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Lección 10: EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA | Temas en el evangelio de Juan | Sección maestros

Lección 10:

EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA

RESEÑA

Textos clave: juan 13:1-20; 14:1-3; 14:5, 6; 1:14; 5:38-40.

La lección de esta semana narra la asombrosa historia de Jesús, el Hijo de Dios encarnado. No hay nadie como él. Jesús es único, pues conoce íntimamente al Padre. Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. En el Evangelio de Juan oímos a Jesús hablar extensamente acerca del Padre, pues su nombre estaba continuamente en sus labios y en su corazón. Jesús es el único que ha visto a Dios cara a cara, algo que ningún otro ser humano puede afirmar. En consecuencia, Jesús afirma su divinidad cuando declara lo siguiente acerca de su relación con el Padre. "No que alguno haya visto al Padre, sino Aquel que vino de Dios, ese ha visto al Padre" (Juan 6:46)

Felipe, uno de los discípulos, escuchó a menudo a Jesús enfatizar su relación con el Padre. Finalmente, dijo a Jesús: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta" (Juan 14:8).

Algunas de las palabras más profundas acerca de la estrecha relación entre Jesús y su Padre se encuentran en la respuesta de Jesús a Felipe: "¿Tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices: 'Muéstranos al Padre'?" (Juan 14:9). Estas palabras de Jesús demuestran que él era la representación más profunda de Dios. ¡Qué privilegio tenemos al conocer a Jesús; pues al conocerlo, conocemos al Padre!

Además de la designación divina, "YO SOY" aplicada por Jesús a sí mismo como "el camino, la verdad y la, vida", estudiaremos algunas referencias adicionales que nos ayudarán a apreciar cuán inmensurable Regalo del Cielo es Jesús. Al transitar el él como el Camino, andamos también con él y aprendemos acerca de su verdad, que conduce a la vida abundante y a la vida eterna.

COMENTARIO

El ejemplo de Cristo (Juan 13:1-20)

Jesús no se limitó a impartir sabiduría e instrucción; también ilustró sus verdades mediante lecciones prácticas que sirvieron para arraigar sus enseñanzas en el corazón. Consideremos, por ejemplo, el rito de la humildad. Al inaugurar esta ordenanza, Cristo no esperó que sus discípulos se ofrecieran para lavarse mutuamente los pies. No los sermoneó acerca de la humildad y el servicio. Tampoco esperó que un sirviente fuera llamado para realizar la humilde tarea. Por el contrario, Jesús mismo se adelantó para ser ese siervo, para mostrar a sus seguidores un ejemplo vivo de cómo debían relacionarse unos con otros.

Las palabras de Jesús dejaron claro el significado que quería dar al servicio del lavamiento de los pies: "SÍ yo, el Señor y el Maestro, he lavado sus pies, ustedes también deben lavarse los pies los unos a los otros. Ejemplo les he dado, para que como yo les he hecho, ustedes también hagan" (Juan 1]:14, 15). A pesar de este claro mandamiento, la mayoría de los cristianos optan por no cumplirlo. La humildad necesaria para cumplir esta ordenanza no resulta agradable para el corazón humano, pero al negarnos a cumplir las condiciones necesarias para participar de ella perdemos la lección de humildad que Cristo pretendía enseñarnos.

En la cultura bíblica de la época de Cristo, la cabeza representaba la parte más noble del cuerpo; y los pies, la menos digna. Así, al inclinar Cristo su noble cabeza para lavar los sucios pies de sus seguidores ilustró gráficamente su voluntad de hacer todo lo posible para ayudarlos en su peor momento. A Judas le molestaba que Cristo, de quien esperaba que se convirtiera en rey de Israel, se rebajara hasta tal punto. Pedro, en cambio, se sintió avergonzado al ver a su Maestro asumiendo el papel de un siervo manso y humilde; por eso rechazó inicialmente el ofrecimiento de Cristo, sintiéndose totalmente indigno. Pero cuando Jesús le dijo: "Si no te lavo, no tendrás parte conmigo" (Juan 13:8), Pedro respondió en el acto afirmativamente. No quería de ninguna manera poner en peligro su importante relación con Jesús. Por eso se apresuró a decirle, en Juan 13:9 "Señor, no solo mis pies, sino aún las manos y la cabeza".

