Lección 1 | Jueves 2 de abril
LA SAVIA
Permanecer en Cristo parece a veces muy difícil. Puede que
sepamos qué necesitamos, pero la prisa de la vida nos arrastra como un
torbellino y todo parece demasiado arduo. Seguir a Jesús puede parecer una
carga insufrible, especialmente para quienes son presionados a ello por
personas cuya versión de la religión es una rutina monótona basada en prácticas
externas que no son fruto de un corazón convertido. Nada más lejos de lo que
Dios desea, que es una relación cimentada en el amor mutuo, no solo en normas;
una relación que ocurre en respuesta a la iniciativa divina y se basa en el
amor y la libertad de elección.
A veces podemos estar parcialmente conectados a la Vid sin
estar realmente unidos a ella con cada fibra de nuestro ser. Podemos asistir a
la iglesia, orar y hacer lo correcto, aunque nos sentimos interiormente
marchitos. Lo cierto es que no podemos fingir que permanecemos en Jesús, así
como una rama no puede simular que está conectada a una vid. Dios nos amó
primero. Él dio el primer paso. Nuestra respuesta es siempre una reacción a lo
que Dios ha hecho primero por nosotros.
Si observamos cómo sobrevive una vid al invierno,
descubriremos un hecho fascinante: las yemas de las ramas se deshidratan y
quedan aisladas del sistema de crecimiento hasta la primavera. Cuando el suelo
se calienta, las raíces absorben agua y la savia fluye por el tronco hasta las
yemas, iniciando así el crecimiento. No habrá crecimiento sin la savia que
fluye a través de la vid.
La savia de una vid es como el Espíritu Santo en nuestra
vida. Podemos ser como una rama muerta, pero cuando decidimos pasar tiempo con
Dios, el Espíritu Santo se derrama en nosotros como la savia de las raíces y
nos da vida para que empecemos a crecer. Así como necesitamos tomar la decisión
de permanecer en Jesús, también debemos pedir que el Espíritu Santo (la savia)
fluya en nuestra vida.
Lee
Lucas 11: 13, junto con Jeremías 31:3, 1 Juan 4: 19 y Romanos 8: 9 al 11. ¿Cuál
es el mensaje esencial de esos textos para nosotros?
Luc 11:13 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar
buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el
Espíritu Santo a los que se lo pidan?
Jer 31:3 Jehová se manifestó a mí hace ya mucho
tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi
misericordia.
1Jn 4:19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó
primero.
Rom 8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino
según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno
no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
Rom 8:10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en
verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la
justicia.
Rom 8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los
muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús
vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en
vosotros.
El Espíritu Santo es quien produce el crecimiento y asegura
que florezcamos y permanezcamos conectados a la Vid. Necesitamos pedir
diariamente la presencia del Espíritu Santo, quien está aquí con nosotros en la
Tierra para:
• Ser nuestro Consolador (Juan 14:
16-18).
• Revelarnos a Jesús (Juan 15: 26).
• Convencernos de pecado (Juan 16: 7,
8).
• Guiarnos a toda la verdad (Juan 16:
13).
Lee nuevamente esa lista. ¿Cómo puede influir cada
aspecto de la obra del Espíritu Santo en tu relación con Dios?

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