Lección 3 | Martes 14 de julio
SABIDURÍA Y MADUREZ
En general, los grupos cerrados son el resultado de una
sobrevaloración de los líderes humanos. Esto es muy peligroso para la unidad de
la iglesia y para la salud espiritual de los miembros, ya que una visión
distorsionada del ministerio cristiano puede llevar a una iglesia a dar una
importancia excesiva a ciertos líderes en detrimento de otros. La consecuencia
de tal comportamiento es una atmósfera de competencia o rivalidad que puede
dividir a la iglesia. Más aún, si tratamos a los líderes humanos como el centro
de nuestra identidad cristiana, corremos el riesgo de desplazar a Cristo de la
posición correcta en nuestras vidas.
Lee 1
Corintios 3: 1-4. ¿Cómo describe Pablo aquí la inmadurez espiritual de los
corintios?
1Co 3:1 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros
como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.
1Co 3:2 Os di a beber leche, y no vianda; porque aún
no erais capaces, ni sois capaces todavía,
1Co 3:3 porque aún sois carnales; pues habiendo entre
vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como
hombres?
1Co 3:4 Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de
Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?
Pablo deja claro que
la madurez espiritual conduce al creyente a apreciar la sabiduría de Dios (1
Cor. 2: 6-7), la cual nos es comunicada por medio del Espíritu (1 Cor. 2: 13) y
contrasta con la sabiduría de este mundo (1 Cor. 2: 6) y la sabiduría humana (1
Cor. 2: 13). La sabiduría de Dios se revela en la cruz de Cristo (1
Cor. 2: 1-4) y, más precisamente, en el sufrimiento, la muerte y la
resurrección de Cristo. Por lo tanto, antes de reanudar su exhortación a la
unidad (1 Cor. 3: 1-17), Pablo quiere que sus lectores reconozcan la necesidad
de la verdadera sabiduría y madurez en Cristo.
Los cristianos sabios y maduros son personas espirituales, no
carnales. Tampoco son como niños (1 Cor. 3: 1). Comparan las cosas espirituales
con las cosas espirituales, porque «las cosas del Espíritu de Dios [...] se han
de discernir espiritualmente» (1 Cor. 2: 13-14). Los cristianos sabios y
maduros se alimentan de comida sólida, no de leche (1 Cor. 3: 2; comparar con
Heb. 5: 12). El creyente que «se nutre de leche es inexperto en la doctrina de
la justificación, porque aún es niño. En cambio, el alimento sólido es para los
adultos, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados para
discernir el bien y el mal» (Heb. 5: 13-14). Los cristianos sabios y
maduros no dicen: «Yo soy de Pablo» o «yo soy de Apolo» (1 Cor. 3: 4),
refiriéndose a diferentes personas.
Después de todo, estas personas son, como ellos,
«colaboradores de Dios» (1 Cor. 3: 9). Nosotros, como iglesia, somos el
campo, el edificio y el templo de Dios (1 Cor. 3: 9, 16-17). Todos pertenecemos
a Dios por medio de Cristo (1 Cor. 3: 11).
¿Cuál ha sido tu experiencia al sentirte
decepcionado por alguien a quien admirabas mucho? Si has tenido esa
experiencia, ¿qué lecciones aprendiste de ella?

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