Martes 5 de mayo | Lección 6
ENOC PRACTICABA LO QUE PREDICABA
Lee Génesis 5: 22 al 24. ¿Qué sabemos, en verdad,
acerca de Enoc?
Gén 5:22 Y caminó Enoc con Dios, después que engendró
a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas.
Gén 5:23 Y fueron todos los días de Enoc trescientos
sesenta y cinco años.
Gén 5:24 Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció,
porque le llevó Dios.
La Biblia no dice mucho acerca de la vida de Enoc, pero sí
que caminó con Dios durante trescientos años, hasta que Dios lo llevó al Cielo.
¡Cuán hermoso es que la devoción constante de una persona a Dios sea lo que
defina su vida! Enoc era «constante en la oración» (Rom. 12: 12) y se mantenía
cada día cerca de Dios, por medio de la fe, en sus circunstancias y
experiencias. El mundo se volvía cada vez más malvado en sus días, pero Enoc se
mantenía ocupado sirviendo a Dios pues sabía que eso solamente era posible si
permanecía en comunión con él.
«En medio de una vida de activa labor, Enoc mantenía
fielmente su comunión con Dios. Cuanto más intensas y urgentes eran sus
labores, tanto más constantes y fervorosas eran sus oraciones. [...] Después de
permanecer algún tiempo entre la gente, trabajando para beneficiarla mediante
la instrucción y el ejemplo, se retiraba con el fin de estar solo, para
satisfacer su sed y hambre de aquella divina sabiduría que únicamente Dios
puede dar. Manteniéndose así en comunión con Dios, Enoc llegó a reflejar más y
más la imagen divina. Tenía el rostro radiante de una santa luz, semejante a la
que resplandece del rostro de Jesús. Cuando regresaba de estar en comunión con
Dios, hasta los impíos miraban con reverencia ese sello del cielo en su
semblante» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 66).
Dios no nos pide que vivamos como ermitaños o monjes, tan
separados del mundo que no seamos útiles en la Tierra. Como Enoc, podemos ser
productivos y conscientes de las necesidades que nos rodean, pero Dios
solamente puede reflejar su maravilloso carácter a través de nosotros si
mantenemos una relación estable y duradera con él.
Podemos orar en cualquier momento y lugar. No hay ningún
lugar en la Tierra donde Dios no nos vea u oiga (Sal. 139: 7-12). Él siempre
escucha el clamor de nuestro corazón, sin importar dónde estemos (lee Lam. 3:
55-57). Sin embargo, hay una ventaja en el hecho de orar audiblemente, ya que
cuando lo hacemos solo mentalmente es más factible que el pensamiento se desvíe
hacia otros temas. A diferencia de ello, cuando oramos en voz audible, ya sea
como un susurro o en nuestro tono habitual, ello sirve como una especie de
recordatorio de que Dios es real, que nos está escuchando y que tenemos algo
específico acerca de lo cual dialogar con él.
¿Dónde o cómo susurrarás hoy una oración como parte
de tu comunión con Jesús?

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