Lección 12: PRECURSORES | Alusiones, imágenes y símbolos: Cómo estudiar la profecía bíblica | Sección maestros
Lección 12:
RESEÑA
Texto clave: 2 Timoteo 1:7.
Enfoque del estudio: Daniel
2:31-45; Apocalipsis 13:11-17.
Durante las dos últimas
semanas, hemos estudiado relatos bíblicos y salmos que contenían alusiones a
profecías futuras. Sin embargo, estas proyecciones hacia el futuro eran solo
percepciones indirectas que nos preparaban para recibir y comprender el mensaje
de la profecía. En esta lección, prestaremos atención a las profecías que se
refieren explícitamente al tiempo del fin. Debemos recordar que la Biblia no es
solo un libro de bellas historias escrito para nuestro entretenimiento. Tampoco
es simplemente un libro de edificación espiritual y moral. Lo que hace única a
la Biblia es su mensaje de esperanza: Dios salvará al mundo al final de los
tiempos.
El mensaje de esperanza, por
supuesto, está presente en diferentes formas a lo largo de las Escrituras. Pero
son sobre todo los dos libros apocalípticos, Daniel y Apocalipsis, los que se
centran en el destino final del mundo. Estos dos libros están interrelacionados
y, por lo tanto, serán consultados uno en relación con el otro. La lección de
esta semana abarcará, en primer lugar, la línea general de los acontecimientos
proféticos tal como se revela en la profecía de la estatua del libro de Daniel
(Dan. 2:31-45). Luego consideraremos los últimos días de la historia humana.
Veremos cómo la profecía de
Daniel revelará el poder del mal y denunciará su esquema mental, que ya fue
manifestado por los reyes babilónicos (Dan. 3). La profecía alcanzará entonces
su cumplimiento en el cuerno pequeño de los capítulos 7 y 8, y en la bestia de
Apocalipsis 13 y 14-
La mentalidad de Babel
El libro de Daniel comienza
con una alusión a la historia de la torre de Babel. Cuando el profeta relata el
ataque de Nabucodonosor contra Jerusalén, menciona la rara y antigua palabra
Sinar, el mismo nombre que se refería al lugar donde los constructores de Babel
edificaron su torre (Gén. 11:2). Esta referencia específica revela, desde el
principio del libro, la intención del autor bíblico de asociar a los
constructores de la torre de Babel con la maniobra de Nabucodonosor de llevar
los artículos del Templo de Jerusalén a su lugar, Babilonia (Sinar).
En Daniel 2, el rey tiene un
sueño que lo inquieta. Daniel es convocado para interpretarlo y explica a
Nabucodonosor que el Dios del Cielo le envió este sueño para ayudarlo a
percibir y comprender la iniquidad de "los pensamientos de tu corazón"
(Dan. 2:30).
Nabucodonosor tenía, en
efecto, la misma mentalidad que los constructores de la torre de Babel. Al
llevar los artículos del Templo de Jerusalén a su propio templo, demostró de
hecho la misma intención de ocupar el lugar de Dios. Desde el principio, Daniel
revela, pues, la clave del sueño. Este sueño se refiere, en primer lugar, a la mentalidad
de "Babel" del rey. Más adelante, en Daniel 3, el comportamiento de
Nabucodonosor confirmará este juicio (ver más adelante). De hecho, esta
denuncia constituye el hilo conductor que teje toda la profecía de los reinos
de la Tierra.
En su primera línea, Daniel
señala el orgullo y la usurpación de Nabucodonosor: por un lado, Daniel llama
al rey por su título habitual, "rey de reyes", que le otorgaba
divinidad, como si fuera él quien gobernara sobre otros reyes. Por otro lado,
Daniel identifica claramente al "Dios del cielo" como el único a
quien el rey debe su poder (Dan. 2:37). Daniel describe al rey como si fuera el
Creador mismo (al menos, siguiendo la línea de pensamiento de Nabucodonosor).
