Domingo 19 de julio | Lección 4
DISONANCIA ENTRE LA FE
Y LA PR ÁCTICA
A lo largo de la historia cristiana, teólogos, pastores y
laicos han estudiado el Nuevo Testamento para determinar cómo debería ser la
iglesia. Nos maravillamos, por ejemplo, ante la iglesia de los Hechos. Pero
rápidamente perdemos de vista un elemento significativo: las personas tienen
problemas. El Nuevo Testamento también revela lo que la Biblia dice acerca de
cómo no debería ser una iglesia. Las Cartas de Pablo a los corintios son un
buen punto de partida.
Lee 1 Corintios 5: 1-13. ¿Qué situación
escandalosa describe Pablo en este pasaje y por qué es tan inquietante?
1Co 5:1 De
cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun
se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.
1Co 5:2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais
más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el
que cometió tal acción?
1Co 5:3 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero
presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho.
1Co 5:4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo,
reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo,
1Co 5:5 el tal sea entregado a Satanás para
destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor
Jesús.
1Co 5:6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que
un poco de levadura leuda toda la masa?
1Co 5:7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para
que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es
Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.
1Co 5:8 Así que celebremos la fiesta, no con la vieja
levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin
levadura, de sinceridad y de verdad.
1Co 5:9 Os he escrito por carta, que no os juntéis
con los fornicarios;
1Co 5:10 no absolutamente con los fornicarios de este
mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal
caso os sería necesario salir del mundo.
1Co 5:11 Más bien os escribí que no os juntéis con
ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o
maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.
1Co 5:12 Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a
los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?
1Co 5:13 Porque a los que están fuera, Dios juzgará.
Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.
La expresión «la esposa de su padre» (1 Cor. 5: 1) sugiere
que Pablo se refiere a la relación incestuosa entre un hombre y su madrastra.
Probablemente esta situación fue denunciada «por los de Cloé» (1 Cor. 1: 11).
El incesto tenía fama de ser un pecado tan terrible que «no se da ni entre los
gentiles» (1 Cor. 5: 1). ¡Y ahora estaba ocurriendo en una iglesia cristiana de
la era apostólica! Las palabras de Pablo en 1 Corintios 5: 1-2 muestran que
estaba conmocionado por la noticia de que un miembro de la iglesia estaba
cometiendo semejante pecado.
Sin embargo, esta mala situación empeora, ya que Pablo se
sorprende aún más al darse cuenta de que, en lugar de sentir pena por la
situación, los corintios estaban incluso orgullosos de sí mismos por tolerar
tal pecado (1 Cor. 5: 1-2). Por lo tanto, tiene la intención de corregir no
solo al hombre inmoral, sino también a la iglesia por su aparente disonancia
entre la fe y la práctica. De hecho, Pablo deja claro constantemente que la
actitud indulgente de la iglesia hacia el hombre incestuoso exigía una corrección.
Pero ¿estar orgullosos de tal escándalo sexual, e incluso presumir de ello (1
Cor. 5: 2, 6)? Esto era demasiado para Pablo.
No tenemos una explicación de por qué la iglesia de Corinto
era tan tolerante con aquel miembro incestuoso. ¿Quizás era un miembro rico del
que se beneficiaba la iglesia? O tal vez, como «todo es permitido» (1 Cor. 6:
12), no evaluaban su conducta como debían. Simplemente, no lo sabemos.
Cualesquiera que fueran las verdaderas razones, se volvieron
ciegos ante una violación flagrante de las Escrituras (Lev. 18: 7-8) y, además,
parecen haber estado orgullosos de ello.
¿Qué conductas claramente condenadas en las
Escrituras corremos el peligro de tolerar como iglesia en nombre del «amor» y
la «aceptación»?

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