Miércoles 29 de julio | Lección 5
ADVERTENCIA CONTRA LA
IDOLATRÍA
Lee 1 Corintios 10: 5-22. ¿Por qué debemos huir
de la idolatría?
1Co 10:5 Pero de los más de ellos no se agradó Dios;
por lo cual quedaron postrados en el desierto.
1Co 10:6 Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para
nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.
1Co 10:7 Ni seáis idólatras, como algunos de ellos,
según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.
1Co 10:8 Ni forniquemos, como algunos de ellos
fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.
1Co 10:9 Ni tentemos al Señor, como también algunos de
ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.
1Co 10:10 Ni murmuréis, como algunos de ellos
murmuraron, y perecieron por el destructor.
1Co 10:11 Y estas cosas les acontecieron como ejemplo,
y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los
fines de los siglos.
1Co 10:12 Así que, el que piensa estar firme, mire que
no caiga.
1Co 10:13 No os ha sobrevenido ninguna tentación que no
sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que
podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida,
para que podáis soportar.
1Co 10:14 Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.
1Co 10:15 Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo
que digo.
1Co 10:16 La copa de bendición que bendecimos, ¿no es
la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del
cuerpo de Cristo?
1Co 10:17 Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser
muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.
1Co 10:18 Mirad a Israel según la carne; los que comen
de los sacrificios, ¿no son partícipes del altar?
1Co 10:19 ¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que
sea algo lo que se sacrifica a los ídolos?
1Co 10:20 Antes digo que lo que los gentiles
sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros
os hagáis partícipes con los demonios.
1Co 10:21 No podéis beber la copa del Señor, y la copa
de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los
demonios.
1Co 10:22 ¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más
fuertes que él?
En 1 Corintios 10: 14–22, Pablo retoma el tema de los
alimentos ofrecidos a los ídolos, lo cual puede resultar extraño en muchas
culturas actuales, pero era algo común en los tiempos bíblicos. Cuando se
sacrificaban animales a los dioses en los templos paganos, parte de la carne
era entregada a los sacerdotes oficiantes, quienes la vendían. Parte de esta
carne llegaba a los mercados públicos. Como esta carne no era separada de otras
que también se ofrecían a la venta en el mercado, un cristiano podía comprar,
sin saberlo, carne que había sido ofrecida a los ídolos. El consejo del apóstol
fue que los cristianos podían comprar libremente esa carne.
Sin embargo, aunque los cristianos podían comer en casa la
carne previamente sacrificada en un templo pagano (1 Cor. 8: 1-13), la práctica
de entrar en los templos paganos y participar en sus festivales estaba
claramente prohibida para los cristianos. El criterio es claro: los cristianos
pueden comer esa carne en casa porque los ídolos no existen (1 Cor. 8: 4), pero
no deben participar en ceremonias paganas porque esto equivale a adorar a los
demonios (1 Cor. 10: 20‑21). Participar en rituales paganos equivale a tener
comunión con los demonios (1 Cor. 10: 20), así como participar en la Cena
del Señor equivale a tener comunión con Cristo (1 Cor. 10: 16).
Por lo tanto, Pablo dice: «No pueden beber la copa del Señor
y la copa de los demonios. No pueden participar de la mesa del Señor y de la
mesa de los demonios» (1 Cor. 10: 21). Como dijo Jesús: «Ninguno puede servir a
dos señores» (Mat. 6: 24).
Pablo enseña que Dios exige lealtad incondicional. Da a
entender que la idolatría provoca «los celos del Señor» (1 Cor. 10: 22). Para
que eso no suceda, el apóstol provee, en 1 Corintios 8: 4-6, una regla
infalible contra la idolatría, aludiendo a Deuteronomio 6: 4-5: «Escucha,
Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu poder» (Deut. 6: 4-5;
énfasis añadido). A esta idea de amar a Dios por encima de todo, Jesús añadió:
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mar. 12: 31; ver también Lev. 19:
18).
Las estatuas religiosas o cúlticas no son los
únicos ídolos que existen. Casi cualquier cosa puede ser convertida en un
ídolo. ¿De qué ídolos, si los tienes, necesitas deshacerte?

Comentarios
Publicar un comentario