Martes 19 de mayo | Lección 8
LA FE NO ES UN SENTIMIENTO
Jesús dijo que una fe tan pequeña como una semilla de mostaza
es suficiente para mover montañas (Mat. 17: 20). Si alguna vez viste una de
esas semillas, sabes cuán diminuta es. Sin embargo, aun una fe tan pequeña
puede producir grandes cambios. En vista de ello, la fe es muy importante y
suficientemente poderosa como para hacer algo sobrehumano. Sin embargo, así
como una semilla de mostaza puede convertirse en un gran árbol (Mat. 13: 31,
32), nuestra fe debe crecer y no permanecer estática.
De hecho, necesitamos cierta medida de fe para iniciar una
relación con Dios (ver Rom. 12: 3).
¿Qué dice Efesios 2: 8 acerca del papel de la fe en la
salvación? ¿Por qué no es posible decir: «No tengo fe porque Dios no me la ha
dado»?
Efe 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la
fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
En primer lugar, debemos comprender que la fe no es algo
material, sino una respuesta humana impulsada por el Espíritu Santo. Dios es el
iniciador misericordioso que, a través del Espíritu Santo, nos atrae hacia él
cuando se lo permitimos (Jer. 31: 3). Somos salvos por medio de la fe, que es
una respuesta a la gracia divina manifestada en la muerte de Jesús. Somos
salvos porque creemos en Dios como resultado de su gracia. Esto se encuentra en
el centro mismo de nuestra relación con él.
Luego, debemos recordar que la fe no es un sentimiento.
«Muchos no ejercitan la fe que es su privilegio y deber ejercitar, y a menudo
esperan aquel sentimiento íntimo que solo la fe puede dar. El sentimiento de
por sí no es fe. […] A nosotros nos toca ejercitar la fe; pero el sentimiento
gozoso y sus beneficios nos son dados por Dios» (Primeros escritos, p. 103).
Algunas personas pueden creer que no tienen fe porque no se
sienten cerca de Dios o no son lo que deberían como cristianos. Pero la fe
consiste en creer y confiar en Dios no solo en los buenos momentos, sino
también en la oscuridad o en la tormenta, o incluso cuando no entendemos del
todo lo que ocurre en nuestra vida.
Los sentimientos nunca deben dominar nuestra experiencia
religiosa ni nuestra relación con Dios. Es precisamente cuando pensamos que
estamos alejados de Dios cuando necesitamos ejercitar nuestra fe e invocarlo
(como hizo el padre en Marcos 9: 24).
Lee los siguientes versículos y reclámalos como un
acto de fe para fortalecer hoy tu relación con Dios: Hebreos 12: 1, 2; 2
Crónicas 15: 7; Romanos 3: 23-26; Lucas 7: 50. Léelos en voz audible como parte
de tu oración a Dios.

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