Lección 7: UNA CIUDADANÍA CELESTIAL | Uniendo el cielo y la tierra: Cristo en Filipeneses y Colosenses | Sección maestros
RESEÑA
Texto clave: Filipenses 4:6
Enfoque del estudio: Fil. 3:17-4:23.
Jesús y los apóstoles describen a los cristianos como personas que viven simultáneamente en dos reinos diferentes. Él dijo: "Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios" (Mat. 22:21). Aunque son miembros de la sociedad, los creyentes deben tener siempre presente que ya pueden disfrutar de algunos privilegios de su ciudadanía celestial. Más que eso, se los exhorta a que busquen esos beneficios como señal de su unión con Cristo: "Siendo que ustedes han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios" (Col. 3:1).
Como miembros de la comunidad celestial, los cristianos deben andar "como es digno de la vocación a que fueron llamados" (Efe. 4:1). Este llamamiento incluye vivir con gozo y paz, independientemente de las dificultades que enfrentemos en nuestra labor por Cristo, sabiendo que la ciudad celestial es nuestro hogar definitivo (Heb. 13:14). Por la fe, Abraham "esperaba la ciudad con fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios" (Heb. 11:10). Nos está reservada "una herencia que nunca puede perecer, ni contaminarse, ni marchitarse, reservada en el cielo para ustedes" (1 Ped. 1:4).
La lección de esta semana destaca tres temas principales:
1. Los miembros de la comunidad celestial viven con madurez, como modelos
dignos de ser imitados.
2. La alegría cristiana, al igual que la paz, no depende de circunstancias externas, pues está arraigada en una estrecha relación con Dios por medio de Cristo.
3. Una vida dichosa y satisfecha es posible, incluso en este mundo tumultuoso,F pero requiere obediencia a los principios bíblicos.
Se cuenta la historia del Dr. Thomas Lambie, quien fue a Etiopía como médico misionero. Al cabo de un tiempo quiso comprar tierras para establecer una estación misionera. Una ley etíope impedía vender tierras a extranjeros. Como el Dr. Lambie sentía un gran amor por Cristo y los etíopes, renunció a su ciudadanía estadounidense y se hizo ciudadano etíope para poder comprar las propiedades necesarias para su trabajo (Tan, Encydopedia of 7,700 lllustrations, p. 1176).
Del mismo modo, los creyentes están dispuestos a renunciar a su ciudadanía terrenal a causa de su amor por Cristo y en aras de la ciudadanía celestial. Se ven a sí mismos como "peregrinos y forasteros en la tierra" (Heb. 11:13).
Miembros de la comunidad celestial
Pablo sugiere que los líderes cristianos deben ser modelos o ejemplos dignos de ser imitados por los demás (Fil. 3:17). Esta noción contrasta con la conducta de los falsos maestros, descritos como "enemigos de la cruz de Cristo" (Fil. 3:18). También se dice de estos que están condenados a la destrucción, que son adoradores de sus propios impulsos, y que "su dios es el vientre y su gloria es vergüenza, porque solo piensan en lo terrenal" (Fil. 3:19). Por el contrario, los cristianos deben ser conscientes de que su "ciudadanía está en el cielo" (Fil. 3:20) y vivir en consecuencia.
La palabra griega traducida como "ejemplo" en Filipenses 3:17 es symmimetes y solo aparece aquí en el Nuevo Testamento, lo que sugiere que Pablo la eligió deliberadamente para transmitir un mensaje muy específico y singular. Traducido literalmente, el término significa "compañero imitador", alguien "que se une a otros como imitador" (William F. Arndt, et ál., A Greek-English Lexicón ofthe New Testament and Other Early Christian Literature [University of Chicago Press, 2000], p. 958). De hecho, Pablo acuñó este término "para subrayar su deseo de que la comunidad entera de la fe se esforzara en seguir su ejemplo: '¡Imítenme todos!' " (Gerald F. Hawthorne, Philippians [Word, 2004], p. 217). Esta noción es similar a lo que Pablo dice en 1 Corintios 11:1: "Sean imitadores de mí, así como yo lo soy de Cristo". En última instancia, Cristo es el Modelo perfecto para los cristianos. Por medio de Cristo, los creyentes pueden convertirse en buenos modelos para los demás, como también indica Pablo en 1 Tesalonicenses 2:14: "Porque ustedes, hermanos, vinieron a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea".