Ciertamente volveré (Juan 14:1-3)

Vivimos en un mundo muy agitado e inestable. Por eso, las tranquilizadoras palabras de Jesús en Juan 1 :1 son muy oportunas: "No se turbe vuestro corazón". Estas palabras alentadoras se basan en la confianza en la veracidad de Jesús y de su Padre. Además, este versículo está anclado en la promesa segura de Jesús de ir y prepararnos un lugar para cumplir su ardiente anhelo de estar siempre con nosotros.

Algunos desean estar en el Cielo por las mansiones o los palacios preparados para ellos; otros, por las calles de oro. ¿Debería ser esa nuestra motivación para estar allí? En griego, el texto no dice "mansiones" sino moradas o habitaciones (monai), lo que podría implicar que lo realmente importante no es el espacio físico Que poseeremos u ocuparemos, sino más bien la compañía de Jesús. Su amor hace que desee estar con nosotros, pues ese amor procura siempre el compañerismo.

Ciertamente, Jesús no quiere que estemos atribulados en este mundo turbulento. Nos anima a poner nuestra confianza tanto en el Padre como en él, el único que puede proporcionarnos esperanza, paz y un futuro seguro.

En Juan 14:3, el verbo griego traducido como "vendré" está conjugado en tiempo presente, o presente futurista ("vuelvo"). La promesa de Jesús acerca de su glorioso regreso futuro lleva implícito el hecho de que es una realidad presente. Su venida es tan segura como si estuviera sucediendo ahora. La gozosa anticipación de su segura venida influye en nuestra vida presente hasta el punto de que su Reino de gloria se entrelaza con su Reino de gracia, dándonos un anticipo del Cielo.

El Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:5, 6)

Existe una interesante progresión en la forma en que Jesús se describe a sí mismo como el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6) Considera la secuencia de estas tres palabras. Jesús es el Camino. A medida que caminamos, aprendemos de él la verdad, que finalmente nos conduce a la vida abundante en este mundo y en el mundo eterno venidero. Observa que esta Secuencia fue la respuesta de Cristo a la pregunta de Tomás acerca del camino por seguir (Juan 14:5). Podemos preguntarnos por qué Tomás hizo esta pregunta, considerando la clara explicación dada por Jesús en el versículo anterior: "Ya saben a dónde voy, y conocen el camino" (Juan 14:4).

Cristo es el único camino que conduce al Padre. Algunos podrían objetar esta afirmación diciendo que Jesús es demasiado excluyente, especialmente para la sociedad actual, en la que la presunta inclusividad es la norma social. Pero no todos los caminos llevan a Dios. Jesús es el único, porque solo él es justo y puede quitar nuestros pecados. Él es el único que puede sustituir nuestra muerte por la vida eterna. Jesús es el único que puede darnos justicia y vida, pues él posee ambas. Nadie más en este mundo las posee o puede otorgarlas.

Como vimos antes, Felipe pidió a Jesús que revelara al Padre a los discípulos. La respuesta de Jesús a Felipe vincula el hecho de conocerlo a él con el de conocer a su Padre, pues si conocemos al Hijo, ciertamente conocemos a Dios. Jesús dice: "¿Tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices: 'Muéstranos al Padre'?" (Juan 14:9).

Cuán reconfortante y tranquilizador es que podamos acercarnos al Padre sin temor por medio de Jesús. El Padre nos tratará con la misma misericordia y compasión que Jesús mostró a la gente que lo rodeaba, incluidos los marginados y los pecadores. Por lo tanto, no tenemos excusa para no presentarnos ante el Trono de Dios para recibir su misericordia y su perdón.

