Lección 10 | Lunes 1° de junio
DIRECTIVAS DEL ESPÍRITU SANTO
Al pensar en el distanciamiento que se había producido entre
su esposa y él, supo que se había equivocado. Había sido descortés con ella y
había dicho algunas cosas de las que se arrepentía. Sin embargo, su siguiente
pensamiento fue: «¿Acaso no se lo merecía, aunque solo fuera un poco?».
¿Te resulta familiar este proceso mental? Es fácil pasar de
un sentimiento de remordimiento a una justificación de nuestros pensamientos y
acciones. No siempre es fácil decir «perdóname» cuando hemos hecho algo malo,
pero es esencial para reconstruir o fortalecer cualquier relación.
Lo mismo ocurre entre nosotros y Dios. El Espíritu Santo a
menudo nos insta a pensar en los pecados que cometemos. Nuestros corazones se
conmueven a causa de estos impulsos, pero puede resultar sencillo acallar esa
voz apacible y tenue mientras justificamos por qué actuamos de cierta manera.
Una de las funciones del Espíritu Santo es «convencer al mundo de pecado» (Juan
16: 7, 8). Esa convicción producida por el Espíritu es un maravilloso regalo
divino (Luc. 11: 13) que necesitamos para resolver cualquier distanciamiento en
nuestra relación con él.
Lee
Oseas 6. ¿Qué notas específicamente aquí acerca de cómo Dios se describe a sí
mismo en su llamado al arrepentimiento?
Ose 6:1 Venid y volvamos a Jehová; porque él
arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.
Ose 6:2 Nos dará vida después de dos días; en el
tercer día nos resucitará,(A) y viviremos delante de él.
Ose 6:3 Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a
Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la
lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.
Ose 6:4 ¿Qué haré a ti, Efraín? ¿Qué haré a ti, oh
Judá? La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la
madrugada, que se desvanece.
Ose 6:5 Por esta causa los corté por medio de los
profetas, con las palabras de mi boca los maté; y tus juicios serán como luz
que sale.
Ose 6:6 Porque misericordia quiero, y no sacrificio,
y conocimiento de Dios más que holocaustos.
Ose 6:7 Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto;
allí prevaricaron contra mí.
Ose 6:8 Galaad, ciudad de hacedores de iniquidad,
manchada de sangre.
Ose 6:9 Y como ladrones que esperan a algún hombre,
así una compañía de sacerdotes mata en el camino hacia Siquem; así cometieron
abominación.
Ose 6:10 En la casa de Israel he visto inmundicia; allí
fornicó Efraín, y se contaminó Israel.
Ose 6:11 Para ti también, oh Judá, está preparada una
siega, cuando yo haga volver el cautiverio de mi pueblo.
Considera el papel del Espíritu Santo en el proceso de
reimplantarnos en la Vid (Juan 15: 4). «A menudo nos apenamos porque nuestras
malas acciones nos producen consecuencias desagradables, pero eso no es
arrepentimiento. El verdadero pesar por el pecado es el resultado de la obra
del Espíritu Santo. El Espíritu revela la ingratitud del corazón que ha
despreciado y agraviado al Salvador, y nos trae contritos al pie de la Cruz.
Cada pecado vuelve a herir a Jesús [...], lloramos por los pecados que le produjeron
angustia. Una tristeza tal nos inducirá a renunciar al pecado» (Elena G. de
White, El Deseado de todas las gentes, pp. 271, 272).
No podemos crecer en nuestra relación con Dios cuando el
pecado elegido y acariciado se interpone entre nosotros y él. No podemos ser
perfectos, pero podemos y debemos arrepentirnos de nuestros pecados cuando el
Espíritu Santo nos los trae a la mente (Efe. 4: 30).
¿Cuándo fue la última vez que fuiste reprendido o
llamado al arrepentimiento? ¿Cómo respondiste? Ora ahora mismo pidiendo a Dios
que enternezca tu corazón y abra tus oídos a su voz por medio de su Palabra
esta semana.

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