Lunes 30 de marzo | Lección 1
AMONESTACIÓN, ARREPENTIMIENTO Y RECOMPENSA
«Yo reprendo y castigo a todos los que amo», dice Jesús en
Apocalipsis 3: 19. «Sé, pues, celoso y arrepiéntete». Ninguno de nosotros
podría decir que Jesús no se preocupa por nosotros o por nuestro futuro.
¡Cuánto más fácil habría sido para Jesús renunciar a la humanidad y no recorrer
el doloroso camino que eligió en esta Tierra! Es precisamente porque nos ama
tan profundamente que nos reprende por nuestra condición actual. Quiere
entablar una relación mucho más profunda y sólida con nosotros. No está satisfecho
con nuestra inestabilidad actitudinal y con nuestro enfoque de «acudiré a él
cuando lo necesite».
En lugar de eso, Jesús nos reprende por nuestro propio bien.
Nos insta a arrepentirnos, lo cual no es posible a menos que percibamos que
algo está mal. Él nos ha dicho exactamente cuál es nuestro problema: Pensamos
que somos ricos, pero en realidad somos «infelices, miserables, pobres, ciegos
y desnudos» (Apoc. 3: 17, NVI).
Lee
Apocalipsis 3: 20. ¿Qué se nos promete aquí y qué debemos hacer para recibir lo
prometido?
Apo 3:20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si
alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él
conmigo.
Esta es una imagen hermosa y extraordinaria. El Dios del
universo quiere sentarse a comer con nosotros. Desea un compromiso y un diálogo
en torno a una buena comida. Esa es la descripción de la relación estrecha y
duradera que Jesús nos invita a tener con él.
Jesús llama a la puerta de tu corazón y espera pacientemente.
Tal vez hayas visto alguna ilustración que representa esa escena en la
literatura infantil: un Salvador elegante y de elevada estatura llamando
delicadamente a la puerta. Él no irrumpe en nuestra vida para obligarnos a
relacionarnos con él. No se impone en tu tiempo ni en tu ajetreada vida. El
tiempo es fugaz, así que, si oyes su llamado, abre la puerta. Él está esperando
para entrar en tu vida.
Esta metáfora ilustra el tipo de relación que Jesús quiere
tener con cada uno de nosotros. Ahora imagina el día en que te encuentres con
Jesús cara a cara, cuando coloques tu corona a sus pies en adoración junto a
una multitud incontable (Apoc. 4: 9-11; 5: 11-14). Cuando mires atrás e
intentes recordar tus pruebas terrenales y notes lo pequeñas que fueron en
comparación, ¿crees que en ese momento lamentarás el tiempo que pasaste con
Jesús aquí en la Tierra?
Jesús te está llamando ahora mismo, pero tienes que
decidir abrirle tu corazón. ¿Cómo puede motivarte a tomar esa decisión pensar
en la Cruz y en lo que significa?

Comentarios
Publicar un comentario