, la exhortación a alegrarse en el Señor se destaca repetidamente a lo largo del libro de Deuteronomio (ver Deut. 12:7, 12,18; 14:26; 16:11,15; 26:11; 27:7).
En Filipenses 3:1 al 3, la idea de regocijarse aparece dos veces en algunas traducciones al español: "Regocíjense en el Señor" (Fil. 3:1) y "nos regocijamos en Cristo Jesús" (Fil. 3:3). Sin embargo, el texto original utiliza dos palabras griegas diferentes. En Filipenses 3:1, Pablo emplea el término jairo, que en el Nuevo Testamento se utiliza frecuentemente para retratar la felicidad y el bienestar. Por otro lado, en Filipenses 3:3, Pablo emplea el término kaujaomai, que —por ejemplo— la versión Reina Valera (1995) traduce regularmente como "jactancia" en Romanos (ver Rom. 2:23), y especialmente en 2 Corintios, donde es traducido como "gloria" o "gloriarse" (2 Cor. 5:12; 7:14; 9:2; 10:8,13,15,16; 11:12,16,18,30; 12:1, 5, 6, 9,11). El verbo kaujaomai transmite un sentido más definido de júbilo que jairó.
Por lo tanto, el texto original de Filipenses 3:3, traducido como "nos regocijamos en Cristo Jesús", también podría significar "nos jactamos en Cristo Jesús" o "nos gloriamos en Cristo Jesús". Pablo utiliza una palabra muy significativa para destacar el hecho de que la confianza en Cristo y la confianza en los esfuerzos humanos son mutuamente excluyentes: ¡Una cosa invalida naturalmente la otra! En este sentido, la expresión usada aquí por Pablo se asemeja mucho a lo que él dice en Gálatas 6:13 y 14, donde reprende a quienes se glorían en la carne (Gál. 6:13) y, a diferencia de ello, afirma que su único motivo para gloriarse es la Cruz de Cristo (Gál. 6:14).
Pablo utiliza el término "carne" en Filipenses 3:3 para referirse a los esfuerzos humanos realizados con el objetivo de obtener la salvación. Sin embargo, cuando se trata de la salvación, los cristianos "no ponemos nuestra confianza en esfuerzos humanos" (Fil. 3:3, NVI). De hecho, dependemos completamente de los méritos de Cristo. Es probable que Pablo se haya referido a esta idea cuando dijo que se gloriaban en Cristo. Regocijarse "en el Señor" (Fil. 3:1) y gloriarse "en Cristo Jesús" (Fil. 3:3, LBLA) son conceptos paralelos, como en Salmo 34:2: "En el Señor me gloriaré. Los mansos oirán y se alegrarán".
De la confianza en la carne a la confianza en Cristo
La advertencia de Pablo introducida en Filipenses 3:1 al 3 contra el orgullo resultante de los logros humanos es desarrollada en los versículos 4 a 6. La expresión "confianza en la carne" es clave en Filipenses 3:1 al 6, donde aparece tres veces. Como se dijo anteriormente, en Filipenses 3:3 Pablo contrasta la confianza en la carne con el regocijo en Cristo. En Filipenses 3:4, el apóstol sostiene que ningún otro judío había tenido tanta confianza en la carne como él. En Filipenses 3:5 y 6, presenta siete razones por las que él, más que nadie, podía tener confianza en la carne: (1) "circuncidado al octavo día", (2) "del linaje de Israel", (3) "de la tribu de Benjamín", (4) "hebreo de hebreos", (5) "fariseo", (6) "perseguidor de la iglesia" e (7) "irreprensible". Curiosamente, la lista comienza con la circuncisión y concluye con la conducta intachable. Parece que Pablo creía anteriormente que sus esfuerzos le asegurarían la salvación. Sin embargo, al conocer a Cristo, se dio cuenta de la ineficacia de sus logros para salvarse.
En Filipenses 3:7 al 9, el apóstol contrasta su vida posterior a la conversión con sus experiencias previas. Los términos "ganancia" y "pérdida" se destacan en este breve pasaje. Los versículos 7 y 8 están dispuestos en un orden concéntrico, como se observa a continuación:
A "Lo que para miera ganancia" (Fil. 3:7a),
B "lo considero pérdida por amor a Cristo" (Fil. 3:7b).
B' "Considero todas las cosas como pérdida" (Fil. 3:8a)
A' "para ganar a Cristo" (Fil. 3:8b).
Esta estructura concéntrica, conocida como quiasmo, enfatiza el cambio radical ocurrido en la manera de pensar de Pablo. Además del término "pérdida" (griego zémia), Pablo también utiliza su forma verbal, "perder" (griego zemioó), en Filipenses 3:8. Eso coloca el énfasis en la pérdida por amor de Cristo y hace aún más notable el énfasis en el cambio ocurrido en su manera de pensar. Los siete elementos de la lista de jactancia autobiográfica son considerados por él como pérdida a la luz de "el sublime valor de conocer a Cristo Jesús" (Fil. 3:8). El conocimiento de Cristo puso todas las cosas de la vida de Pablo en la perspectiva correcta. Pasó de confiar en la carne a confiar en Cristo (Fil. 3:8), de una justicia centrada en la Ley a una justicia centrada en Cristo, completamente dependiente de la fe en la gracia de Dios (Fil. 3:9).
