Lección 7 | Jueves 13 de agosto
FE, ESPERANZA Y AMOR
Hemos aprendido hasta aquí que el amor es paciente,
bondadoso, gozoso, tenaz, creyente, esperanzado y perseverante porque Jesús es
así. Una vez que vemos estas cualidades en Jesús, el siguiente paso es
imitarlo. Ese era el deseo de Pablo para los corintios. Sin embargo, si
eliminamos el «no» de las ocho características negativas del amor, «obtenemos
una descripción bastante clara de la conducta de los corintios dentro de su
círculo eclesiástico. Es decir, eran envidiosos, jactanciosos, arrogantes,
groseros, egoístas, irascibles y atentos a los errores ajenos. Pablo adapta los
verbos que utiliza aquí a la situación de Corinto» (Verlyn D. Verbrugge, «1
Corintios», en The Expositor’s Bible Commentary: Romans–Galatians [Grand
Rapids: Zondervan, 2008], p. 372).
Los corintios tenían mucho que aprender, al igual que
nosotros. Después de describir lo que el amor hace y lo que no hace, Pablo
concluye su sección enfatizando la naturaleza eterna del amor genuino para
estimular así su práctica.
Un día, las profecías ya no serán necesarias, hablaremos un
solo idioma, y el imperfecto entendimiento humano dará paso a un nuevo y
completo conocimiento acerca de Dios (1 Cor. 13: 12). Los dones del Espíritu
cesarán solo cuando el propósito para el que existen haya alcanzado su
cumplimiento (1 Cor. 13: 10). «Pero el amor nunca dejará de existir» (1 Cor.
13: 8).
Del mismo modo, cuando Cristo regrese, la fe dará paso a la
percepción visual de lo ahora invisible (2 Cor. 5: 7), y lo que hemos esperado
durante tanto tiempo se hará realidad (Rom. 8: 24). Y, sobre todo, el amor
perdurará entonces como emblema del carácter de nuestro Dios trino. Sin
embargo, en cierto sentido, la fe y la esperanza también durarán para siempre.
La fe como experiencia de la salvación (Rom. 4: 3) y la esperanza como deseo y
expectativa de nuevos deleites y conocimientos en la nueva tierra marcarán para
siempre la experiencia de los redimidos. Pero el amor de Dios prevalecerá
eternamente.
Muy pronto veremos a nuestro Señor cara a cara (1 Cor. 13:
12). Hasta que ese día llegue, nuestras vidas deben estar definidas por estas
tres virtudes: fe, esperanza y amor. Esta tríada es representativa de la
plenitud de la vida cristiana por medio del Espíritu, razón por la cual era
mencionada a menudo entre los cristianos (Rom. 5: 1-5; Gál. 5: 5-6; Efe. 1: 15,
18; 4: 1-5). Sin embargo, el amor es la mayor de todas, ya que es la única
virtud utilizada para describir la naturaleza misma de Dios (1 Juan 4: 8).
Reflexionemos acerca de la afirmación «Dios es
amor». ¿Qué significa exactamente? Y, aunque solo podamos comprender
parcialmente la idea, ¿por qué esa afirmación es una buena noticia para
nosotros?

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