Lección 2 | Lunes 6 de abril
DIOS ES SANTO
La palabra «santidad» no es muy utilizada actualmente, quizá porque hay
muy pocas cosas santas a nuestro alrededor. El sábado es un día santo, al igual
que Dios. Pero nuestra vida cotidiana carece de santidad. Si estudias los
atributos que más se asocian con el carácter de Dios, descubrirás que la
santidad está en el centro de lo que él es. ¿Qué significa eso?
¿Cómo
describen a Dios los siguientes pasajes? Levítico 20: 26; 1 Samuel 2: 2;
Isaías 57: 15; Ezequiel 38: 23.
Lev 20:26
Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he
apartado de los pueblos para que seáis míos.
1Sa 2:2 No hay
santo como Jehová;
Porque no hay
ninguno fuera de ti,
Y no hay
refugio como el Dios nuestro.
Isa 57:15
Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo
nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado
y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para
vivificar el corazón de los quebrantados.
Eze 38:23 Y
seré engrandecido y santificado, y seré conocido ante los ojos de muchas
naciones; y sabrán que yo soy Jehová.
Cuando la Biblia describe a Dios como la expresión insuperable de la
santidad, significa que él está totalmente separado del mal y del pecado. Dios
es 100 % santo. En este sentido, la santidad de Dios es el fundamento de
todos sus demás atributos.
Por ejemplo, el amor de Dios es puro, santo y libre de egoísmo. Su
omnisciencia es santa, lo que significa que está libre de malas intenciones.
¿Confiarías en un Dios omnisciente que no fuera santo? Claro que no. En ese
caso, le temeríamos, y con razón.
La omnipotencia de Dios es santa. Imagina a un Dios omnipotente pero no
santo. Podría ser un tirano poderoso y malvado. Solo la santidad de Dios hace
posible que lo amemos de verdad, pues significa que él es totalmente bueno. En
consecuencia, la santidad es quizá la característica más importante que
necesitamos entender del carácter de Dios. Sin embargo, es tal vez una de las
menos comprendidas.
Piensa en personajes bíblicos como Moisés, Isaías, Ezequiel, Daniel y
Juan, quienes estuvieron ante Dios. ¿Cuál fue su primera reacción? Se quitaron
el calzado, ocultaron su rostro o cayeron como muertos. Como seres humanos
pecadores, no podemos soportar estar en la presencia de Dios. Cualquier ser
humano que viera el rostro de Dios moriría. Del mismo modo, cuando Elena G. de
White tenía una visión, a menudo exclamaba: «Santo, santo, santo», porque era
la palabra que parecía expresar mejor lo que veía. En consonancia con ello, los
cuatro seres vivientes que están ante el trono de Dios no dejan de exclamar:
«¡Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, que era, que es y que ha
de venir!» (Apoc. 4: 8).
Dios es pura santidad, y cuando nos acercamos a él debemos
verlo como tal. ¿Cuán inspirador es esto para ti? ¿Cómo te desafía esto en
relación con tu carácter?

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