Conocer a Cristo es una experiencia progresiva
En Filipenses 3:10, Pablo indica que el fin último de su vida era conocer a Cristo. El hecho de que mencione los sufrimientos, la muerte y la resurrección de Cristo sugiere que conocer a Jesús implica no solo una experiencia cognitiva, sino, sobre todo, una relación, un proceso de crecimiento gradual (ver también 2 Ped. 3:18). Aunque esta idea está implícita de algún modo en Filipenses 3:10, Pablo profundiza en ella en los versículos 12 a 16. Además, él es consciente de que un conocimiento más profundo de Cristo es un proceso de crecimiento gradual.
Por otra parte, el apóstol también es consciente de que solo en la resurrección se alcanzará un conocimiento más completo de Cristo (Fil. 3:10,11). Esta idea parece ser el contexto de la afirmación de Filipenses 3:12: "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto". A continuación, Pablo explica cómo persigue la meta descrita en Filipenses 3:10 y 11, sugiriendo que la tarea es doble: (1) olvida "lo que queda atrás", y (2) se extiende "a lo que está delante" (Fil. 3:13). Sin embargo, lo primero no está disociado de lo segundo. De hecho, Pablo se refiere a ambas cosas como una sola acción cuando dice: "Una cosa hago" (Fil. 3:13). Esta única cosa está impulsada por un propósito claro: procurar "el premio del soberano llamado celestial en Cristo Jesús" (Fil. 3:14). El premio y el llamado se refieren a lo mismo, por lo que el versículo 14 tiene el sentido de: "El premio, que es el llamado de Dios por medio de Cristo Jesús". Es probable que Pablo esté usando aquí metáforas de la resurrección, cuando conocerá plenamente a Cristo. Hasta entonces, los creyentes están llamados a seguir creciendo en el conocimiento de Cristo mientras procuran el premio (Fil. 3:15,16).
Medita acerca de los siguientes temas y pide luego a los integrantes de la clase que respondan a las preguntas que aparecen al final de la sección.
La Biblia enseña claramente que nuestra salvación no depende de nuestros esfuerzos. Esta enseñanza es una razón convincente para regocijarnos en el Señor día a día, pues si la salvación dependiera de nuestras buenas obras, ¡no tendríamos ninguna esperanza! Desde una perspectiva bíblica, la alegría y la gratitud son nuestra respuesta a lo que Dios ha hecho por nosotros a través de Jesucristo. Puede ocurrir que nuestras circunstancias no sean tan buenas como deseamos o esperamos. Sin embargo, tenemos motivos para alegrarnos, como lo expresa tan bellamente Habacuc: "Yo me alegraré en el Señor y me gozaré en el Dios de mi salvación" (Hab. 3:18).
En la vida de un verdadero creyente no hay lugar para el orgullo por los logros humanos. Cuando se comprende que la salvación no depende de lo que podamos hacer, sino exclusivamente de lo que Dios ha hecho y está haciendo por nosotros en Cristo, aquellas cosas que se veían como ganancia son consideradas como pérdida "por el sublime valor de conocer a Cristo Jesús" (Fil. 3:8). La semejanza a Cristo se convierte en el objetivo de nuestra búsqueda, y las buenas obras son el resultado natural de ello. Como afirma Pablo en otro lugar: "Porque somos hechura suya [de Dios], creados en Cristo Jesús para buenas obras" (Efe. 2:10).
Como cristianos, somos una obra en construcción. A esto se refería Pablo en la sección de acción de gracias de su carta a los filipenses cuando dijo: "Estoy seguro: el que empezó en ustedes la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo" (Fil. 1:6). Hasta que llegue ese día, debemos olvidar "lo que queda atrás" y esperar "lo que está delante" (Fil. 3:13).
1. Reflexiona en la idea de que nuestra salvación no depende de nuestras buenas obras. ¿Por qué esta enseñanza es una noticia tan buena? ¿Por qué debería darnos esperanza?
2. Muchas personas se menosprecian y se recriminan por sus pecados pasados. Aunque intelectualmente aceptan el perdón de Cristo, todavía no creen que han sido realmente perdonados. Como resultado, no pueden dejar atrás el pasado. Reflexiona acerca de la idea de que debemos olvidar "lo que queda atrás" y extendernos al futuro, "a lo que está delante" (Fil. 3:13). ¿Qué asombrosa autorización nos confiere ese mandato del apóstol? ¿Por qué es esa directiva tan liberadora y sanadora para el corazón humano?

Comentarios
Publicar un comentario