Miércoles 25 de marzo | Lección 13
VIVIR EN EL MUNDO SIN PERTENECER AL MUNDO
Lee Colosenses 4:14, 15 y 2 Timoteo 4:10, 11. ¿En qué
se distinguía Lucas de Demas y por qué?
Col 4:14 Os saluda Lucas el médico amado, y Demas.
Col 4:15 Saludad a los hermanos que están en Laodicea,
y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa.
2Ti 4:10 porque Demas me ha desamparado, amando este
mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia.
2Ti 4:11 Sólo Lucas(está conmigo. Toma a Marcos y tráele
contigo, porque me es útil para el ministerio.
El apóstol Juan nos dice: “No amen al mundo, ni lo que hay en
el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan
2:15). El amor de Lucas por Jesús y su reino lo llevó a permanecer junto a
Pablo hasta el final sin importar lo que ocurriera, mientras que Demas amaba
más este mundo que el venidero.
Lee los siguientes pasajes. ¿Qué consejo se da a los
que esperan la Segunda Venida? Marcos 13:32–37, Tito 2:11–14; 2 Pedro 3:10–14; Apocalipsis
3:17–21
Mar 13:32 Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni
aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.
Mar 13:33 Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo
será el tiempo.
Mar 13:34 Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su
casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó
que velase.(I)
Mar 13:35 Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá
el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo,
o a la mañana;
Mar 13:36 para que cuando venga de repente, no os halle
durmiendo.
Mar 13:37 Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo:
Velad.
Tit 2:11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado
para salvación a todos los hombres,
Tit 2:12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y
a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,
Tit 2:13 aguardando la esperanza bienaventurada y la
manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,
Tit 2:14 quien se dio a sí mismo por nosotros para
redimirnos de toda iniquidad y purificar
para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.
2Pe 3:10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en
la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos
ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán
quemadas.
2Pe 3:11 Puesto que todas estas cosas han de ser
deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,
2Pe 3:12 esperando y apresurándoos para la venida del
día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los
elementos, siendo quemados, se fundirán!
2Pe 3:13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas,
cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.
2Pe 3:14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de
estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e
irreprensibles, en paz.
Apo 3:17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he
enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un
desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
Apo 3:18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres
oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte,
y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio,
para que veas.
Apo 3:19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo;(H)
sé, pues, celoso, y arrepiéntete.
Apo 3:20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si
alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él
conmigo.
Apo 3:21 Al que venciere, le daré que se siente
conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su
trono.
Jesús y los apóstoles nos advierten con frecuencia que
“velemos”, que estemos alerta y preparados en todo momento para que la venida
del Maestro no nos tome por sorpresa. Lamentablemente, al igual que los
discípulos que no hicieron caso al mandato de Jesús de “velar y orar” (Mar.
14:38), muchos no harán los preparativos necesarios. Todo se reduce a quién o
qué es dueño de nuestro corazón, ya que no podemos servir a dos señores.
En el mensaje a Laodicea, Jesús nos da una receta clara.
Primero, debemos arrepentirnos de nuestros pecados. Segundo, debemos abrir
nuestros corazones a Jesús y dejar que él tome el control. Tercero, como
resultado de lo anterior, recibir el “oro” de la fe y el amor, probados y
victoriosos sobre la tentación.
¿De qué cosas específicas podría estar pidiéndote
Jesús que te arrepientas? ¿Qué parte de su triple receta necesitas más?

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