Jueves 4 de junio | Lección 10
LA VESTIDURA MÁS COSTOSA
La ropa costosa y elegante define con frecuencia a los ricos,
según los criterios mundanos. Algunas personas dicen: «Me visto así para
mostrar quién soy». Pero en el Cielo, solo nuestras relaciones permanecerán
(Mat. 6: 19-21). Nuestra identidad personal debe estar envuelta en Jesús y en
su perfecto manto de justicia.
Lee en
Mateo 22: 1 al 14 la parábola que Jesús contó para explicar esto. ¿Qué mensajes
puedes encontrar en ella?
Mat 22:1 Parábola de la fiesta de bodas
Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:
Mat 22:2 El reino de los cielos es semejante a un rey
que hizo fiesta de bodas a su hijo;
Mat 22:3 y envió a sus siervos a llamar a los
convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.
Mat 22:4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo:
Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales
engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.
Mat 22:5 Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a
su labranza, y otro a sus negocios;
Mat 22:6 y otros, tomando a los siervos, los
afrentaron y los mataron.
Mat 22:7 Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus
ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.
Mat 22:8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la
verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.
Mat 22:9 Id, pues, a las salidas de los caminos, y
llamad a las bodas a cuantos halléis.
Mat 22:10 Y saliendo los siervos por los caminos,
juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas
fueron llenas de convidados.
Mat 22:11 Y entró el rey para ver a los convidados, y
vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.
Mat 22:12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin
estar vestido de boda? Mas él enmudeció.
Mat 22:13 Entonces el rey dijo a los que servían:
Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el
lloro y el crujir de dientes.(A)
Mat 22:14 Porque muchos son llamados, y pocos
escogidos.
Jesús llamó «amigo» al hombre que estaba sin la vestimenta
adecuada para la fiesta de boda. A pesar del silencio de aquel hombre ante la
observación, existía sin duda una relación entre ambos. El hombre conocía
seguramente la vestimenta apropiada para la ocasión, pero había decidido no
usarla. El carácter de Jesús es perfecto e inmaculado, y nos lo ofrece para que
nos vistamos «de lino fino, limpio y resplandeciente» (Apoc. 19: 8), «sin
mancha ni arruga ni cosa semejante» (Efe. 5: 27).
El lino blanco «es la justicia de Cristo, su propio carácter
sin mancha, que por la fe se imparte a todos los que lo reciben como Salvador
personal» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 256).
Adán y Eva vestían un manto blanco de tenue luz antes de
pecar, después de lo cual se dieron cuenta de que estaban desnudos (Gén. 3: 7).
Entonces Dios sustituyó la túnica de hojas de higuera hecha por ellos por una
vestidura hecha con pieles de animales, lo que requirió un sacrificio. De
manera semejante, aceptamos el sacrificio de Jesús al aceptar su manto de
justicia. «Desnudos y avergonzados, procuraron suplir la falta de los mantos
celestiales cosiendo hojas de higuera para cubrirse. [...]
»Nadie puede fabricar alguna prenda que pueda ocupar el lugar
de su perdido manto de inocencia. Ningún manto hecho de hojas de higuera,
ningún vestido común a la costumbre mundana, podrán emplear aquellos que se
sienten con Cristo y los ángeles en la cena de las bodas del Cordero.
»Únicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede
hacernos dignos de aparecer ante la presencia de Dios. Cristo colocará ese
manto, esa ropa de su propia justicia sobre cada alma arrepentida y creyente»
(Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 257).
Debemos revestirnos diariamente con el manto de
justicia de Jesús. ¿Qué significa esto y cómo podemos hacerlo?

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