Jueves 6 de agosto | Lección 6
EL DON DE PROFECÍA
El don de profecía ocupa un lugar destacado en la discusión
de Pablo acerca de los dones espirituales. Curiosamente, este don suele ser
mencionado antes que el de lenguas (1 Cor. 12: 10, 28; 13: 8), el cual aparece
primero en algunas ocasiones solo para enfatizar su importancia relativa en
comparación con el de profecía (1 Cor. 14: 4-6, 22).
Lee Efesios 4: 11-13 y 1 Corintios 14: 3-4. ¿Qué
dicen estos pasajes acerca del propósito de los dones espirituales en general y
del don de profecía en particular?
Efe 4:11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a
otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
Efe 4:12 a fin de perfeccionar a los santos para la
obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
Efe 4:13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la
fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la
estatura de la plenitud de Cristo;
1Co 14:3 Pero el que profetiza habla a los hombres
para edificación, exhortación y consolación.
1Co 14:4 El que habla en lengua extraña, a sí mismo se
edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.
El don de profecía tiene como objetivo edificar, exhortar y
consolar (1 Cor. 14: 3; comparar con Hech. 15: 32). Esto sugiere que
la profecía no se refiere tanto a predecir el futuro como a la manera apropiada
de vivir en el presente. El verbo griego profēteuō puede significar «decir algo
por adelantado» o «decir algo en nombre de otra persona». El primer sentido se
observa en Hechos 2: 29-31 (comparar con Amós 3: 7), donde la idea de que David
es un profeta se explica como la acción de «ver de antemano», o prever. El
segundo sentido se advierte en Hechos 15: 32, donde Judas y Silas son
identificados como profetas. Sin embargo, su «profecía» consistía en consolar y
confirmar «a los hermanos con abundancia de palabra».
Efesios 4: 11-13 señala que los dones espirituales no
cesarían en la era apostólica, sino que estarían presentes hasta el fin (Hech.
2: 39). Sin embargo, si alguien afirma ser profeta, debe ser evaluado según las
Escrituras. En términos generales, deben cumplirse cuatro reglas. Primero, las
profecías o predicciones anunciadas por la persona deben cumplirse (Deut. 18:
22; Jer. 28: 8-9). Segundo, el mensaje debe concordar o estar en armonía con el
de los profetas anteriores (Deut. 13: 1-3; Isa. 8: 20). Tercero, la vida o
conducta de la persona debe demostrar un compromiso con Cristo (1 Juan 4: 1-3).
Cuarto, Jesús dijo que los falsos profetas serían reconocidos por sus frutos
(Mat. 7: 15-20). Esto también se aplica a los verdaderos profetas.
El libro de Apocalipsis indica que el don de profecía es una
característica distintiva de la iglesia remanente (Apoc. 12: 17; 19: 10). Como
adventistas del séptimo día, creemos que este don fue otorgado a Elena G. de
White y que se pone de manifiesto en sus escritos.
¿Cuáles son las razones que tenemos para creer en
el don profético de Elena G. de White? ¿Qué preguntas quedan acerca de su papel
y autoridad?

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