Lección 2 | Miércoles 8 de julio
UN MESÍAS CRUCIFICADO
Pablo escribió que «los judíos piden señales, y los griegos
buscan sabiduría» (1 Cor. 1: 22). La cruz, la idea de que Dios, el Mesías,
fuera crucificado, no era una señal que los judíos esperaran. Tampoco era el
tipo de sabiduría que los griegos deseaban. Iba en contra de las expectativas
de todos.
De hecho, basta con leer cómo reaccionaron los discípulos
ante la idea de que Jesús fuera crucificado (ver Mar. 8: 31-32; 9: 30-32; 10:
32-34) para empezar a comprender cuán extraña y repulsiva era esa idea,
especialmente para los judíos. Como se dijo anteriormente, estos esperaban que
el Mesías conquistara a los romanos; eso no fue lo que ocurrió, al menos no en
el sentido militar de «conquistar».
Durante siglos, la cruz ha sido para los cristianos un
símbolo de fe. A los cristianos del siglo XXI les cuesta entender cuán
descabellada era la idea de un Dios crucificado para la mentalidad del siglo I.
Sin embargo, es precisamente porque se trataba de un mensaje
tan impactante por lo que merece nuestras más profundas reflexiones. La imagen
de un Mesías crucificado deja totalmente claro a todo el universo hasta dónde
estaba dispuesto a llegar Dios para completar el plan de redención. La idea de
la cruz, y de la muerte del Señor en ella, es en sí misma sorprendente para
nosotros, los pecadores aquí en la tierra. ¡Imagina, sin embargo, lo que debió
significar para los seres sin pecado que conocían y adoraban al Señor Jesús en
el cielo!
Lee Hechos 13: 16-47 (especialmente los vers. 26, 38 y
47). ¿Qué nos enseña este pasaje sobre el significado de la cruz?
Hch 13:16 Pablo se puso
de pie y tomó la palabra: —Israelitas y también ustedes los que no son judíos y
adoran al Dios verdadero, escúchenme.
Hch 13:17 El Dios de
este pueblo de Israel eligió a nuestros antepasados, ayudó a nuestro pueblo a
salir adelante mientras vivieron en Egipto y los sacó de allí con gran poder.
Hch 13:18 Dios tuvo
paciencia con ellos durante los cuarenta años que estuvieron en el desierto.
Hch 13:19 Él destruyó
siete naciones en la tierra de Canaán y les dio a los israelitas esa tierra
como herencia.
Hch 13:20 Todo eso
sucedió en más o menos cuatrocientos cincuenta años. »Después, Dios les dio
jueces hasta el tiempo del profeta Samuel.
Hch 13:21 Entonces el
pueblo pidió un rey. Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, que era de la tribu de
Benjamín, quien fue rey por cuarenta años.
Hch 13:22 Después de
destituir a Saúl, Dios nombró rey a David, de quien dio testimonio: “David, el
hijo de Isaí, me agrada porque está dispuesto a hacer todo lo que yo le diga”.
Hch 13:23 »Dios cumplió
su promesa al enviar a Jesús, quien era descendiente de David, para ser el
Salvador.
Hch 13:24 Antes de que
Jesús viniera, Juan anunció su mensaje al pueblo de Israel. Juan les dijo que
se bautizaran para demostrar que querían cambiar su vida.
Hch 13:25 Cuando Juan
estaba terminando su trabajo, dijo: “¿Quién creen ustedes que soy? Yo no soy
él, pues él viene después de mí, y no soy digno ni de desatarle sus sandalias”.
Hch 13:26 »Hermanos,
hijos de la familia de Abraham, y ustedes que adoran al Dios verdadero,
escuchen. Este mensaje de salvación ha llegado a nosotros.
Hch 13:27 Los que viven
en Jerusalén y sus líderes no reconocieron a Jesús, y al condenarlo cumplieron
las palabras de los profetas que se leen cada sábado.
Hch 13:28 Ellos no
pudieron encontrar una razón para matar a Jesús, pero le pidieron a Pilato que
lo matara.
Hch 13:29 Cuando ya habían
cumplido todo lo que se dijo acerca de Jesús en las Escrituras, lo bajaron de
la cruz y lo pusieron en un sepulcro.
