Lección 4 | Miércoles 22 de julio
EL ANTÍDOTO CONTRA LA
INMORALIDAD SEXUAL
Lee 1 Tesalonicenses 4: 1-8. ¿Qué dice este
pasaje acerca de la conexión entre la santificación y el deber de evitar la
inmoralidad sexual?
1Ts 4:1 Por lo demás, hermanos, os rogamos y
exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros
cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más.
1Ts 4:2 Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos
por el Señor Jesús;
1Ts 4:3 pues la voluntad de Dios es vuestra
santificación; que os apartéis de fornicación;
1Ts 4:4 que cada uno de vosotros sepa tener su propia
esposa en santidad y honor;
1Ts 4:5 no en pasión de concupiscencia, como los
gentiles que no conocen a Dios;
1Ts 4:6 que ninguno agravie ni engañe en nada a su
hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y
testificado.
1Ts 4:7 Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia,
sino a santificación.
1Ts 4:8 Así que, el que desecha esto, no desecha a
hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo.
Aunque Pablo se dirigía a otra persona en los textos
anteriores, el principio puede aplicarse de manera general a todos los
cristianos. Sin embargo, esto nos lleva a la pregunta: ¿Qué estaba ocurriendo
en Corinto? ¿Por qué todos estos problemas?
Al parecer, algunos en Corinto creían que, dado que el
evangelio los había liberado, podían hacer lo que quisieran. Argumentaban que,
así como el estómago fue creado para la comida, el cuerpo fue creado para el
sexo, y el sexo para el cuerpo (1 Cor. 6: 13). Pablo responde que esto es una
tergiversación de la libertad cristiana. La falta de integridad en las
cuestiones sexuales es incompatible con la identidad cristiana y constituye un
uso indebido de la libertad concedida al hombre por medio del evangelio (Rom.
8: 2; Gál. 5: 13). Fuimos liberados del pecado, no para cometerlo (Rom. 6: 18,
22; 8: 2). De hecho, «el cuerpo [...] es [...] para el Señor, y el Señor para
el cuerpo» (1 Cor. 6: 13). Pertenecemos a Cristo (1 Cor. 6: 15), y quienes
somos debe influir en lo que hacemos. Una cosa está indisolublemente ligada a
la otra. Esto es descrito en 1 Corintios 6 de tres maneras diferentes.
En primer lugar, somos identificados como lavados, santificados y
justificados «en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios»
(1 Cor. 6: 11). Los pecados enumerados en 1 Corintios 6: 9-10, así como la
inmoralidad sexual denunciada en 1 Corintios 6: 12-20, no tienen cabida en la
vida de aquellos que han sido lavados, santificados y justificados.
En segundo lugar, somos miembros de Cristo (1 Cor. 6: 15). Esto significa que
debemos estar unidos a él (1 Cor. 6: 17). La inmoralidad sexual es una
violación de esa unión (1 Cor. 6: 13, 15). Quien se une con otra persona en
relaciones sexuales extramatrimoniales se convierte en «un cuerpo» con ella (1
Cor. 6: 16). La unión con Cristo a través del Espíritu debe determinar la ética
cristiana en materia sexual.
En tercer lugar, nuestros cuerpos son «templo del Espíritu Santo»
(1 Cor. 6: 19-20). La única manera de vivir una vida santa con
integridad en cuestiones sexuales es tener una relación íntima con Cristo a
través del Espíritu Santo. Pablo se refiere en otra parte a la experiencia de
ser un templo del Espíritu en términos de presentar el cuerpo como «sacrificio
vivo, santo, agradable a Dios» (Rom. 12: 1).
Piensa en la devastación que los pecados
sexuales han causado a la humanidad. ¿Qué nos dice esto acerca de cuán
importante es este tema para los cristianos?

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