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Lección 10 | SUFRIMIENTO Y GLORIA | Lunes 31 de agosto

Lección 10 | Lunes 31 de agosto

SUFRIMIENTO Y GLORIA

Lee 2 Corintios 4: 7-18. Haz una lista de los sufrimientos de Pablo. ¿Cómo soportó esos padecimientos?

2Co 4:7  Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,

2Co 4:8  que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;

2Co 4:9  perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;

2Co 4:10  llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.

2Co 4:11  Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.

2Co 4:12  De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.

2Co 4:13  Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé,(B) nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,

2Co 4:14  sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros.

2Co 4:15  Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios.

2Co 4:16  Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.

2Co 4:17  Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;

2Co 4:18  no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Juan Hus, el gran reformador de la antigua Bohemia, dijo una vez acerca de Jesús: «Él es el Dueño del mundo y nosotros somos viles mortales, ¡y sin embargo sufrió! ¿Por qué, entonces, no habríamos de padecer nosotros también, y más cuando sabemos que la tribulación purifica?» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 98).

El apóstol Pablo manifestó siglos antes la misma disposición a sufrir por Cristo. Sabía que no era más que un frágil vaso de barro (2 Cor. 4: 7). Se sentía constantemente oprimido, perplejo, perseguido y abatido. Sin embargo, no estaba desesperado, abandonado ni destruido (vers. 8-9). Estaba dispuesto a llevar siempre en su cuerpo «la muerte de Jesús, para que también su vida» se manifestara en él (vers. 10-11).

Con la expresión «muerte de Jesús», Pablo probablemente se refería a los sufrimientos que mencionó en los versículos anteriores. A su vez, en un sentido inmediato, las palabras «vida de Jesús» probablemente se refieran a la liberación de la muerte o al poder espiritual para la vida presente. En última instancia, se trata de una referencia a la resurrección (2 Cor. 4: 12).

Curiosamente, el binomio «muerte y vida» aparece tres veces en 2 Corintios 4: 10-12. Esto nos recuerda que, en nuestra condición presente, la vida se mezcla con la muerte. Sin embargo, en la gloria futura ya no habrá muerte (Apoc. 20: 14; 21: 4).

Lo más importante es que 2 Corintios 4: 7-18 muestra que el evangelio es predicado por medio de seres humanos frágiles a fin de que la gloria sea solo para Dios (vers. 15). No es raro que los misioneros sufran en el curso de sus labores. Sin embargo, nuestra aflicción aquí es leve y momentánea en comparación con el peso eterno de la gloria que nos espera (vers. 17). El creyente vive por fe, no por vista (2 Cor. 4: 18; 5: 7).

Esta esperanza en la vida futura cautivó tanto la mente de Pablo que sigue hablando de ella a lo largo del pasaje (2 Cor. 5: 1-10), en el que se refiere a su cuerpo mortal mediante la metáfora de una casa terrenal. Por el contrario, «el edificio celestial» de Dios es una metáfora del cuerpo resucitado (vers. 1), la gran esperanza de los creyentes de todas las épocas.

¿Por qué es tan importante que mantengamos ante nosotros la esperanza de la resurrección, nuestra resurrección, sin importar lo que estemos enfrentando (1 Cor. 15: 52)?





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