Lección 8 | Viernes 22 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
Somos justificados (perdonados y reconciliados con Dios) por
la fe (Rom. 5: 1). También somos santificados (se nos da poder para ser
como Jesús) por la fe (Hech. 26: 18). Cuando invitamos a Jesús a nuestra vida,
también nos convertimos en hijos de Dios por la fe (Juan 1: 12). Vivimos por la
fe en el Hijo de Dios (Gál. 2: 20).
«No hay nada al parecer tan débil, y no obstante tan
invencible, como el alma que siente su insignificancia y confía por completo en
los méritos del Salvador. Mediante la oración, el estudio de su Palabra y el
creer que su presencia mora en el corazón, el más débil ser humano puede
vincularse con el Cristo vivo, quien lo tendrá de la mano y nunca lo soltará»
(Elena G. de White, El ministerio de curación, pp. 114, 115).
«Su fe debía ser fortalecida por la oración ferviente, el
ayuno y la humillación del corazón. Debían despojarse del yo y ser henchidos
del espíritu y del poder de Dios. La súplica ferviente y perseverante dirigida
a Dios con una fe que induce a confiar completamente en él y a consagrarse sin
reservas a su obra, es la única que puede prevalecer para traer a los hombres
la ayuda del Espíritu Santo en la batalla contra los principados y potestades,
los gobernadores de las tinieblas de este mundo y las huestes espirituales de
iniquidad en las regiones celestiales» (Elena G. de White, El Deseado de todas
las gentes, p. 405).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Qué cinco puntos principales se destacan en la última
cita en lo tocante a colaborar con el Espíritu Santo contra el Enemigo?
2. ¿Qué papel juega la fe en esta batalla?
3. ¿Cómo ves esto ahora mismo en tu propia vida?
4. Lee Hebreos 10: 23. ¿Por qué es importante aferrarnos a
nuestra confesión de fe?
5. ¿Con qué frecuencia consideras el hecho de que cuando te
sientes impotente tienes la oportunidad de confiar más plenamente en Jesús?
RESUMEN:
Dios da a cada persona una medida de fe como fundamento para
desarrollar una relación con él. Como Autor y Consumador de nuestra fe, Jesús
fue nuestro ejemplo acerca del poder de ella para nosotros. Si nuestra fe es
pequeña pero acudimos a él con un corazón dispuesto, Dios obrará milagros en
nuestra vida (ver Jer. 31: 2-4, 9, 11, 12). Él nos guiará por sus caminos
rectos para que no tropecemos más, y tendremos paz. Jesús es nuestro ejemplo
perfecto en todas las cosas, y tener su fe nos identificará como su pueblo en
los últimos tiempos.

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