Al mismo tiempo, Daniel recuerda al rey que es el Dios del Cielo quien le ha
otorgado todo lo que posee (Dan. 2:38).
A continuación, Daniel
anuncia que los siguientes reinos mundiales serán inferiores al de
Nabucodonosor, dando a entender una vez más que eran tan humanos y transitorios
como él y su reino. Significativamente, el fin de los reinos es característico
de la misma mentalidad que definió a Babel: los líderes de los reinos
intentarán unirlos y consolidar su poder, así como lo hicieron los
constructores de la torre de Babel (Gén. 11:4).
Cabe destacar que las
características principales de este esfuerzo por mezclarse son representadas
mediante la "arcilla", símbolo de uno de los poderes escatológicos
que comenzaron justo después de la caída de la Roma pagana (Dan. 2:41) y duraron
hasta el final de los tiempos, como queda implícito en la frase que introduce
el surgimiento del Reino de Dios: "En los días de estos reyes, el Dios del
cielo establecerá un reino que nunca jamás será destruido" (Dan. 2:44).
El hecho de que este poder
escatológico tendría la misma ambición de ocupar el lugar de Dios que los
constructores de Babel está implícito en el material que lo representa, el
barro, a menudo asociado en la Biblia con la humanidad (Isa. 29:16; Jer. 18:2;
Rom. 9:20, 21; etc.).
Mientras que los otros
materiales representan poderes políticos humanos, la arcilla representa un
poder espiritual diferente, uno que pretende ser divino. Es interesante
observar que la última escena de la visión, que culmina con la supresión de
todos los reinos, termina con el barro en el centro de todos los materiales:
"El hierro, el bronce, la arcilla, la plata y el oro" (Dan. 2:45).
Situado así, en la cúspide, por así decirlo, de todos los demás materiales, el
"barro" parece encarnar la quintaesencia de todo lo que esos reinos
mundanos pretendían: la usurpación de las prerrogativas divinas.
El poder usurpador. En
Daniel 3, Nabucodonosor desacredita inmediata e irónicamente el juicio que
acaba de serle revelado mediante su sueño. En efecto, se esforzará por ocupar
el lugar del Dios del Cielo. El sueño indica claramente que "el Dios del
cielo establecerá un reino que nunca jamás será
destruido" (Dan. 2:44, énfasis añadido). En contradicción con la voluntad
de Dios, Nabucodonosor "hizo" una imagen de oro como representación
de sí mismo, la "cabeza de oro" (Dan. 2:38). Salvo que Nabucodonosor
no se contentó con ser la cabeza de oro, como indicaba el sueño; ahora se
considera a sí mismo un rey eterno, cuyo imperio habría de durar
para siempre, como indica el
hecho de que erigiera una estatua de oro macizo. En esencia, Nabucodonosor
"hizo" su imagen para sustituir al reino eterno de Dios. Nótese el
uso del mismo verbo "hacer". La historia no termina allí con la
usurpación de Nabucodonosor.
El siguiente paso del rey
fue la persecución violenta de todos aquellos que no se inclinaran ante su
imagen. El registro bíblico dice que tres hebreos se negaron a adorar la imagen
y, como resultado, fueron amenazados con ser arrojados "dentro de un horno
de fuego ardiente" (Dan. 3:6). Se utiliza todo tipo de estrategias para
convencer a los hebreos de que se inclinen. La amenaza de muerte está
explícitamente representada por el horno a los pies de la imagen. La
administración echa mano de todos los poderes de que dispone para garantizar el
control de la población entera. El poder de los medios de comunicación se
utiliza para alcanzar a todos los habitantes del imperio. Incluso el poder de
la música y el arte se aplica para influir y controlar las emociones.
Según el relato acerca de su
resistencia, estos tres hebreos no vacilaron en su convicción de permanecer
fieles a Dios. Los dos grupos de adoradores, el de Babel y el de los tres
hebreos, quedaron así claramente delineados y contrastados: el de Babel es ruidoso.
