Viernes 27 de marzo | Lección 13
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
“Cuando el alma se entrega a Cristo, un nuevo poder se
posesiona del nuevo corazón. Se realiza un cambio que ningún hombre puede
realizar por su cuenta. Es una obra sobrenatural, que introduce un elemento
sobrenatural en la naturaleza humana. El alma que se entrega a Cristo llega a
ser una fortaleza suya, que él sostiene en un mundo en rebelión, y él no quiere
que otra autoridad sea reconocida en ella sino la suya. Un alma así guardada en
posesión por los agentes celestiales es inexpugnable para los asaltos de
Satanás. Pero, a menos que nos entreguemos al dominio de Cristo, seremos
dominados por el Malvado. Debemos estar inevitablemente bajo el dominio de uno
o de otro de los dos grandes poderes que están contendiendo por la supremacía
del mundo. No es necesario que elijamos deliberadamente servir al reino de las
tinieblas para pasar bajo su dominio. Basta que descuidemos de aliarnos con el
reino de la luz. Si no cooperamos con los agentes celestiales, Satanás se
posesionará de nuestro corazón y lo hará su morada. La única defensa contra el
mal es Cristo morando en el corazón por medio de la fe en su justicia. A menos
que lleguemos a estar conectados vitalmente con Dios, jamás podremos resistir
los efectos profanos del egoísmo, de la complacencia propia y de la tentación a
pecar. Podemos dejar muchos malos hábitos y por un tiempo separarnos de
Satanás; pero, sin una conexión vital con Dios a través de nuestra entrega a él
momento tras momento, seremos vencidos. Sin un conocimiento personal de Cristo
y una comunión continua, estamos a la merced del Enemigo, y al fin haremos lo
que nos ordene” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes [Florida: ACES,
2008], p. 291).
PREGUNTAS
PARA DIALOGAR:
1. Considera la cita anterior de Elena de White. Por hiriente
que resulte para la sensibilidad humana, solo hay dos bandos en el Gran
Conflicto, y estamos en el de Satanás a menos que elijamos conscientemente a
Cristo (Luc. 11:23). En vista de ello, ¿cuán crucial es que entreguemos nuestra
voluntad a Jesús?
2. Lee Apocalipsis 14:14-16. La lluvia temprana del
Pentecostés permitió que la semilla del evangelio brotara y creciera, mientras
que la lluvia tardía prepara la Tierra para la cosecha final. ¿Cómo se
relaciona Apocalipsis 14:12 con esa perspectiva?

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