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Lección 11 | JOB | Martes 9 de junio

Lección 11 | Martes 9 de junio

JOB

Cuando pensamos en personajes bíblicos que experimentaron reveses, Job es quizá la persona que primero viene a nuestra mente. No solo perdió todas sus posesiones (Job 1: 14-17), sino también a sus hijos (Job 1: 18, 19) y su salud (Job 2: 7). Su mujer lo instó a maldecir a Dios y morir (Job 2: 9).

Después de algún tiempo, tres amigos vinieron a visitarlo y se sentaron junto a él. Quedaron tan sorprendidos por su aspecto que permanecieron en silencio durante siete días (Job 2: 13). Cuando finalmente hablaron, intentaron explicar humanamente la desgracia de Job, pero aumentaron así involuntariamente su sufrimiento. Sus amigos lo culparon, diciendo que tenía algún pecado oculto del que debía arrepentirse (Job 8, 11, 15). Llegaron incluso a decirle: «Tal es la morada del impío, el lugar del que no conoce a Dios» (Job 18: 21).

¿Cómo respondió Job? Lee Job 19: 23 al 27; y 23: 8 al 12.

Job 19:23  ¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas!

 ¡Quién diese que se escribiesen en un libro;

Job 19:24  Que con cincel de hierro y con plomo

 Fuesen esculpidas en piedra para siempre!

Job 19:25  Yo sé que mi Redentor vive,

 Y al fin se levantará sobre el polvo;

Job 19:26  Y después de deshecha esta mi piel,

 En mi carne he de ver a Dios;

Job 19:27  Al cual veré por mí mismo,

 Y mis ojos lo verán, y no otro,

 Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.

 

Job 23:8  He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré;

 Y al occidente, y no lo percibiré;

Job 23:9  Si muestra su poder al norte, yo no lo veré;

 Al sur se esconderá, y no lo veré.

Job 23:10  Mas él conoce mi camino;

 Me probará, y saldré como oro.

Job 23:11  Mis pies han seguido sus pisadas;

 Guardé su camino, y no me aparté.

Job 23:12  Del mandamiento de sus labios nunca me separé;

 Guardé las palabras de su boca más que mi comida.

A pesar de las trágicas circunstancias en las que estaba inmerso, y que él no comprendía, Job permaneció fiel y se mantuvo firme. No culpó a Dios ni lo maldijo. Por el contrario, cuando fue tentado a culpar a Dios, declaró: «Desnudo salí del seno de mi madre y desnudo me iré. El Señor dio, y él quitó. ¡Bendito sea su nombre!» (Job 1: 21).

Nosotros vivimos en medio de esta misma batalla. Satanás nos aflige con dolor, sufrimiento, pérdidas y dificultades como parte de su plan para distorsionar la imagen que tenemos de un Dios amoroso. En esos momentos podemos responder de dos maneras: culpar a Dios y rechazarlo o aferrarnos a él con todas nuestras fuerzas. Aunque la batalla arrecia a nuestro alrededor, debemos recordar que, a la luz de la Eternidad, nuestros problemas no son más que pruebas temporales (2 Cor. 4: 16-18). Hay muchas cosas que no vemos aquí y ahora, y uno de los grandes desafíos para un creyente es confiar en Dios incluso en los momentos más oscuros. Dios nos ha revelado de muchas maneras la realidad de su amor. Debemos aferrarnos a esta verdad crucial incluso cuando no la percibamos.

Si estás pasando por un momento difícil, acude a Dios. Toma tu Biblia y un cuaderno, y encuéntrate con él en medio de la naturaleza. Copia Romanos 5: 3 al 5, y reflexiona acerca de los diferentes mensajes contenidos en ese texto, con la certeza de que el amor y el cuidado de Dios hacia ti son lo más seguro y estable de tu vida.





 

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