Miércoles, 26 de febrero:
La purificación del Santuario
Durante dieciocho siglos [Jesús siguió efectuando su ministerio] en el primer departamento del Santuario. La sangre de Cristo, ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba perdón y aceptación cerca del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos en los libros de registro. Como en el servicio típico había una obra de expiación al fin del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del Santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días. Entonces, así como lo había anunciado Daniel el profeta, nuestro Sumo Sacerdote entró en el Lugar Santísimo, para cumplir la última parte de su solemne obra: la purificación del Santuario.Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por la sangre de esta se transferían figurativamente al Santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto,
los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al Santuario celestial. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando los pecados registrados en el cielo ...
Así que los que andaban en la luz de la palabra profética vieron que en lugar de venir a la tierra al fin de los 2.300 días, en 1844, Cristo entró entonces en el Lugar Santísimo del Santuario celestial para cumplir la obra final de la expiación preparatoria para su venida (El conflicto de los siglos, pp. 415, 416).
La purificación del santuario implica ... una obra de investigación: Una obra de juicio. Esta obra debe realizarse antes de que venga Cristo para redimir a su pueblo, pues cuando venga, su galardón estará con él, para que pueda otorgar la recompensa a cada uno según haya sido su obra.
En el día final del ajuste de cuentas, la posición, el rango o la riqueza no alterarán ni en el espesor de un cabello el caso de nadie. El Dios que todo lo ve juzgará a los hombres por lo que éstos son en pureza, nobleza y amor a Cristo (Maranata, el Señor viene, p. 256).
[La respuesta], "Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana; y el santuario será purificado" (Daniel 8: 14), le llenó de perplejidad. Con fervor solicitó que se le permitiera conocer el significado de la visión. No podía comprender la relación que pudiera haber entre los setenta años de cautiverio, predichos por Jeremías, y los dos mil trescientos años que, según oyó en visión, el visitante celestial anunciaba como habiendo de transcurrir antes de la purificación del santuario. El ángel Gabriel le dio una interpretación parcial; pero cuando el profeta oyó las palabras: "La visión ... es para muchos días", se desmayó. Anota al respecto: "Yo Daniel fui quebrantado, y estuve enfermo algunos días: y cuando convalecí, hice el negocio del rey; mas estaba espantado acerca de la visión, y no había quien la entendiese". Daniel 8:26, 27 (Profetas y reyes, p. 406).
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