Lección 7 | Martes 12 de mayo
JESÚS NOS ENSEÑA CÓMO ORAR
En tiempos de Jesús, las oraciones prolongadas y
cuidadosamente elaboradas, llenas de palabras complejas y a menudo memorizadas,
eran muy apreciadas. Jesús no tenía nada bueno que decir acerca de este tipo de
oraciones (ver Mat. 6: 5-8), sino que las definió como lo que eran: ostentosas
muestras de presunta «piedad».
Los discípulos vieron orar a Jesús y sabían que la oración
era una parte vital de su vida (ver Mar. 1: 35; 6: 46; Luc. 5: 16; 6: 12; 9:
18; 22: 12; 24: 30). Mientras observaban al Maestro, notaron un contraste con
los líderes religiosos y se dieron cuenta de que la oración era algo mucho más
importante que lo que habían pensado. Por lo tanto, se acercaron a Jesús y le
pidieron: «Señor, enséñanos a orar» (Luc. 11: 1).
Jesús enseñó a sus discípulos (y a nosotros) que podemos orar
con sencillez y en un lenguaje cotidiano, y que nuestras oraciones deben ser
sinceras.
Lee Lucas 11: 2 al 4 y Mateo 6: 5 al 15, y observa los
siguientes aspectos de la oración que Jesús enseñó:
Luc 11:2 Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre
nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino.
Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
Luc 11:3 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Luc 11:4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también
nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas
líbranos del mal.
Mat 6:5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas;
porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las
calles, para ser vistos de los hombres;(B) de cierto os digo que ya tienen su
recompensa.
Mat 6:6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y
cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo
secreto te recompensará en público.
Mat 6:7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como
los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
Mat 6:8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos;
porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le
pidáis.
Mat 6:9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro
que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
Mat 6:10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en
el cielo, así también en la tierra.
Mat 6:11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Mat 6:12 Y perdónanos nuestras deudas, como también
nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Mat 6:13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del
mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.
Mat 6:14 Porque si perdonáis a los hombres sus
ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
Mat 6:15 mas si no perdonáis a los hombres sus
ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
• «Padre nuestro que estás en los cielos»:
Necesitamos reconocer nuestra relación personal con el Padre de todos los seres
humanos.
• «Santificado sea tu nombre»:
Reconocer la santidad de Dios nos acerca a él con reverencia y respeto.
• «Venga tu reino»: Anhelemos el
regreso de Jesús y la presencia del Espíritu Santo hasta que ocurra la Segunda
Venida.
• «Sea hecha tu voluntad en la tierra
como en el cielo»: Aceptemos la soberanía divina y pidamos que se haga la
voluntad de Dios en nuestra vida, confiando en que él sabe mejor que nosotros
qué nos conviene, en lugar de pedirle que haga lo que queremos.
• «Danos hoy el pan nuestro de cada
día»: Podemos pedir lo que necesitamos para vivir, tanto físicamente (alimento
y agua) como espiritualmente (Jesús y su Palabra viva).
• «Perdónanos el mal que hemos hecho,
así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal» (DHH):
Necesitamos arrepentirnos, buscar el perdón y perdonar a quienes nos han hecho
daño, así como Dios nos perdona a nosotros.
• «Y no nos dejes caer en
tentación, sino líbranos del mal»: Es esencial pedir protección y amparo contra
el mal presente en este mundo (Sal. 91).
• «Porque tuyo es el reino, el poder
y la gloria por todos los siglos. Amén»: Reconozcamos que todo lo que somos,
poseemos y hacemos pertenece a Dios. Solo él merece la gloria y la alabanza (1
Crón. 29: 11).
¿Deberíamos dedicar más tiempo a la oración y a
encontrarnos cada mañana con Aquel que nos ama más que nadie? ¿Qué te impide
hacerlo? Ora ahora mismo tal como Jesús nos enseñó.

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