Ellos "proclamaron a voz en cuello" (Dan. 3:4, NVI). El de Dios es
silencioso: "No necesitamos responderte" (Dan. 3:16). El de Babel es
poderoso: está compuesto de "sátrapas", "magistrados", etc.
(Dan. 3:2). El de Dios es humilde y sin poderío político: se los identifica
simplemente como "unos varones judíos" (Dan. 3:12). El lado de Babel
es numeroso: está compuesto por "todos los pueblos" (Dan. 3:7). El de
Dios está formado por solo "tres varones" (Dan. 3:23). El de Babel
está orientado hacia el presente: "Al oír [...] todos los pueblos [...]
adoraron" (Dan. 3:7). El de Dios está orientado hacia el futuro:
"Dios [...] puede librarnos" (Dan. 3:17). El sector de Babel es
legalista y obedece por temor e interés propio. El pueblo de Dios le brinda su
servicio en respuesta a la gracia divina y aunque él decida no librarlos (Dan.
3:18).
El cuerno pequeño y la
bestia. La mentalidad de Babel que caracterizaba al poder
representado por el barro del alfarero reaparece en el cuerno pequeño de Daniel
7 y 8. Esta vez, sin embargo, los componentes de la usurpación y la persecución
son más vividos y explícitos. Al igual que el barro, el cuerno pequeño pretende
ser divino, y su arrogancia y su usurpación son aún más pronunciadas (Dan.
7:25), con la misma conexión entre usurpación y persecución (Dan. 8:24, 25).
El libro de Apocalipsis
repite el mismo escenario, aunque emplea un simbolismo diferente. Justo después
de los mismos cuatro animales que vimos por primera vez en Daniel 7, la
revelación apocalíptica identifica un poder usurpador representado como una bestia.
Al igual que el cuerno pequeño de Daniel 7 y 8, esta bestia
pretende ser divina (Apoc. 13:4) y persigue al pueblo de Dios (Apoc. 13:5, 7).
Este rápido repaso de la profecía es necesario para que comprendamos la palabra
profética de advertencia y para animar al pueblo de Dios (2 Tim. 1:7).
APLICACION DE LA VIDA
1. Aunque el cuerno
pequeño y la bestia representan una entidad histórica clara, el poder papal,
¿cómo debemos responder a esta identificación? ¿Cómo debemos relacionarnos con
las personas católicas?
2. Identifica
la mentalidad característica de Babel en la historia (en el poder papal, pero
también en regímenes totalitarios como el nazismo y el marxismo stalinista).
Analiza el mecanismo
potencial de la mentalidad típica de Babel que podría manifestarse en tu
iglesia; en tu carácter personal; en tu relación con otras personas; en el
contexto de tu familia, de tu trabajo; en la forma en que tratas a tus
empleados, a tu cónyuge y a tus hijos. ¿Cómo podemos pasar de una mentalidad
como la de Babel a una bíblica?
3. Compara
a quienes integraban el bando de Babel con los tres hebreos. Considera cada
aspecto de esa comparación y extrae lecciones prácticas: ¿Cómo impacta esta
comparación en la vida de tu iglesia? ¿Qué podemos aprender de estos ejemplos
en relación con nuestros cultos? ¿Cómo influye la manera en que interpretamos
la música o predicamos sobre nuestra adoración al Creador? ¿Qué lección te
enseña el hecho de que quienes se mantienen fieles a Dios son siempre una
minoría? ¿Cómo se aplica esto al argumento según el cual las mayorías no pueden
estar teológicamente equivocadas?
Analiza con los miembros de
tu clase la necesidad de orientarse hacia el futuro en lugar de hacerlo hacia
el presente. ¿Cómo afecta el pensamiento orientado al futuro o al presente tus
decisiones éticas y matrimoniales? Una perspectiva orientada al futuro nos
obliga a considerar las consecuencias de nuestras acciones. El pensamiento
orientado al presente, que se centra en la recompensa inmediata, termina siendo
superficial, egoísta, materialista e incluso peligroso para nosotros y para los
demás. Dediquen tiempo a dialogar acerca de esto.

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