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Lección 8 | JESÚS VE NUESTRA FE | Lunes 18 de mayo

Lección 8 | Lunes 18 de mayo

JESÚS VE NUESTRA FE

Compara la fe de los discípulos, que describió Jesús en Marcos 4: 40, con la de la mujer en Mateo 15: 21 al 28.

Mar 4:40  Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

Mat 15:21  Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón.

Mat 15:22  Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.

Mat 15:23  Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.

Mat 15:24  El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Mat 15:25  Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!

Mat 15:26  Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.

Mat 15:27  Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Mat 15:28  Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

El hecho de que sigamos a Jesús no significa automáticamente que nuestra fe sea sólida. De hecho, algunas personas decían creer, pero Jesús discernió lo que realmente había en sus corazones (Juan 2: 23-25).

Lee Lucas 7: 1 al 10. ¿Qué aprendemos de este relato acerca de la fe?

Luc 7:1  Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum.

Luc 7:2  Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir.

Luc 7:3  Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.

Luc 7:4  Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto;

Luc 7:5  porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga.

Luc 7:6  Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo;

Luc 7:7  por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano.

Luc 7:8  Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

Luc 7:9  Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

Luc 7:10  Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

Leemos en Marcos 9 acerca del hombre que acudió a Jesús para que expulsara el demonio que atormentaba a su hijo, pero que solo pudo reunir la fe suficiente para decir: «¡Creo! ¡Ayuda mi poca fe!» (Mar. 9: 24).

En cada una de estas interacciones, Jesús fue consciente de la fe o de la falta de fe de las personas y realizó milagros como resultado de esa fe o para fortalecerla.

Así como el Espíritu Santo nos insta a creer, el enemigo de las almas quiere que dudemos o descartemos la intervención de Dios en nuestra vida.

«La incredulidad que se acaricia en el alma tiene un poder hechizante. Las semillas de duda que han estado sembrando producirán su fruto. Deben desarraigar cada raíz de incredulidad. Cuando estas plantas venenosas son arrancadas, dejan de crecer por falta del abono que reciben de nuestras palabras y acciones. El alma necesita que las preciosas plantas de la fe y el amor sean sembradas y entronizadas en el terreno del corazón» (Elena G. de White, Fe y obras, p. 20).

Cuando tenemos dudas acerca de Dios, de su carácter o de su Palabra, ¿qué hacemos con ellas? Dios no ignora ni elude la razón humana, pues nos creó a su imagen y nos invita a dialogar de manera racional con él, como lo hizo con Abraham, Moisés y Job. Dios nos invita a aprender a trabajar dentro de sus grandes e infinitos patrones racionales, aunque en algún momento debamos rendirnos ante lo que no comprendemos del todo.

Piensa en todas las razones lógicas que tienes para creer. Al mismo tiempo, ¿en qué momento se acaba la lógica y es necesario ejercer la fe, una fe sólida y razonable?




 

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