Viernes 3 de abril | Lección 1
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
Dios nos amaba antes de que naciéramos y tenía un plan para
conocernos y para que lo conociéramos. Él nos busca como un buen Pastor a sus
ovejas y nos invita a permanecer en él cada día. Solo tenemos que decidir
responderle para que nuestra miseria y nuestra condición laodicense sean
reemplazadas por sus maravillosos dones (ver Apoc. 3: 18, 19).
Como ocurre con el desarrollo de las ramas de una vid,
nuestra relación con Dios puede crecer lentamente o acelerarse como resultado
de una lluvia muy necesaria. Independientemente del ritmo al que crezcamos y de
la abundancia de frutos que se produzcan en nuestra vida, necesitamos recibir
diariamente la «savia» del Espíritu Santo para asegurarnos de que seguimos
conectados a Jesús.
«“Estad en mí, y yo en vosotros”. El estar en Cristo
significa recibir constantemente de su Espíritu, una vida de entrega sin
reservas a su servicio. El conducto de comunicación debe mantenerse
continuamente abierto entre el hombre y su Dios. Como el sarmiento de la vid
recibe constantemente de la savia de la vid viviente, así hemos de aferrarnos a
Jesús y recibir de él por la fe la fuerza y la perfección de su propio
carácter» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 645).
«¿Cómo puede el retoño seco y desconectado unirse a la cepa
madre? ¿Cómo puede participar de la vida y del alimento de la vid viviente?
Solo siendo injertado en ella y estableciendo con ella la más estrecha relación
posible. Fibra a fibra, conducto a conducto, el sarmiento se aferra a la vid
vivificante hasta que la vida de ella se une a él y este produce frutos como
los de la vid» (Elena G. de White, Manuscrito 67, 1897).
PREGUNTAS
PARA DIALOGAR:
1. Reflexiona acerca de tu vida. ¿Puedes identificar algún
acontecimiento que te haya adormecido en una condición espiritual laodicense?
Por el contrario, ¿qué experiencias te han acercado más a Dios?
2. Elena G. de White habla de «recibir constantemente de su
Espíritu». ¿Con qué frecuencia oras pidiendo el Espíritu Santo? ¿Qué podría
cambiar en tu vida si recibieras al Espíritu Santo todos los días?
3. ¿Qué podría cambiar si oráramos como iglesia por el
Espíritu Santo con más fervor y regularidad?
4. Sé muy honesto, aunque te resulte doloroso, acerca de tu
relación con Dios. ¿Qué necesitas hacer para tener con él la relación que él
anhela, pero que tú obstaculizas?
RESUMEN: Para empezar a disfrutar de una relación creciente con Dios, debemos
antes considerar cómo es nuestra relación actual con él. Si es una relación
laodicense o nuestras ramas no están floreciendo y fructificando, Jesús tiene
la solución perfecta para nuestra condición espiritual: permanecer en él.

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