Además, como se afirma en Juan 14:6, Jesús dio testimonio de que él mismo es la Verdad encarnada y personificada. En un mundo cambiante de corrupción y engaño, Jesús sigue siendo la Verdad, toda la Verdad y nada más que la Verdad. No hay variación en él ni en lo que dice. Él es "el mismo ayer, hoy y por los siglos" (Heb. 13:8). Jesús regresaría al Cielo en breve, y poco después el Espíritu Santo descendería sobre los discípulos durante Pentecostés, como Jesús prometió. El Espíritu de Dios vendría como "el Espíritu de verdad que procede del Padre, él testificará de mí" (Juan 15:26). Además, Jesús siempre dijo la verdad, y sus discípulos darían testimonio e este hecho porque estaban con él "desde el principio" (Juan 15:27).

Jesús es la luz de la verdad que nos rodea. Él disipa las tinieblas de la falsedad y la confusión y hace posible que veamos todo desde la perspectiva correcta. Ahora, como en el tiempo de Pentecostés, cuando descienda el Espíritu de la verdad, "él los guiará a toda la verdad" (Juan 16:13).

En una sociedad permisiva y pluralista, la verdad es un blanco móvil, pues parece seguir cambiando y evolucionando. Lo que es verdad hoy no lo será necesariamente mañana. Pero Jesús contrarresta esa falacia cuando declara: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6).

La Escritura y la Verdad (Juan 5:38-40)

Toda la Biblia da testimonio de la verdad. La Escritura es un todo coherente y cohesivo, pues ambos Testamentos tienen el mismo Autor: el Espíritu Santo. Esta misma verdad se aplica al testimonio de Jesús en sus días. Los líderes religiosos afirmaban creer firmemente en Moisés, pero no creían en su testimonio acerca de Jesús. (Ver Juan 5:46). Muchos líderes afirmaban creer en el Antiguo Testamento; sin embargo, pensaban que un mero asentimiento intelectual a él les garantizaba la vida eterna.

Varios líderes judíos tenían una mirada tan estrecha acerca de las Escrituras que los alejaron del corazón de ellas, del propio Jesús. Los líderes parecían ignorar el cumplimiento de los anuncios hechos por los profetas del Antiguo Testamento y las profecías tocantes a la esperanza de Israel y del mundo. (Ver Juan 5:39)."Es verdaderamente asombroso que rechazaran al Señor de su única esperanza y de la vida mientras procuraban la salvación. No parecían comprender que sin Jesús solo existe la muerte, y que la vida solo es posible a través de él.

APLICACIÓN A LA VIDA

Reflexiona acerca de las siguientes preguntas y respóndelas:

1. ¿Cómo influye en tu vida diaria la realidad de Jesús, nuestro Salvador, quien es el reflejo perfecto del Padre? Imagina que eres Felipe y oyes a Jesús decirte que verlo a él es ver al Padre. ¿Qué significa "ver" al Padre y a su Hijo?

2. ¿Qué significa el hecho de que Jesús acercara su cabeza a los pies de judas mientras se los lavaba? ¿Cómo se aplica a ti personalmente el acto de humildad y condescendencia de Jesús?

3. ¿Cuál es tu verdadera motivación para estar en el Cielo? ¿Las mansiones y las calles de oro o algo más? ¿Qué significará ver a Jesús allí? ¿Por qué debe él ser nuestra primera y principal prioridad?

¿Cómo influye en nuestra vida cotidiana la certeza de la venida de Cristo?

5. ¿Qué piensas de la idea de que todo lo que creemos debe estar anclado en las Escrituras y, al mismo tiempo, debe llevarnos siempre a Cristo? ¿Qué dice acerca de nuestra experiencia espiritual el hecho de que consideremos la adquisición de conocimientos intelectuales como nuestro principal objetivo?

6. ¿Cómo debería influir nuestro énfasis en Cristo y en la Biblia en nuestra visión del mundo cuando vemos que nos rodean todo tipo de trastornos y confusión?

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