Lección 9 | Jueves 28 de mayo
SABER Y HACER
En el Sermón del Monte, Jesús habla mucho de nuestra relación
con él y con los demás. Dice algo muy conmovedor hacia el final de su mensaje:
«No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino
de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos»
(Mat. 7: 21).
Jesús dice allí que algunos sabrán acerca de él sin conocerlo
realmente. El conocimiento es ciertamente importante. La Biblia dice que el
pueblo de Dios podría perecer por falta de conocimiento acerca de Dios y por
haberse negado a recibir ese conocimiento (Ose. 4: 1, 6, 10). Nunca debemos
restar importancia a la perenne verdad bíblica. Sin embargo, de nada sirve ese
conocimiento si no nos transforma ni profundiza nuestro compromiso y nuestra
experiencia personal con Dios.
«Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único
Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado» (Juan 17: 3). Jesús
afirmó que el requisito para entrar en el Cielo es hacer la voluntad de Dios y,
en última instancia, conocer a Dios, pues no podemos hacer su voluntad sin
conocerlo. Este es el factor definitorio y una expectativa muy razonable. Si tu
hijo dice que te ama y suele hacer lo que le pides, su conducta revela la
profundidad de su amor y su respeto hacia ti. De la misma manera, si amamos a
Dios, querremos hacer su voluntad pues sabemos por experiencia que es lo mejor.
Nuestra obediencia como evidencia y fruto de nuestro amor muestra la verdadera
naturaleza de nuestra relación con él.
Jesús concluyó el Sermón del Monte con un
conmovedor desafío final para sus oyentes. ¿Cuál fue? Lee Mateo 7: 24 al 29.
Mat
7:24 Cualquiera, pues, que me oye estas
palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa
sobre la roca.
Mat
7:25 Descendió lluvia, y vinieron ríos,
y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba
fundada sobre la roca.
Mat
7:26 Pero cualquiera que me oye estas
palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa
sobre la arena;
Mat
7:27 y descendió lluvia, y vinieron
ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y
fue grande su ruina.
Mat
7:28 Y cuando terminó Jesús estas
palabras, la gente se admiraba de su doctrina;
Mat
7:29 porque les enseñaba como quien
tiene autoridad, y no como los escribas.
Cuando prestamos realmente atención a los mensajes de Jesús,
no podemos evitar sentirnos interpelados. Entonces, para que ello ocurra,
nuestros oídos deben estar abiertos y nuestros corazones receptivos para que la
propuesta divina de que vivamos en estrecha relación con Dios pueda grabarse en
nuestro corazón y nuestra vida sea edificada sobre la Roca, en armonía con el
plan perfecto de Dios para nosotros.
Este modelo de relación íntima no es un secreto, ya que se
encuentra revelado en la Biblia y es ofrecido por Dios a cada persona. Es
nuestro privilegio aceptarlo por fe, reclamar la perfecta justicia de Cristo y
reflejar luego esa justicia en nuestra vida.

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