Domingo 5 de julio | Lección 2
EL EVANGELIO DE LA CRUZ
Pablo dice que el mensaje de la cruz es poder de Dios para
nosotros. No es de extrañar que «Jesucristo, y [...] él crucificado» fuera el
centro de su predicación (1 Cor. 2: 2).
Lee 1 Corintios 1: 17-31. ¿Qué punto importante señala
Pablo aquí?
1Co 1:17 Cristo no me
ha enviado a bautizar, sino a anunciar la buena noticia de salvación, y no con
palabras de sabiduría, para que la cruz de Cristo no pierda su poder.
1Co 1:18 El mensaje de
la cruz parece una tontería para aquellos que están perdidos; pero para los que
estamos siendo salvados es el poder de Dios.
1Co 1:19 Como está
escrito: «Destruiré la sabiduría de los sabios, y confundiré el entendimiento
de los inteligentes».
1Co 1:20 ¿En qué queda
el filósofo? ¿Cómo queda el experto en la Escritura? ¿Dónde está el intelectual
que discute sobre asuntos de este mundo? Dios ha convertido en tontería la
sabiduría de este mundo.
1Co 1:21 El mundo en su
propia sabiduría, no conoció a Dios. Así que, Dios en su propia sabiduría,
prefirió salvar a los que creen por medio de la tontería del mensaje que
anunciamos.
1Co 1:22 Los judíos
buscan milagros mientras los griegos buscan sabiduría;
1Co 1:23 pero nosotros
anunciamos a Cristo crucificado. Este mensaje resulta ofensivo para los judíos
y les parece una tontería a los que no son judíos,
1Co 1:24 pero para los
que han sido llamados por Dios, judíos o no, este mensaje es poder y sabiduría
de Dios.
1Co 1:25 Pues la tontería
de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es
más fuerte que la fortaleza de los hombres.
1Co 1:26 Ahora, fíjense
hermanos: según las normas humanas, no hay entre ustedes muchos sabios, tampoco
muchos que tengan influencias, ni que pertenezcan a familias importantes. Pero
a pesar de todo, Dios los ha llamado.
1Co 1:27 Pero Dios
prefirió usar las tonterías de este mundo para avergonzar a los sabios, y
prefirió usar a los débiles de este mundo para avergonzar a los poderosos.
1Co 1:28 Dios prefirió
lo que el mundo cree que no es importante, lo que desprecia y lo que no
significa nada. Prefirió todo eso para destruir lo que el mundo cree que es
importante.
1Co 1:29 Dios hizo esto
para que nadie pueda alabarse a sí mismo delante de él.
1Co 1:30 Por medio de él,
ustedes pertenecen a Jesucristo, quien se ha convertido en la sabiduría de Dios
para nosotros. Por medio de Cristo, Dios nos aprueba, nos libra del pecado y
nos santifica.
1Co 1:31 Así que como
está escrito: «Si alguien alaba algo, que alabe lo que el Señor ha hecho».
En 1 Corintios 1: 18-31, Pablo aborda el contraste entre la
necedad humana y la sabiduría divina. La cruz tiene el poder de mostrar lo peor
del hombre y lo mejor de Dios. Esta sección de 1 Corintios es introducida con
la declaración de 1 Corintios 1: 17. Dado que la cruz de Cristo no debe ser
despojada de su poder (1 Cor. 1: 17), el mensaje de la cruz debe ocupar el
lugar central de nuestra predicación (ver también 1 Cor. 2: 2).
Pablo dice que fue enviado no para bautizar, sino para
predicar el evangelio de la cruz. Esta afirmación requiere dos observaciones
importantes. En primer lugar, el verbo griego traducido como «enviar» es
apostellō, que proviene de la misma raíz que la palabra apóstol. Por lo tanto,
la tarea apostólica fundamental de Pablo era la proclamación del evangelio.
Segundo, las palabras de Pablo acerca del bautismo no significaban que este no
fuera importante o menos importante que la predicación, sino que eran la respuesta
a los que daban mucha importancia a quienes oficiaban el bautismo en detrimento
de Jesús, en quien habían sido bautizados.
La expresión «sabiduría de palabras» (1 Cor. 1: 17) no
significa que Pablo considerara los discursos elocuentes como malos en sí
mismos, sino que la sabiduría humana no debe oscurecer el mensaje de la cruz.
Estas palabras se refieren a la retórica grecorromana. En Atenas, Pablo utilizó
la lógica, la ciencia y la filosofía, pero esto dio pocos frutos. Por lo tanto,
«resolvió evitar todas las discusiones y argumentos complicados, y no “saber”
entre los corintios, “sino a Jesucristo, y a este crucificado”» (Elena G. de
White, Los hechos de los apóstoles, p. 184).
¿Cómo pueden los discursos elaborados oscurecer el
mensaje de la cruz? ¿Por qué la proclamación de Jesucristo y de él crucificado
produjo más frutos en Corinto que la lógica, la ciencia y la filosofía en
Atenas? Sin embargo, ¿podrían esas disciplinas ser útiles en algunos casos para
proclamar el evangelio?

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