Como ciudadanos del Cielo, debemos vivir con propósito, aferrándonos a la esperanza de que nuestro Salvador volverá y transformará nuestros cuerpos mortales en cuerpos gloriosos (Fil. 3:20, 21). Hasta que llegue ese día, debemos esperarlo (Fil. 3:20) y permanecer firmes en él (Fil. 4:1), seguros de que nuestra condición celestial será mucho mejor que la terrenal.
Pablo enseña que la alegría y la paz cristianas no dependen de circunstancias externas. Deja claro eso al afirmar: "¡Regocíjense en el Señor siempre! Repito: ¡Regocíjense!" (Fil. 4:4). Como sabemos por experiencia, en un mundo lleno de pecado es imposible vivir siempre en circunstancias perfectas. En vista de ello, ¿cómo podríamos alegrarnos siempre si la alegría depende de circunstancias externas? De hecho, estar siempre gozosos solo es posible "en el Señor". Aquí vemos "la verdadera base de la alegría cristiana y la esfera en la que prospera" (Philippians, p. 173).
Es importante notar que el llamado a regocijarse en el Señor no es solo una exhortación, sino un mandato. Para Pablo, vivir con alegría es tan importante que se refiere a ello tres veces a lo largo de la carta (Fil. 3:1; 4:4,10). Como ejemplo para su audiencia (Fil. 3:17), puede exhortarla a alegrarse en el Señor (Fil. 3:1; 4:4) pues eso era una realidad en su propia vida (Fil. 1:18; 2:17,18; 4:4). La alegría es uno de los temas principales de la carta de Pablo a los filipenses. El verbo griego jairó ('alegrarse') aparece allí ocho veces (Fil. 1:18 [dos veces]; 2:17,18,28; 3:1; 4:4,10). A su vez, la forma verbal emparentada synjairó ('alegrarse juntamente') es utilizada en dos ocasiones (Fil. 2:17,18) y el término jara ('gozo') aparece en cinco lugares
(Fil. 1:4,25; 2:2,29; 4:1). Lo que hace aún más notable este llamamiento a la alegría es que la persona que lo hace estaba en la cárcel en ese momento.
La paz cristiana, al igual que la alegría, no depende de circunstancias externas. Jesús dijo: "La paz les dejo. Mi paz les doy. No se la doy como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo" (Juan 14:27). Este tipo de paz solo es posible en el Señor. Jesús dijo: "Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz" (Juan 16:33; énfasis añadido). Del mismo modo, al utilizar la frase "la paz de Dios" (Fil. 4:7), Pablo indica que Dios es la fuente de la paz. La frase también puede significar "la paz producida por Dios" o "la paz que Dios da". Sea cual fuere el sentido exacto de dicha expresión, los creyentes pueden experimentar la paz que "supera todo entendimiento" (Fil. 4:7) solo en virtud de su relación con Dios. De acuerdo con Pablo, "la paz de Dios" (Fil. 4:7; énfasis añadido) solo es posible porque "el Dios de paz estará con ustedes" (Fil. 4:9; énfasis añadido). En resumen, ¿cómo viven los creyentes que son conscientes de su ciudadanía celestial? Lo hacen con alegría y paz.
Instrucciones para una vida feliz
Una vida dichosa no es fruto de la casualidad, sino de seguir ciertos principios. Por eso, Pablo comparte una serie de instrucciones en Filipenses 4, muchas de ellas en forma de imperativos.
