Miércoles 1.° de julio | Lección 1
«TENGO MUCHO PUEBLO EN ESTA CIUDAD»
Lee Hechos 18: 4-8. ¿Cuáles fueron los resultados de
la predicación de Pablo?
Hch 18:4 Y discutía en la sinagoga todos los días de
reposo,[a] y persuadía a judíos y a griegos.
Hch 18:5 Y cuando Silas y Timoteo vinieron de
Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra,
testificando a los judíos que Jesús era el Cristo.
Hch 18:6 Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les
dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia
cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles.
Hch 18:7 Y saliendo de allí, se fue a la casa de uno
llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga.
Hch 18:8 Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó
en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran
bautizados.
La labor de Pablo entre los judíos de Corinto no fue tan
fructífera como él hubiera deseado. Tuvo que enfrentar cierta hostilidad y
odio. La Biblia dice que «se opusieron y blasfemaron» (Hech. 18: 6). Cuando el
objeto del verbo griego blasfēmeō (“blasfemar”) es un ser humano, significa
«insultar» o «difamar». En otras palabras, pretendían manchar la reputación de
Pablo e impedir que tuviera éxito en sus esfuerzos misioneros.
Afortunadamente, la labor de Pablo en la sinagoga de Corinto
no fue en vano pues Dios estaba al mando de su misión. Él prometió: «Mi palabra
que sale de mi boca [...] no volverá a mí vacía» (Isa. 55: 11). Algunos judíos
no esperaban que Crispo, el jefe de la sinagoga, y su familia aceptaran a Jesús
como el Mesías y se bautizaran (Hech. 18: 8). No solo ellos, sino que «muchos
corintios, al oír, creyeron y fueron bautizados» (Hech. 18: 8), probablemente
también por la influencia de Crispo.
Lee Hechos 18: 9, 10. ¿Qué podemos deducir acerca de
los sentimientos de Pablo ante los desafíos que enfrentaba en Corinto? ¿Cómo
animó Dios a su siervo?
Hch 18:9 Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de
noche: No temas, sino habla, y no calles;
Hch 18:10 porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá
sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.
Cuando salió de la sinagoga, Pablo tuvo una experiencia que
lo animó. Cristo mismo se le apareció por la noche en una visión, con palabras
que recuerdan Isaías 41: 10: «No temas, que yo estoy contigo». De hecho, Pablo
admite que estaba en Corinto «con debilidad, y mucho temor y temblor» (1 Cor.
2: 3). Tuvo que partir de Berea a Atenas debido a la firme oposición
enfrentada. Parece que pensó que tendría que abandonar Corinto por la misma
razón. Pero no sería así esta vez. Jesús le dijo: «Tengo mucho pueblo en esta
ciudad» (Hech. 18: 10). Y Pablo fue su instrumento para comunicarles la buena
noticia de la salvación.
Lee Isaías 41: 10. ¿Qué maravillosas promesas se
nos hacen en este breve pasaje? ¿Cómo deberían ellas incidir en tu vida de cada
día?

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