Lección 6 | Lunes 4 de mayo
LA POSTURA DURANTE LA ORACIÓN
Cuando tenemos algún problema serio, la mayoría de nosotros
llamamos a un amigo íntimo para hablar con él acerca de ello. Cuando tenemos
buenas noticias, buscamos a alguien con quien compartirlas. Podemos hacer lo
mismo con Dios, ya que «orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a
un amigo» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 138).
La oración no solo nos mantiene conectados con Dios, sino
también dice al Diablo a quién pertenecemos. Nuestra oración matutina de
rodillas es una declaración que hacemos a los poderes de las tinieblas de que
elegimos a Dios. Además, Dios responde a esa oración enviando a sus ángeles
para que nos fortalezcan y nos resguarden de nuestro Enemigo, el Príncipe de
las tinieblas (Sal. 91).
El hecho de arrodillarse en actitud de sumisión expresa una
disposición humilde y se diferencia de orar sentado o reclinado, aunque también
podemos orar de esta manera. Sin embargo, cuando nos arrodillamos ante Dios,
nuestro corazón se rinde más fácilmente, ya que nuestro cuerpo y nuestras
palabras declaran que él es soberano y que somos sus hijos creados.
Lee los siguientes pasajes bíblicos y considera la
vida de estas personas que oraron de rodillas: Daniel 6: 10; Lucas 22: 41;
Hechos 7: 60; 9: 40 y 20: 36.
Dan 6:10 Cuando Daniel supo que el edicto había sido
firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia
Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de
su Dios, como lo solía hacer antes.
Luc 22:41 Y él se apartó de ellos a distancia como de
un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,
Hch 7:60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz:
Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.
Hch 9:40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de
rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió
los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó.
Hch 20:36 Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de
rodillas, y oró con todos ellos.
Orar de pie era una práctica común en los tiempos bíblicos (2
Crón. 20: 5, 6, 13; 1 Sam. 1: 26; Job 30: 20; Luc. 18: 11). La Biblia
también comparte ejemplos de personas que oraron sentadas (2 Sam. 7: 18; 2 Rey.
4: 38). Otros se postraban ante Dios, con el rostro en tierra, aunque esta
postura estaba más bien asociada con la sumisión ante un superior (1 Rey. 1:
47; Mar. 14: 35).
¿Cuál es tu postura habitual cuando oras? La Biblia no exige
una en particular, pero esta es importante, pues refleja nuestra reverencia,
nuestros sentimientos y nuestro deseo de aceptar la soberanía de Dios en
nuestra vida. Algunas personas están imposibilitadas de arrodillarse, pero lo
que importa es la postura del corazón. Si puedes arrodillarte, pero normalmente
no lo haces, hazlo la próxima vez que ores y nota cómo influye eso en la
calidad de tu diálogo con Dios.
La Biblia nos invita a orar sin cesar (1 Tes. 5: 17), lo que
implica perseverancia (Col. 4: 2) y constancia (Rom. 12: 12). Dirige ahora
mismo tus pensamientos a Dios y háblale como a tu Amigo mientras estás de pie,
sentado, reclinado o caminando.

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