Miércoles 1° de abril | Lección 1
PERMANENCIA
Los discípulos siguieron a Jesús por las estrechas escaleras
desde el aposento alto hasta la calle. Mientras caminaban juntos hacia el
Getsemaní, en la que fue una de las noches más significativas de la historia de
la Tierra, probablemente no advirtieron cuán conmovedoras fueron algunas de las
últimas palabras que Jesús les dirigió mientras participaban de la última cena.
¿Qué
dijo Jesús en Juan 15: 1 al 11?
Jua 15:1 Yo soy
la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
Jua 15:2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo
quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
Jua 15:3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que
os he hablado.
Jua 15:4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el
pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así
tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Jua 15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que
permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí
nada podéis hacer.
Jua 15:6 El que en mí no permanece, será echado fuera
como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
Jua 15:7 Si permanecéis en mí, y mis palabras
permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
Jua 15:8 En esto es glorificado mi Padre, en que
llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
Jua 15:9 Como el Padre me ha amado, así también yo os
he amado; permaneced en mi amor.
Jua 15:10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis
en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco
en su amor.
Jua 15:11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo
esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
Estas palabras pronunciadas por Jesús describen cómo es una
relación estrecha con Dios. La palabra permanecer se repite diez veces.
Permanecer en Jesús es vivir en conexión con él.
Al enfrentarse a la Cruz, Jesús no solo enfatizó la gran
importancia de permanecer unidos a él, sino también expuso de forma clara y
sencilla el aspecto práctico de lo que eso significa en nuestra vida. Jesús es
la Vid; nosotros, las ramas o sarmientos. Habrá fruto en nosotros como
resultado de nuestra permanencia en él. No podemos producir ese fruto por
nosotros mismos. Podría parecer que permanecemos en Jesús sin que ese sea el
caso, pero la evidencia de que no estamos conectados a él es la falta de fruto
en nuestra vida y la muerte de nuestras ramas. Si estamos marchitos, el Viñador
finalmente cortará las ramas. Independientemente de que demos fruto o no,
nuestras ramas serán podadas.
Todos enfrentamos desafíos y momentos dolorosos. Si
permanecemos en Jesús, esos momentos producirán más fruto a largo plazo. Dar
fruto para su gloria, no para la nuestra, confirma que somos discípulos de
Jesús. Permanecer en Jesús significa guardar sus mandamientos, que son un
reflejo de su hermoso carácter de amor. Además, la permanencia en él produce
gran gozo. Permanecer en Jesús significa hacer lo que él nos pide. «En esto
consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos. Y estos no son difíciles
de cumplir» (1 Juan 5: 3, NVI).
Permanecer en Jesús es uno de los antídotos contra nuestra
condición laodicense (Apoc. 3: 20; Juan 15: 4) y el gran secreto de una vida
plena y con sentido en la Tierra y por la eternidad. Sin embargo, cuán
fácilmente olvidamos este consejo de Jesús.
En última instancia, Jesús nos dice a cada uno: «Como el
Padre me amó, también yo los he amado. Permanezcan en mi amor» (Juan 15: 9). El
amor de Jesús es la poderosa cuerda que nos atrae hacia él. Cuando conocemos
este amor, nos sentimos profundamente movidos a responder a Dios y a los demás
con amor.

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