Lección 5 | Jueves 30 de julio
VENCIENDO LA IDOLATRÍA
Pablo sostiene, en 1 Corintios 8: 1-3, que el amor nos
protege de la idolatría. Este argumento es retomado y desarrollado en 1
Corintios 10: 23-11: 1. En 1 Corintios 8: 3, el apóstol se refiere a nuestro
amor por Dios. Y en 1 Corintios 10: 24, al amor por los demás: «Ninguno busque
su propio bien, sino el de otros».
Lee Marcos 10: 17-22 y Marcos 12: 28-31. ¿Qué
tienen en común estos dos pasajes y cómo se aplican a la situación de 1
Corintios 10?
Mar 10:18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.
Mar 10:19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.
Mar 10:20 El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.
Mar 10:21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.
Mar 10:22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
Mar 12:28 Acercándose uno de los escribas, que los
había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál
es el primer mandamiento de todos?
Mar 12:29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de
todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.
Mar 12:30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este
es el principal mandamiento.
Mar 12:31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu
prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.
Pablo hace, en 1 Corintios 10, precisamente lo que Jesús hizo
en Marcos 12: 28‑31; es decir, une los dos grandes mandamientos de la ley: el
amor a Dios por encima de todo y el amor a los demás. En la historia del joven
rico (Mar. 10: 17-22), Jesús une estos dos tipos de amor, y lo hace aludiendo
respectivamente a Deuteronomio 6: 4 (ver Mar. 10: 18) y a la segunda tabla del
Decálogo (ver Mar. 10: 19).
El problema de ese joven rico era que amaba sus posesiones
más que a Dios y a su prójimo (Mar. 10: 22). Valoraba sus tesoros terrenales
por encima de los celestiales. Valoraba su dinero por encima de los pobres
(Mar. 10: 21). Era un idólatra.
Siguiendo las enseñanzas de Jesús, Pablo sugiere que el
principio de amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a uno mismo debe
aplicarse a las situaciones hipotéticas que menciona en 1 Corintios 10: 27-28.
Esto significa que incluso las cosas lícitas pueden no ser provechosas ni
edificantes, ya que pueden ofender la conciencia de otra persona (1 Cor. 10:
23). Este principio está magistralmente sintetizado en las palabras «háganlo
todo para la gloria de Dios» (1 Cor. 10: 31). Al decir que todo debe hacerse
para la gloria de Dios, Pablo indica que la idolatría puede manifestarse de las
formas más variadas, ya que cualquier cosa que usurpe la gloria que pertenece
solo a Dios es una forma de idolatría (Isa. 42: 8).
Las palabras de Pablo en 1 Corintios 10: 31 a 11: 1 sirven
como conclusión de los capítulos 8-10. El apóstol deja claro allí que no
buscaba su propio beneficio, «sino el de muchos, para que sean salvos» (1 Cor.
10: 33). Así es como imitó a Cristo (1 Cor. 11: 1).
¿Cómo puedes aprender a amar mejor a tu prójimo
como a ti mismo?

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