Lección 7 | Jueves 14 de
mayo
OTRAS PREGUNTAS ACERCA DE LA ORACIÓN
¿Por qué debemos orar si Dios lo sabe todo?
Elena G. de White responde
así esa pregunta: «No es que esto sea necesario para darle a conocer a Dios lo
que somos, sino a fin de capacitarnos para aceptarlo a él. La oración no hace
descender a Dios hasta nosotros, sino que nos eleva a nosotros hacia él» (El
camino a Cristo, p. 138). En efecto, Dios conoce nuestros deseos y nuestras
necesidades, y lee todas las intenciones de nuestro corazón. Sin embargo, orar
es bueno para nosotros pues nos invita a hacer una pausa en nuestro ajetreo
cotidiano, a reconocer que Dios es soberano sobre todo y a ponernos a sus pies.
Además, Dios actúa en respuesta a nuestra petición. El Espíritu Santo intercede
por nosotros cuando no sabemos orar como deberíamos (Rom. 8: 26, 27).
¿Por qué orar cuando todo está bien?
La autosuficiencia y el
orgullo (ver la lección 3) pueden ser algunos de los mayores obstáculos para
una sólida vida de oración. Si nos diéramos cuenta de cuánto necesitamos a
Dios, acudiríamos mucho más a él. Si los ángeles perfectos lo adoran y lo reverencian,
¿cómo podemos los seres humanos pecadores pensar que lo necesitamos menos? ¿Qué
dicen Mateo 5: 6 e Isaías 44: 3 acerca de esto?
¿Cuál es el papel de la fe en la oración?
Heb 11:6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios;
porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es
galardonador de los que le buscan.
Lee Hebreos 11: 6 y reflexiona acerca de la siguiente
declaración: «La oración y la fe están íntimamente ligadas y necesitan ser
tomadas en cuenta juntas. En la oración de fe hay una ciencia divina; es una
ciencia que debe comprender todo el que quiera tener éxito en la obra de su
vida. Cristo dice: “Por eso les digo que obtendrán todo lo que pidan en
oración, si tienen fe en que van a recibirlo” (Mar. 11: 24). El Señor aclara
que “esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa
conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5: 14). Nuestras peticiones, pues,
deben estar de acuerdo con lo que Dios ha prometido, y todo lo que recibamos ha
de ser usado para cumplir con su voluntad. […] Cuando cumplimos con las
condiciones, el cumplimiento de las promesas divinas nunca falla. […] No
necesitamos buscar una evidencia palpable de la bendición» (Elena G. de White,
La educación, pp. 232, 233).
¿Con quién debo orar?
En primer lugar, deberíamos
orar a solas, solo Dios y nosotros, ya que la oración y el estudio de la Biblia
son la savia de nuestra relación con él. Dedica tiempo a escudriñar tu corazón
mientras hablas con Dios en oración y lo escuchas en su Palabra (Mat. 6: 6).
También deberíamos orar con nuestra familia o en pequeños grupos (Hech. 12:
12), porque donde hay dos o tres reunidos, allí está Dios (Mat. 18: 20). Por
último, debemos orar con nuestras comunidades eclesiales (Sant. 5: 13-16). Los
tres tipos de oración son importantes.
¿Cómo debo escuchar?
La oración es algo más que
hablar con Dios; también debemos permitirle que nos «pode» y hable a nuestra
vida. La forma más clara y segura de hacerlo es combinar la oración con el
estudio de la Biblia como parte de tu devocional personal. Evita dejar tu mente
vacía o escuchar tus propios pensamientos en lugar de escudriñar la Biblia.
¿Cuál de los puntos anteriores te parece más
desafiante?

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