Lección 6 | Viernes 8 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
En última instancia, debemos orar porque amamos mucho a Dios
y porque no podemos evitar compartir con él todo lo que ocurre en nuestra vida:
nuestras alegrías y victorias, nuestras cargas y preocupaciones, nuestras
peticiones y necesidades cotidianas. «Podemos mantenernos tan cerca de Dios que
en cualquier prueba inesperada, nuestros pensamientos se vuelvan hacia él tan
naturalmente como la flor se vuelve hacia el sol.
»Presenta a Dios tus necesidades, tristezas, gozos,
preocupaciones y temores; no puedes incomodarlo ni agobiarlo. El que tiene
contados los cabellos de tu cabeza no es indiferente a las necesidades de sus
hijos […]. Nuestras aflicciones conmueven su tierno corazón, especialmente
cuando las compartimos con él. Llévale todo lo que confunde. No hay carga que
resulte tan pesada que él no la pueda sobrellevar; pues él sostiene los mundos
y rige el devenir del universo. Nada que de alguna manera afecte nuestra paz es
tan pequeño que él no lo note. No hay en nuestra experiencia ningún episodio
tan oculto que él no lo haya conocido, ni perplejidad tan grande que no la
pueda solventar. Ninguna calamidad puede ocurrirle al más humilde de sus hijos,
ninguna ansiedad puede asaltarlo, ningún gozo alegrarlo, ninguna oración
sincera surgir de los labios, sin que el Padre celestial lo perciba y sin que
él se tome en ello un interés inmediato. […] Las relaciones entre Dios y cada
persona son tan especiales y únicas como si no hubiera habido otra de la que
ocuparse ni por la cual haber entregado a su Hijo amado» (Elena G. de White, El
camino a Cristo, pp. 148, 149).
PREGUNTAS
PARA DIALOGAR:
1. ¿Describirías la oración como algo hermoso o como una
carga? ¿Qué ha contribuido a tu perspectiva?
2. La cita anterior contiene muchos mensajes perspicaces.
¿Qué pensamiento resuena especialmente en ti después de leerla?
3. ¿Con cuál de las tres vidas de oración estudiadas esta
semana (Daniel, Enoc y Moisés) te sientes más identificado?
RESUMEN:
Cuando leemos en la Biblia acerca de los gigantes de la
oración, es fácil pensar que no podemos tener una relación tan estrecha con
Dios o estar tan comprometidos con él. Pero sí podemos. Como Daniel, podemos
ser firmes y fieles en arrodillarnos cada día a pesar de la oposición. Como
Enoc, podemos decidir caminar y hablar con Dios, recurriendo a él antes de
hacer el trabajo para el que nos ha llamado. Como Moisés, podemos guiar a
quienes se encuentran en nuestra esfera de influencia e interceder por nuestras
familias y por los miembros de nuestras comunidades si decidimos permanecer
bajo la sombra protectora del Todopoderoso, nuestro Líder y Amigo.

Comentarios
Publicar un comentario