Hch 13:30 Pero Dios lo
resucitó.
Hch 13:31 Después, los
que lo habían acompañado desde Galilea hasta Jerusalén vieron a Jesús durante
muchos días. Ahora ellos son sus testigos ante el pueblo.
Hch 13:32 »Nosotros les
anunciamos la buena noticia acerca de la promesa que Dios les hizo a nuestros
antepasados.
Hch 13:33 Como
descendientes de ellos, recibimos de parte de Dios el cumplimiento de la
promesa cuando Jesús resucitó de la muerte. Como dice en el segundo Salmo: “Tú
eres mi Hijo, hoy me he convertido en tu Padre” [c]. [d]
Hch 13:34 Dios resucitó
a Jesús para que él nunca regrese a la tumba a descomponerse. Entonces Dios
dijo: “Yo les daré las promesas verdaderas y santas que le hice a David”. [e]
Hch 13:35 Por eso dice
en otro lugar: “Tú no dejarás que tu Santo se pudra en la tumba”. [f]
Hch 13:36 En vida,
David hizo lo que Dios quería. Después murió y lo enterraron con sus
antepasados. Su cuerpo se pudrió en la tumba,
Hch 13:37 pero Jesús,
al que Dios resucitó de la muerte, no se pudrió en la tumba.
Hch 13:38 Entiendan
esto, hermanos: el perdón que ustedes no pudieron alcanzar por medio de la ley
de Moisés, lo reciben por medio de Jesús.
Hch 13:39 Todo el que
tiene fe en él es aprobado por Dios.
Hch 13:40 Pero tengan
cuidado, los profetas dijeron lo que pasaría. No dejen que eso les pase a
ustedes:
Hch 13:41 “¡Escuchen,
ustedes que dudan! Asómbrense y desaparezcan. Porque en su tiempo, yo haré algo
que ustedes no creerán aun cuando alguien se lo explique”».
Hch 13:42 Mientras
Pablo y Bernabé se iban, la gente les pidió que regresaran al siguiente día de
descanso para que les continuaran enseñando.
Hch 13:43 Después de la
reunión, muchos de los judíos y muchos devotos convertidos a la religión judía
siguieron a Bernabé y a Pablo, quienes los animaban a seguir confiando en el
generoso amor de Dios.
Hch 13:44 Al siguiente
día de descanso, casi toda la gente de la ciudad vino a escuchar la palabra del
Señor.
Hch 13:45 Cuando los
judíos vieron a todos allí, se llenaron de envidia, insultaban a Pablo y se
oponían a lo que decía.
Hch 13:46 Sin embargo,
Pablo y Bernabé se atrevieron a hablar y dijeron: —Era necesario que ustedes
conocieran la palabra de Dios primero, pero la han rechazado. Ya que ustedes no
se consideran dignos de tener la vida eterna, entonces ahora iremos a los que
no son judíos.
Hch 13:47 Esto es lo
que el Señor nos ha ordenado: “Te he hecho luz de las naciones, para que hagas
llegar mi salvación a los lugares más remotos de la tierra”».
Pablo dice que Cristo lo envió a predicar el evangelio. Por
eso proclamaba el mensaje de un Mesías crucificado (1 Cor. 1: 23). Él retoma
estas ideas en 1 Corintios 2: 1-5. El apóstol fue fiel a la misión
que Cristo le encomendó. Al proclamar el evangelio, no empleó «excelencia de
palabra o de sabiduría» (1 Cor. 2: 1), sino que se centró únicamente en
«Jesucristo, y él crucificado» (1 Cor. 2: 2). Su discurso y su mensaje no
consistieron en «palabras persuasivas de humana sabiduría, sino [en]
demostración del Espíritu y de poder» (1 Cor. 2: 4), porque, de hecho, «la
sabiduría de los hombres» contrasta visiblemente con «el poder de Dios» (1 Cor.
2: 5).
Un Mesías crucificado era algo completamente
inesperado tanto para los judíos como para los griegos. ¿Qué nos dice esto
acerca del hecho de que Dios no siempre actúa de acuerdo con nuestras
expectativas? ¿Por qué es importante comprender este concepto, especialmente
cuando las cosas no resultan como esperábamos?

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