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Lección 9 | LA REVELACIÓN DEL MISTERIO DE DIOS | Miércoles 25 de febrero

Miércoles 25 de febrero | Lección 9

LA REVELACIÓN DEL MISTERIO DE DIOS

Lee Colosenses 1:26, 27. Pablo habla dos veces del “misterio”. ¿A qué se refiere?

Col 1:26  el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos,

Col 1:27  a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,

En otro lugar, Pablo se refiere al “misterio de Dios”, que es el propósito eterno de Cielo, “que desde el principio Dios destinó para nuestra gloria” (1 Cor. 2:7) y fue revelado o puesto de manifiesto mediante el Plan de Salvación. Pedro habla de esto como algo que los profetas anticiparon, que “los ángeles ansían contemplar” (1 Ped. 1:10-12), que fue concebido “antes de la creación del mundo” (vers. 20) y que estuvo “oculto desde los tiempos eternos” (Rom. 16:25). Sin embargo, este misterio ha sido revelado en virtud de la vida, muerte y resurrección de Cristo (2 Cor. 3:14).

¿Cómo iluminan las siguientes referencias al misterio de Dios diversos aspectos del Plan de Salvación? Efesios 1:7–10, Efesios 3:3–6

Efe 1:7  en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados(B) según las riquezas de su gracia,

Efe 1:8  que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

Efe 1:9  dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo,

Efe 1:10  de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

Efe 3:3  que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente,

Efe 3:4  leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo,

Efe 3:5  misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu:

Efe 3:6  que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio,

Finalmente, “todo lo que está en el cielo y lo que está en la tierra” se unirá en Cristo. Este fue el tema central de la oración de Jesús en Juan 17. La manera exacta en esto sucedería era un misterio que ha sido revelado por medio del evangelio.

El asombroso amor de Dios por nosotros, que lo llevó a dar a Jesús, el invaluable tesoro del Cielo, para nuestra salvación, será nuestro tema de estudio durante toda la eternidad. Pero sabemos esto: Cristo “por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor. 5:15). En consecuencia, todos los que creen en Cristo, ya sea que provengan del judaísmo o del paganismo, participan por igual de las promesas de Dios por medio del evangelio y han sido reunidos en un solo cuerpo: la iglesia.

La expresión “Cristo en ustedes” (Col. 1:27) se refiere a la presencia de Jesús en el corazón en virtud de la fe (Efe. 3:17; comparar con Gál. 2:20). Esta unión espiritual con Cristo permite a los creyentes, incluso ahora, sentarse “en el cielo con Cristo Jesús” (Efe. 2:6) y disfrutar de “las poderosas maravillas del siglo venidero” (Heb. 6:5). La presencia de Cristo en nuestra vida hace posible que él nos una con el Cielo desde ahora. El evangelio que obra en el corazón de los creyentes “nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Col. 1:12).



 

 

 

 

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