Lección 3 | Martes 14 de abril
MOISÉS, UN SIERVO HUMILDE
Los grandes salones del palacio egipcio presumían de
opulencia, placer y comodidad. «Moisés fue enseñado en toda la sabiduría de los
egipcios, y era poderoso en palabras y hechos» (Hech. 7: 22). Una vida de
poder, riqueza y popularidad eran suyas, pero Moisés eligió algo muy diferente.
«No tiene par como historiador, poeta, filósofo, general y legislador. Con el
mundo a su alcance, tuvo fuerza moral para rehusar las halagüeñas perspectivas
de riqueza, grandeza y fama, “prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios,
antes que gozar de los deleites temporales del pecado”» (Elena G. de White,
Patriarcas y profetas, p. 224).
¿Qué
dice Hebreos 11: 24 al 26 acerca de por qué Moisés eligió un rumbo diferente y
se humilló?
Heb 11:24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó
llamarse hijo de la hija de Faraón,
Heb 11:25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo
de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado,
Heb 11:26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de
Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el
galardón.
La humildad posterior de Moisés es notable en vista de cuán
poderoso era y de su distinguido origen. Sin embargo, por un acto pecaminoso e
impulsivo (Éxo. 2: 12), perdió la confianza en sí mismo y su autosuficiencia.
Con las montañas como las paredes de su aula y con su orgullo puesto a un lado,
durante cuarenta años Moisés fue instruido por Dios acerca de lo que necesitaba
saber para guiar a una nación fuera de la esclavitud y rumbo a la Tierra
Prometida. El poder y las riquezas de lo que podría haber sido otra vida en
Egipto perdieron su relativo brillo cuando Moisés consideró la Eternidad. Dios
lo había llamado, y Moisés lo siguió.
Tal vez lo más significativo en relación con este tema es que
«Moisés era un hombre muy manso, el más humilde de la tierra» (Núm. 12: 3).
Moisés, uno de los grandes patriarcas de la Biblia, es conocido por su humildad
y mansedumbre. Piensa en cuán diferentes habrían sido su vida y su liderazgo si
el orgullo hubiera penetrado en cada uno de los grandes acontecimientos de su
vida: la zarza ardiente, las plagas de Egipto, el cruce del Mar Rojo, la
provisión celestial de maná, su comunicación directa con Dios, la recepción de
los Diez Mandamientos y el hecho de escuchar las palabras de Dios después de
que Moisés golpeó la roca.
Reflexiona acerca de tu vida. Si alguien tuviera que
describirte, ¿diría que eres «humilde» o «manso»? ¿Por qué sí o por qué no? La
verdad es que no podemos ser humildes por nosotros mismos. Necesitamos tanto a
Jesús porque el pecado forma parte de nuestra vida.
Escucha o lee la letra del himno «Prefiero a mi Cristo»
(Himnario adventista, Nº 269) y considera estas palabras en relación con la
vida de Moisés y la tuya.

Comentarios
Publicar un comentario