Viernes 15 de mayo | Lección
7
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
«Si pensáramos y habláramos
más del Señor Jesús y menos de nosotros mismos, gozaríamos mucho más de su
presencia» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 151).
«Si nos dejamos guiar por
nuestras dudas y temores, o antes de tener fe procuramos resolver todo lo que
no veamos claramente, las perplejidades no harán sino aumentar y agudizarse.
Pero si nos acercamos a Dios, sintiéndonos desamparados y necesitados, como en
realidad estamos, y con fe humilde y confiada presentamos nuestras necesidades
ante Aquel cuyo conocimiento es infinito y que ve todas las obras de su
creación y todo lo gobierna por su voluntad y palabra, él puede y quiere
atender nuestro clamor, y hará resplandecer la luz en nuestro corazón» (El
camino a Cristo, p. 143).
«El espíritu puede elevarse
hacia el cielo en las alas de la alabanza. Dios es adorado con cánticos y
música en las mansiones celestiales, y al expresar nuestra gratitud nos
aproximamos al culto que le rinden los seres celestiales. […] Presentémonos,
pues, con gozo reverente delante de nuestro Creador, con “alegría, cantos de
alabanza y son de música” (Isa. 51: 3)» (El camino a Cristo, p. 154).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cuál de los conceptos de
las citas anteriores te parece más inspirador? ¿Cuál de ellos representa un
desafío mayor para ti?
2. ¿Qué lecciones
adicionales podemos aprender de la vida de oración de otros personajes
bíblicos? (Ver, por ejemplo, Esd. 10: 1; Neh. 1: 4-11; 1 Rey. 8: 22-54;
2 Rey. 13: 4; 19: 14-19; Jer. 32: 16-25; Jon. 4: 2, 3; Hab. 3: 1).
3. ¿Cuál es el papel del
ayuno junto con la oración?
4. ¿Hay algo que te gustaría
modificar o algo nuevo que desearías poner en práctica en tu vida de oración
como resultado de la lección de esta semana? Comienza a hacer esos cambios
ahora mismo.
RESUMEN:
La Biblia relata historias
de personas que tenían una vida de oración vibrante y sostenida, y de otras que
no la tenían. Al buscar en las páginas sagradas, siempre encontraremos a
alguien con quien podamos identificarnos, independientemente del estado de
nuestra relación con Dios. También encontraremos muchas promesas que nos
animarán y guiarán en nuestra vida devocional. El crecimiento espiritual debe
ser nuestra meta: nuestros ojos puestos en Jesús, el Ejemplo supremo en todas
las cosas y el Autor y Consumador de nuestra fe.

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