Lección 4 | Lunes 20 de abril
LA AUTORIDAD DE LAS ESCRITURAS
La
autoridad y la función de la Biblia están claramente afirmadas en sus páginas.
Lee 2 Timoteo 3: 15 al 17 y toma nota de lo que estos versículos dicen acerca
de la función de la Biblia.
2Ti 3:15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas
Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es
en Cristo Jesús.
2Ti 3:16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil
para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,
2Ti 3:17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,
enteramente preparado para toda buena obra.
Al estudiar la Biblia, no debemos pretender que ella sirva a
nuestros propósitos o concuerde con nuestros puntos de vista, pues pueden ser
diferentes de los de Dios. Tampoco debemos usar el método que consiste en
cerrar los ojos y elegir un texto cualquiera, al azar, ya que Dios no se
comunica de esa manera con nosotros por medio de su Palabra. Dios no es una
marioneta —que se maneja con hilos—, dispuesta a responder a nuestros caprichos
y voluntad. Sus caminos y pensamientos son mucho más elevados que los nuestros
(Isa. 55: 9), por lo que nunca debemos tratar de controlar las palabras
que nos dirige. Tampoco debemos escoger las partes de la Biblia que nos
resulten más cómodas. Por el contrario, debemos considerar la Biblia como un
todo, en lugar de leer los pasajes sencillos y conocidos mientras dejamos a un
lado los que nos plantean desafíos. Si en verdad queremos que Dios nos hable
por medio de su Palabra, debemos acercarnos a ella como un todo y utilizar
métodos sólidos cuando nos dediquemos a su estudio cuidadoso, confiando en que
Dios nos revelará lo que necesitemos cuando lo necesitemos.
Además, Jesús dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, con toda tu alma y toda tu mente» (Mat. 22: 37). Dios no pretende que
prescindamos de nuestro raciocinio, sino que desea informar la mente humana con
su vasto conocimiento y comprensión, los cuales se revelan, en parte, en su
Palabra. La Biblia registra numerosos diálogos que Dios sostuvo con personas
como Enoc, Abraham, Moisés y Job, además de los que Jesús mantuvo con muchas
personas durante su ministerio terrenal. Dios no pasa por alto la razón humana,
sino que nos invita a someterla a su Palabra y su sabiduría a la hora de
cooperar en nuestra salvación.
No obstante, la razón humana sigue siendo humana y, como tal,
es susceptible de cometer errores y de ser víctima de engaños. No es infalible.
Es posible que la razón haga a un lado a Dios para tratar de resolver las cosas
por su cuenta, lo que implica colocar al yo a la par de Dios o por encima de él
a la hora de pensar. Las personas pueden acercarse a la Escritura con un
espíritu arrogante y crítico, pensando que ya lo han oído todo y que no hay
nada nuevo. Cuando nos sentimos importantes, seguros de nosotros mismos,
autosuficientes y sin necesidad de nada, descuidamos nuestra relación con Dios
y confiamos en nuestro propio conocimiento limitado y en nuestro raciocinio
defectuoso y falible.

Comentarios
Publicar un comentario