Jueves 23 de abril | Lección 4
LA CONDICIÓN DEL CORAZÓN
Nuestra
capacidad para recibir instrucción de la Palabra de Dios (Job 22: 22)
depende en gran medida de nuestra condición espiritual cuando acudimos a ella.
¿Cómo explica esto 1 Corintios 2: 14?
Job 22:22 Toma ahora la ley de su boca,
Y pon sus palabras en tu corazón.
1Co 2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas
que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede
entender, porque se han de discernir espiritualmente.
Puesto que el discernimiento espiritual es la capacidad de
comprender las cosas espirituales, hay una gran diferencia entre las
conclusiones de quienes tienen una mente abierta a lo espiritual y quienes no.
Alguien que piensa que la Biblia es una tontería no será capaz de percibir la
verdad en sus páginas.
Nuestra
actitud hacia la Biblia y nuestra forma de leerla son muy importantes para
crecer en nuestra relación con Dios. ¿Cómo explica esto Pablo en 1
Tesalonicenses 2: 13?
1Ts 2:13 Por lo cual también nosotros sin cesar damos
gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de
nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad,
la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.
La Palabra de Dios obra en nosotros cuando creemos. Cuando
abres tu Biblia y crees que Dios tiene algo que decirte a través de ella, él te
hablará y obrará en tu vida. Mucho depende de tu fe y de tus expectativas. La
buena noticia es que, aunque tu fe sea muy pequeña, Dios puede hacerla crecer
(Mar. 9: 24; Luc. 17: 6).
Uno de los grandes propósitos de la Biblia es mostrarnos el
estado de nuestra relación con Dios y decirnos cómo fortalecerla. Si tu corazón
está abierto al Espíritu Santo y te acercas a la Palabra con humildad,
experimentarás una transformación, aunque no siempre la percibas
inmediatamente, pues ese cambio y ese crecimiento suelen ser graduales. Pero si
nos aferramos a nuestra apatía y pecado y no estamos dispuestos a cambiar, la
lectura de la Biblia puede servirnos de poco. El Espíritu Santo nos impulsa a acercarnos
más a Jesucristo. ¿Queremos acercarnos? Si es así, llegaremos a ser «sabios
para salvación» (2 Tim. 3: 15) y veremos cosas que ni siquiera
imaginábamos.
¿Con qué actitud me acerco a la Biblia? ¿Busco en
ella justificaciones para mis opiniones preconcebidas o me acerco a ella con
una mente abierta y la disposición a ver lo que Dios quiere mostrarme? ¿Por qué
es tan importante la respuesta a esa pregunta?

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