Domingo 17 de mayo | Lección 8
¡SOLO DAME UNA SEÑAL!
Quizás hayas oído a alguien decir: «Si pudiera ver cómo se
divide el Mar Rojo, o el maná cayendo sobre la tierra, o a Jesús curando a un
ciego, creería». Tal vez tú mismo hayas tenido ese tipo de pensamientos alguna
vez.
Sin embargo, ¿podría ser más fácil para nosotros tener fe que
para quienes vivieron en los tiempos bíblicos? Los israelitas no poseían la
totalidad de la Biblia, ni tenían, como nosotros, una larga historia previa que
pudieran mirar retrospectivamente. Moisés destacó la importancia de mirar hacia
atrás para recordar la guía y la bondad de Dios (ver Deut. 4: 7-10; 8: 2, 3). A
diferencia de los israelitas, nosotros disponemos de seis mil años de historia
bíblica (ver Juan 20: 30, 31).
Cada generación quiere una señal, y la nuestra no es
diferente. No obstante, las señales están a nuestro alrededor. Si lees Mateo
24, verás cuántas señales profetizadas se han cumplido y se están cumpliendo
incluso ahora, ante nuestros propios ojos.
En la época de Jesús, la gente quería una señal de que
Jesús era realmente el Hijo de Dios a pesar de que habían sido testigos de
muchas señales de ello. ¿Cómo respondió Jesús? (Ver Mar. 8: 11, 12).
Mar 8:11 Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a
discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle.
Mar 8:12 Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué
pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta
generación.
¿Discutimos con Jesús y lo ponemos a prueba como hicieron los
fariseos? ¿Le hacemos suspirar profundamente (Mar. 8: 12) por nuestra falta de
fe, a pesar de que ya nos ha dado todo lo que necesitamos para creer?
«Estas señales no eran lo que los judíos necesitaban. Ninguna
simple evidencia externa podía beneficiarlos. Lo que necesitaban no era
ilustración intelectual, sino renovación espiritual» (Elena G. de White, El
Deseado de todas las gentes, p. 379).
¿Podría ser que nosotros también necesitáramos una renovación
espiritual, una experiencia genuina, real, momento a momento, con Dios? Quizás
en realidad no necesitemos una señal, porque tenemos mucho conocimiento a
nuestro alcance, especialmente en nuestras propias Biblias.
Por ello, en lugar de hacer que Jesús «[suspire]
profundamente» por nuestra falta de fe, recordemos las palabras que él dirigió
a Tomás: «¡Dichosos los que no vieron y creyeron!» (Juan 20: 29; ver también
Heb. 11: 1). Dios no nos pide que tengamos una fe ciega: ya nos ha dado muchas
razones para creer. Sin embargo, siempre hay lugar para la duda a pesar de
todas estas razones. La clave es centrarse en lo que consolida la fe, no en lo
que genera dudas.
¿Cómo describirías tu fe en Dios en solo sesenta
segundos? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de tu experiencia con él?

Comentarios
Publicar un comentario