"¡Regocíjense en el Señor siempre!" (Fil. 4:4a). La reiteración, "repito: ¡Regocíjense!" (Fil. 4:4b), indica que este mandato debe ser tomado muy en serio.
"La bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres" (Fil. 4:5). La palabra griega traducida como "bondad" (epieikes) es interesante y polifacética. En lo que respecta al trato mutuo, significa amabilidad, mientras que en el ámbito de las relaciones personales designa una actitud cortés y tolerante. A su vez, en situaciones legales tiene una connotación de indulgencia (Grant R. Osborne, Philippians: Verse by Verse [Lexham Press, 2017], p. 167).
"Por nada estén afanosos" (Fil. 4:6). Este mandato se basa probablemente en la enseñanza de Jesús: "No se preocupen por su vida" (Mat. 6:25; ver también Mat. 6:27,28,31,34). Alcanzar este estado no parece fácil. Pablo indica que podemos superar la ansiedad presentando ante Dios nuestras oraciones, súplicas, acciones de gracias y peticiones.
"Piensen en eso" (Fil. 4:8). Pablo enumera una serie de cosas buenas en las que debemos pensar: todo lo verdadero, honorable, justo, puro, amable y de buen nombre. Añade que estas cosas son virtuosas y dignas de alabanza.
"Lo que aprendieron y recibieron, oyeron y vieron en mí, eso hagan" (Fil. 4:9). En otras palabras, ¡sigan buenos ejemplos!
Una vez más, cabe destacar que el resultado de seguir estas instrucciones se presenta mediante una aseveración notable: "Y la paz de Dios [...] guardará sus corazones" (Fil. 4:7). Solo dos versículos después, en una declaración casi sinónima, Pablo asegura con firmeza que la paz de Dios solo es posible porque "el Dios de paz estará con ustedes" (Fil. 4:9).
Reflexiona acerca de los siguientes temas. Pide luego a los integrantes de tu clase que respondan las preguntas que aparecen al final de la sección.
J. I. Packer dijo acertadamente: "La falta de buenos modelos siempre tiende a rebajar el nivel, y por desgracia, los buenos modelos han escaseado a lo largo de este siglo" (J. I. Packer, Preaching the Living Word [Christian Focus, 1999], p. 31). Dios espera que los cristianos llenemos ese vacío (Mat. 5:13,14). Como ciudadanos de la comunidad celestial, estamos llamados a agradar a Dios para fructificar "en toda buena obra" y crecer "en el conocimiento de Dios" (Col. 1:10), hasta el día en que participemos de la "herencia de los santos" (Col. 1:12).
Hasta entonces, podemos disfrutar de alegría y paz, incluso en medio de las circunstancias negativas que nos rodean. Tales alegría y paz solo son posibles en virtud de una estrecha relación con Dios. Aunque no haya paz en la Tierra, podemos encontrarla en Cristo (Juan 14:27). Una existencia caracterizada por la paz y la dicha no es fruto de la casualidad. La Biblia registra una serie de orientaciones para ayudarnos a alcanzar la vida abundante que Dios desea para sus hijos. En términos generales, ningún otro conjunto de instrucciones puede superar a los Diez Mandamientos. Elena de White expresa eso magistralmente: "Nuestra prosperidad y felicidad dependen de nuestra inquebrantable obediencia a la Ley de Dios [...]. No se puede transgredir ni uno solo de esos diez preceptos sin incurrir en deslealtad al Dios del Cielo. Guardar cada jota y tilde de la Ley es esencial para nuestra propia dicha y para la felicidad de quienes se relacionan con nosotros" ("The Law Repeated", Signs ofthe Times, 3 de marzo de 1881, p. 1).
1. ¿De qué maneras los cristianos podemos ser buenos modelos hoy, tanto en
nuestra iglesia local como en la comunidad?
2. ¿Qué relación existe entre la obediencia a la Ley y una vida de dicha y paz?

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