Lección 8 | Jueves 19 de febrero
PARA RECONCILIAR TODAS LAS COSAS
Lee Colosenses 1:19, 20. ¿En qué consiste esta reconciliación resultante de la Cruz y qué alcances tiene?
Col 1:19 porque al Padre le agradó que en él habitara toda plenitud,
Col 1:20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
Pablo utiliza una expresión griega muy interesante para concluir su descripción de Jesús, al señalar al Padre, que fue previamente mencionado en Colosenses 1:12. Es su plenitud la que el Padre se complació en hacer habitar en Jesús (comparar Col. 2:9). ¿Cuál es esa “plenitud”? Juan se refiere a ella como la gloria del Padre, “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).
Según este pasaje, esa “plenitud” abarca la eternidad y la existencia autónoma de Dios, su poder para crear y recrear, y su sabiduría, manifestada en su victoria sobre el pecado y la muerte mediante el instrumento más inimaginable: la cruz, ese objeto ignominioso transformado en un testimonio de su amor eterno por cada ser creado. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).
La única manera en que el pecado podía ser derrotado para siempre y todas las cosas podían ser reconciliadas se resume en esa única verdad gloriosa: Dios amó al Universo, y nos amó tanto, que arriesgó todo para salvarnos a través de la muerte de Cristo en la cruz. La palabra griega traducida como “mundo” es kosmos, la cual puede designar todo el Universo. Pablo se refiere a esta demostración universal en el contexto del discipulado en pos de Cristo: “Hemos llegado a ser un espectáculo para todo el universo [kosmos], tanto para los ángeles como para los hombres” (1 Cor. 4:9).
“El Cielo contempló con pesar y asombro a Cristo colgado de la cruz. […] Por causa de una vida de rebelión, Satanás y todos los que se unen con él se colocan de tal manera en desarmonía con Dios que la misma presencia de él es para ellos un fuego consumidor. La gloria de quien es amor los destruye.
“Al principio de la Gran Controversia, los ángeles no entendían esto. […] Pero no sucederá así cuando la Gran Controversia termine. Entonces, habiendo sido completado el Plan de la Redención, el carácter de Dios quedará revelado a todas las inteligencias creadas. […]
“Por lo tanto, bien podían los ángeles regocijarse al mirar la Cruz del Salvador. […] Cristo mismo comprendió plenamente los resultados del sacrificio hecho en el Calvario. Vio todo eso por delante cuando en la Cruz exclamó: ‘Consumado es’ ” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 708, 709, 713).

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