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INTRODUCCIÓN
LA ESENCIA DE LA VIDA Y DEL TESTIMONIO CRISTIANOS
Escribir cartas es una actividad ancestral que no ha quedado obsoleta; simplemente, hemos cambiado la forma en que lo hacemos. Aunque las redes sociales han sustituido al papel, los correos electrónicos y otras formas de misivas electrónicas desempeñan básicamente la misma función: conectan a las personas mediante el intercambio de información, sentimientos y pensamientos.
¿Por qué escribimos cartas? Sin duda, porque tenemos algo que decir. Así era con el apóstol Pablo, quien ciertamente tenía mucho que decir y no siempre tenía la oportunidad de hablar personalmente con los destinatarios de sus mensajes. Por eso escribió cartas, como las dirigidas a los corintios, que contienen algunas de las verdades más profundas de las Escrituras. Entre ellas, se encuentran: «Decidí más bien, estando entre ustedes, a no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo y de este crucificado» (1 Cor. 2: 2, NVI), y «porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza» (2 Cor. 8: 9), además del impresionante himno al amor en 1 Corintios 13.
Por otro lado, quien lea las cartas de Pablo a los corintios inevitablemente se sentirá perplejo, no solo por algunos problemas sustanciales de la iglesia, como la inmoralidad sexual, sino también por las discusiones insignificantes resultantes de las divisiones existentes entre los miembros. Si crees que tu iglesia tiene problemas difíciles, prepárate para ver la avalancha de disputas con las que Pablo tuvo que lidiar en Corinto. En vista de ello, quizá los problemas de tu iglesia local no sean tan importantes como imaginas. Parece que la situación era mucho peor en Corinto.
Por inquietantes que fueran los problemas en Corinto, las cartas dirigidas a ellos captan nuestra atención, no tanto por los problemas como por la notable forma en que Pablo los afrontó. Al exhortar a los miembros de la iglesia a evaluarse a sí mismos, su comportamiento y la cultura circundante a la luz del evangelio de Jesucristo, él exalta el mensaje de la cruz. Para usar las palabras del propio Pablo en otro lugar, cualquier norma inferior al mensaje del evangelio debe considerarse «anatema» (Gál. 1: 8-9).
En la época de Pablo, Corinto era famosa por su riqueza y su fuerte comercio, todo gracias a su puerto, su arquitectura, su construcción naval y su cerámica. La ciudad era un importante centro financiero. Sin embargo, también era conocida por su inmoralidad sexual, su disonancia religiosa y sus santuarios dedicados a diversas deidades. De hecho, la vida cotidiana en Corinto estaba marcada por una flagrante idolatría. Este contexto históricocultural nos ayuda a comprender las principales preocupaciones de Pablo con respecto a los cristianos de esa ciudad y, en consecuencia, sus exhortaciones a ellos.
Este trimestre estudiaremos las Cartas de Pablo a los corintios. En estos dos notables documentos del Nuevo Testamento, el apóstol presenta el mensaje del evangelio como la esencia de la vida y del testimonio cristianos, como la lente a través de la cual se debe juzgar o evaluar todo lo demás. Independientemente de los desafíos que enfrentemos como individuos o como iglesia en nuestro derrotero rumbo al cielo, la respuesta a las cuestiones más desconcertantes en nuestra obra para Cristo es la misma que para los corintios: «Jesucristo y [...] él crucificado» (1 Cor. 2: 2).
Jesús vendrá pronto. Este es un tiempo para una mayor unidad en Cristo, para una apertura sin precedentes al Espíritu Santo, para el uso diligente de los dones espirituales y para una experiencia más profunda con nuestro Señor resucitado. Es tiempo para un ministerio cristiano genuino; para el compromiso con la mayordomía y la misión; para la guerra espiritual contra las falsas enseñanzas; y para el crecimiento en la gracia, el amor y la comunión. Este es un momento para aferrarnos y ser fieles al mensaje de la cruz. Las Cartas de Pablo a los corintios nos enseñan a hacer precisamente eso.
Adenilton Tavares de Aguiar, doctor en Teología, es profesor de Interpretación del Nuevo Testamento en el Centro Universitario Adventista de Enseñanza del Nordeste (UNIAENE), en Cachoeira, Bahía, Brasil, desde el año 2010.

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