Miércoles 24 de junio | Lección 13
SEGUIR AL CORDERO
¿Te han preguntado alguna vez qué es lo que más anhelas de la
Eternidad? Si se lo preguntas a un niño, podría decir: «Montar un tigre»,
«Deslizarme por el cuello de una jirafa» o «Viajar a diferentes planetas». Si
se lo preguntas a un adolescente, tal vez diría: «No tener que hacer más tareas
escolares» o «Explorar el universo con mis amigos». Y, si se lo preguntaras a
un grupo de adultos, quizá responderían: «Estar en un lugar donde ya no habrá
dolor, sufrimiento ni muerte» o «Reunirme nuevamente con mis seres queridos que
murieron». Todas esas respuestas son correctas, y hay mucho que esperar en el
nuevo cielo y la nueva Tierra. La Eternidad arde en nuestros corazones pues el
ser humano tiene la convicción innata de que debe haber algo más que el aquí y el
ahora.
¿Qué otras bendiciones podemos esperar en la
Eternidad? Lee Isaías 25: 8; y Apocalipsis 7: 17 y 21: 4.
Isa 25:8 Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará
Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su
pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho.
Apo 7:17 porque el Cordero que está en medio del trono
los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida y Dios enjugará toda
lágrima de los ojos de ellos.
Apo 21:4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de
ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque
las primeras cosas pasaron.
Seguramente la mayor bendición del Cielo será ver finalmente
a Jesús y agradecerle personalmente lo que ha hecho por nosotros en esta Tierra
caída. Querremos prodigarle nuestra adoración por habernos salvado de la muerte
eterna mediante su sacrificio en la Cruz. «El Cordero que fue muerto es digno
de recibir poder y riquezas, sabiduría y fortaleza, honra, gloria y alabanza»
(Apoc. 5: 12).
Juan el Bautista presentó a Jesús como «el Cordero de Dios»
(Juan 1: 35-37). Los discípulos lo siguieron de cerca y Apocalipsis 14: 4 dice
que nosotros haremos lo mismo. Estos son «los que siguen al Cordero por
dondequiera que va» (Apoc. 14: 4). Sin embargo, para que anhelemos
seguirlo en el Cielo, debemos primero seguirlo aquí en la Tierra.
Jesús, el Cordero, es también nuestro Pastor y quien nos guía
en nuestros caminos como ningún otro puede hacerlo. Esto es muy tranquilizador
para nosotros mientras luchamos en estos tiempos difíciles, pero Jesús nunca
dejará de guiarnos, incluso en el Cielo. Apocalipsis 7: 17 dice: «El Cordero
que está en medio del trono los apacentará y los guiará a fuentes de agua
viva». Como su pueblo y sus ovejas, seguiremos a Jesús en el Cielo, deseosos de
estar siempre en su presencia. Una característica que define al pueblo de Dios
es que «su nombre estará en sus frentes» (Apoc. 22: 4). Siempre estaremos
pensando en él.

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